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26 Internacional LUNES 21 3 2005 ABC Primeros muertos en las protestas de la oposición de Kirguistán b Más de 10.000 personas se congregaron en el centro de JalalAbad para exigir la liberación de los opositores detenidos y asaltaron la Comisaría RAFAEL M. MAÑUECO CORRESPONSAL MOSCÚ. La república ex soviética de Kirguistán podría ser escenario de una nueva revolución de color, aunque puede que con tintes algo más violentos que las que tuvieron lugar en Georgia (Revolución de las Rosas) y Ucrania (Revolución Naranja) Después de varias semanas de protesta de la oposición, que considera que los resultados de las recientes elecciones legislativas fueron amañados por el poder, las fuerzas del orden decidieron ayer pasar a la acción y practicar las primeras detenciones. La reacción de la calle no se hizo esperar. Más de 10.000 personas se congregaron en el centro de la localidad kirguisa de Jalal- Abad, en el sur del país, para exigir la puesta en libertad de los detenidos. La comisaría en donde estaban confinados los opositores fue asaltada y quemada, tras liberar a todas las personas allí retenidas. Los agentes del orden efectuaron varios disparos, según ellos, al aire para intimidar a la multitud. La oposición, sin embargo, aseguró que se abrió fuego a bocajarro contra los asaltantes y que había varios muertos. El Ministerio de Interior kirguís admitió que hubo unas diez víctimas mortales, pero declaró no saber si eran policías o manifestantes. Un soldado hacía guardia el miércoles junto a la verja, decorada con fotos de Hariri, de los ex servicios secretos sirios en Beirut AP LA INCOHERENCIA EN LA POLÍTICA JEAN- FRANÇOIS REVEL D Dimisión de Akáyev Los disturbios estallaron ayer por la mañana, después de que la Policía kirguisa desalojase por la fuerza las sedes de las administraciones locales de Jalal- Abad y Osh, la segunda ciudad más importante de Kirguistán después de Bishkek, la capital. Esos dos edificios, igual que otras sedes oficiales en muchas localidades, se encontraban ocupados por militantes de la oposición que exigen la anulación del resultado de los comicios y la dimisión del presidente kirguís, Askar Akáyev. Durante la operación de desalojo, las fuerzas del orden detuvieron a más de 200 personas. La primera vuelta de las legislativas kirguisas se celebró el pasado 27 de febrero y la segunda ronda el 13 de marzo. Para ocupar los 75 escaños de la Cámara Legislativa se presentaron 400 candidatos, pero el 90 por ciento fueron a parar a manos de los dos partidos oficialistas Adilet (Justicia) y Alga (Adelante) La oposición ha denunciado irregularidades, tanto durante la votación como en el escrutinio, y pide la repetición de las elecciones. esde que, en la Antigüedad grecorromana, nació aquello que denominamos, sin duda de forma abusiva, como ciencia política, le otorgamos de buen grado una racionalidad que está lejos de haber adquirido. En efecto, el uso de la violencia no ha disminuido. Hace todavía muy poco, la guerra de Irak, la represión rusa en Chechenia, los incesantes conflictos- -la mayoría de las veces guerras civiles- -que ensangrientan el África subsahariana, son tan sólo algunos ejemplos del triunfo de la fuerza sobre la negociación. Los asesinatos individuales, más expeditivos que las elecciones para librarse de un rival o de un adversario, han vuelto a ser habituales. El ex primer ministro libanés Rafik Hariri y el jefe de los independentistas chechenos Aslán Masjádov figuran entre las últimas víctimas de este resurgimiento del crimen político. Las masacres colectivas también proliferan y provocan centenares de muertos. El 10 de marzo pasado, en Mosul, ciudad suní, un kamikaze chií mató a cerca de 50 personas que se habían reunido para asistir a su funeral. Oriente Próximo no tiene desde luego la exclusividad de este rebrote de la violencia ni del uso de las armas como instrumento diplomático. En Venezuela, el demagogo populista Hugo Chávez, tras haber ahogado la democracia en uno de los países de Latinoamérica donde mejor funcionaba, el suyo, trata de colocar bajo su autoridad a los países vecinos; su principal objetivo es, claro está, Colombia, fronteriza con Venezuela. Chávez utiliza los petrodólares, que recibe en abundancia, no para mejorar el bienestar de su pueblo, sino para comprar armas, y busca un enfrentamiento con Colombia para así derrocar al régimen de Álvaro Uribe, según él oligárquico y proestadounidense Proyecta, finalmente, anexionarse el territorio colombiano. Lo más lamentable es que las grandes democracias europeas contemplan con cierta simpatía a Chávez y a otros dictadores de su misma calaña. Ven en ellos a unos dirigentes del Tercer Mundo que completan su independencia. Pero Latinoamérica es independiente desde hace tiempo y el único objetivo de Chávez es colonizar los Estados a su alcance: Colombia, Ecuador y Perú. Dada la indulgencia e incluso la adhesión internacional de que disfruta, uno no puede evitar ver en su estrategia invasora una ilustración de la vuelta de la violencia a la política contemporánea, y de una violencia aceptada. La mayoría de las veces, las verdaderas democracias, sobre todo las europeas, entre las cuales figura la mayoría de las grandes potencias, asisten pasivas a las fechorías de las dictaduras establecidas o en vías de establecerse. Lo hemos comprobado con la guerra de Irak y, más tarde, con el regreso a La mayoría de las veces, las verdaderas democracias asisten pasivas a las fechorías de dictaduras establecidas o en vías de establecerse Líbano de su ex primer ministro Rafik Hariri y su asesinato, probablemente perpetrado o inspirado por Siria. Había que sancionar a Damasco y obligar a las tropas sirias a evacuar Líbano. Ante estas situaciones, que deberían reclamar de forma tan imperativa como rápida decisión y acción, Europa se transforma de forma instantánea en un ectoplasma. Si menciona el problema, es para culpar a Estados Unidos o para pelearse dentro de la propia Unión, y rara vez para actuar de forma concertada. Sin embargo, las naciones contemporáneas deberían tener mayor capacidad para reprimir la violencia puesto que piensan cada vez más en asociarse entre sí, en constituir organizaciones que multiplican su poder y que son la verdadera fuente de la política internacional: la Sociedad de Naciones antaño, Naciones Unidas ahora, la Unión Europea, la Organización Mundial del Comercio y otras muchas. Pero no se sabe si estos grandes conglomerados incrementan o reducen la eficacia internacional de los países que los componen. Asimismo, la irracionalidad política se convierte fácilmente en una irracionalidad cultural. Lo hemos comprobado con la controversia sobre el velo en Francia, pero no somos los únicos en vivir este choque entre culturas o, más bien, este choque entre la cultura islámica y la cultura laica europea. En este siglo en el que nos creemos racionales, todos éstos son síntomas modernos de la vieja enfermedad de la falta de lógica en la política. Pero la paradoja es que, en la era de los coloquios internacionales y de las conferencias planetarias que tienen como objetivo solucionar las desavenencias a través de negociaciones y compromisos pacíficos, la humanidad vuelve a caer con tanta asiduidad en el recurso a la violencia. Ésta es, sin duda, la principal incoherencia de la política en nuestra época.