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ABC LUNES 21 3 2005 Opinión 5 La vida intermitente En una carrera contrarreloj, el Congreso estadounidense y George Bush, cuya firma es necesaria para cursar la nueva ley, salen en auxilio de Terri Schiavo, enferma que vegeta desde hace quince años y a la que, a instancias de su esposo, la Justicia de Florida permitó retirar la sonda que la alimentaba. Poliédrico drama- -sanitario, ético y legal- -en una vida que se apaga de forma intermitente. Más palabras En medio de la polémica generada tras la publicación en ABC de la conversación en la que un etarra y una representante de Batasuna revelaban la existencia de negociaciones entre el PSOE y el entramado etarra, Zapatero aseguró ayer en Durango que, para participar en la vida pública, Batasuna sólo tiene que pronunciar tres palabras: condenamos el terrorismo Las aspiraciones del PSOE para desplazar al PNV del Gobierno vasco son legítimas, y también sus ejercicios de tactismo, pero quizá no baste con tres palabras para aproximarse a quienes dinamitan la convivencia en España. Balance de gestión En una entrevista que publicamos en páginas de Nacional, Ángel Acebes denuncia la ruptura del espíritu de concordia de la Transición por parte del Gobierno socialista. El secretario general del PP hace balance del año transcurrido desde el 14- M a través de un análisis tan riguroso como demoledor, crónica de doce meses que firma una de las voces más afinadas del PP. AP Desde la ventana. Fieles de todo el mundo celebraron ayer la festividad del Domingo de Ramos, jornada que abre la Semana Santa y que, en España, sirvió para que las primeras cofradías hicieran estación de penitencia. En la plaza de San Pedro, la misa fue celebrada por el cardenal Camillo Ruini, vicario general de Roma, ante miles de peregrinos que durante toda la mañana esperaron a que la ventana del apartamento que ocupa Juan Pablo II, aún convaleciente de su reciente intervención quirúrgica, se abriera para que el Papa diera su bendición. Fue al final de la ceremonia cuando Karol Wojtila apareció, con una rama de olivo en la mano, y visiblemente irritado por su incapacidad para dirigirse a la muchedumbre. LA FUERZA DEL CARÁCTER J. FÉLIX MACHUCA O deja de ser asombroso el nivel de autoexigencia de este hombre de ochenta y cuatro años que le pide a la vida lo que la vida no puede ya concederle y, en cambio, él parece nada dispuesto a resignarse. Una y otra vez, como un terco atleta, va superando los obstáculos más desalentadores dibujando, en sus días más difíciles, la fuerza de su carácter. Ayer, Domingo de Ramos, nos avanzó una nueva entrega de su pola- N ca resistencia a lo improrrogable. Ante más de cincuenta mil espectadores que lo aclamaban admirados por el ejemplo de su indomable voluntad, Juan Pablo II los bendijo desde un balcón del Vaticano y con vibrante gesto transmitió la paz y el bien agitando una vara de olivo. Por vez primera en sus 26 años de pontificado, Juan Pablo II no pudo presidir la misa del Domingo de Ramos. Pero estuvo con los suyos en jornada tan señala- da sin importarle lo más mínimo las duras resacas de sus males. Impartió la bendición y derramó la gracia del árbol de la salud, la paz y la sabiduría por entre sus incondicionales seguidores, que, en día como el de ayer, pudieron ver en los padecimientos continuos del Pontífice la cruz que la vida suele colocarnos sobre los hombros. No obstante tanta fortaleza moral sobre los padecimientos físicos, Juan Pablo II nos reveló, en el breve pasaje de su aparición vaticana, que el hombre va por dentro de su procesión más visible. Fue un gesto. Sólo un gesto. Juan Pablo golpeó con su mano el atril que lo acompañaba y, a partir de ahí, se multiplicaron las interpretaciones. ¿Era un gesto de rabia o de impotencia? ¿La ira dominando al Papa? ¿La frustración de no poder responder como el quisiera a los suyos? Uno lo vio tan profundamente humano que, más que nunca, me pareció ese hombre indomable, rocoso y terco capaz de enfrentarse no sólo a los nazis o a los comunistas que amenazaron su juventud, sino al mismo peso de la vida que, como una cruz penitencial de Domingo de Ramos, sobrelleva con mayor o menor resignación. Es humano. Tan profundamente humano que parece, en el último tramo del trayecto, tocado por la mano de... la fuerza de su carácter.