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4 Opinión LUNES 21 3 2005 ABC Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Alberto Aguirre de Cárcer (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA PRESIDENTE DE HONOR: DIRECTOR: Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: Héctor Casado Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil IGNACIO CAMACHO PUJOL Y EL LABERINTO CATALÁN EL HONOR Y LA IMAGEN N un sistema político basado, entre otros, en el derecho a emitir y recibir información veraz, no existe un antídoto absoluto para el conflicto entre los medios de comunicación y el derecho al honor, la imagen y la intimidad de las personas. Las fronteras no son precisas y cambian en cada caso. Por eso es tan complejo elaborar una norma al respecto. Ahora bien, cuestión distinta es que la imposibilidad de alcanzar ese estado perfecto de armonía entre ambos derechos dé paso a una práctica informativa carente de límites, que fuerce a una continua judicialización de la labor de los medios. Además, la doctrina liberal del derecho a la información se ha construido en directa relación con el principio democrático, es decir, el control del poder político por la opinión pública a través de los medios de comunicación. Por eso, al tratar este conflicto entre ambos derechos constitucionales, sería una buena premisa distinguir el contenido de las actividades informativas, la condición de los sujetos y el interés general que esté en juego. No es más que aplicar la doctrina del Tribunal Constitucional sobre la ponderación de intereses para determinar cuál ha de prevalecer, porque la Constitución no fue pensada para amparar el vulgar chismorreo, sino la información veraz sobre asuntos públicos. Empieza a constatarse un cambio de actitud social en relación con los excesos informativos que a veces se cometen con los supuestos famosos de la prensa del corazón. La rebelión de algunos de ellos ha llegado a los Tribunales de Justicia, también al Constitucional, con resultados que indican un criterio más proteccionista de los jueces hacia la imagen y la intimidad personal y familiar frente a intromisiones inadmisibles, algunas de ellas en el propio hogar. Recientemente, un juzgado ha prohibido cautelarmente a dos televisiones privadas la emisión de determinadas imágenes concernientes a un conocido torero. La decisión es provisional, pero, por eso mismo, por su excepcionalidad- -pues aún no se ha dictado sentencia- -tiene un valor añadido, indicativo de una tendencia judicial correctora de abusos informativos, que, por otro lado, son notorios, alcanzando, por desgracia, a menores. En este juego entre la fama y la información, puede decirse, en general, que nadie es totalmente culpable ni inocente, y que algunos de los que ahora denuncian a los periodistas que les acosan empezaron el problema subastando infidelidades, amoríos, nacimientos y demás episodios en cotización. Aun así, ninguna persona, sea o no famosa, pierde el control- -ni se le debe privar de él- -sobre su imagen e intimidad y muchos conflictos se evitarían si se respetara su voluntad de no ser noticia más allá de lo que el interés general demande. L A visita de Jordi Pujol a Madrid, a mediados de la semana pasada, para recibir de manos de Felipe González el premio a la concordia que otorga la Fundación Abril Martorel, y su presencia en el homenaje a Santiago Carrillo encierran tal vez un significado político que va más allá del recuerdo de los viejos tiempos. A nadie se oculta que Maragall ha sufrido un grave deterioro a consecuencia de la crisis del Carmelo. Tanto la referencia al 3 por ciento como la torpeza dialéctica en las jornadas posteriores (la alusión al chapapote, a las mujeres maltratadas y al souflé catalán) han provocado una manifiesta pérdida de influencia del presidente de la Generalitat sobre el rumbo de la política territorial del Gobierno socialista. El arreglo ficticio escenificado durante la moción de censura promovida por el PP permite a todos ganar tiempo y evitar por ahora que la baraja se rompa, pero ningún analista serio admite que la crisis esté ya resuelta sin dejar secuelas: los ciudadanos han tomado buena nota del papel jugado por unos y por otros y un apaño tan evidente no permite a CiU y al PSC dar por cerrado el asunto ante la opinión pública. Sería preocupante para la salud democrática de Cataluña que se aceptara con naturalidad un pacto de silencio en nombre de una supuesta coalición sagrada contra un enemigo exterior más imaginario que real. Jordi Pujol ha mantenido desde su salida del poder un perfil discreto, pero conserva lógicamente la influencia derivada de su protagonismo durante muchos años. La advertencia que lanzó a unos y a otros en plena crisis, bajo la expresiva fórmula de no seáis burros encerraba un notable valor político bajo una dialéctica- -esta vez- -nada refinada. Dice ahora que lanzar acusaciones graves puede destruir a un país y que él nunca se apuntó a campañas contra personas, instituciones y partidos. Admi- te que Cataluña no pasa por su mejor momento y que es peligroso destrozar la legitimidad de una clase política. Puede ser algo más que una simple reflexión teórica. Apunta quizás a confirmar la impresión generalizada de que Maragall, que aplica una política nacionalista con votos de un electorado no nacionalista, se ha convertido en un obstáculo para su propio partido y para un posible entendimiento entre socialistas y convergentes. La aproximación interesa a unos y a otros. Es notorio que el PSOE está cada vez más incómodo ante las reivindicaciones de ERC: las conversaciones para profundizar el apoyo parlamentario chocan con un nivel de exigencia que va más allá del coste que Zapatero puede admitir, incluso dentro de su propio partido. A su vez, CiU padece el síndrome que acompaña por naturaleza a la pérdida del poder y necesita un impulso que enderece su rumbo político, todavía errático. Puesto que Esquerra no puede renunciar por definición a ese objetivo, el PSC conseguiría también vincular a la coalición encabezada por Mas y por Durán, que como informamos hoy atraviesa una situación delicada, a una apuesta decidida por el nuevo Estatuto, visto ahora mismo con recelo en ciertos sectores del catalanismo no tanto por su contenido, poco definido por el momento, cuanto porque se trataría de un éxito ante Madrid de sus adversarios socialistas, con el consiguiente rédito electoral. Compleja situación, en definitiva, en la que Maragall juega ahora a la contra: de inspirador directo de la política territorial de Zapatero ha pasado a situarse en tierra de nadie. ¿Es ahora el presidente catalán un estorbo? ¿Ejerce Pujol de mensajero de nuevas propuestas? Tal vez la legislatura del Parlament no se fue a hacer puñetas como dijo Artur Mas, pero la figura del presidente de la Generalitat se ha empequeñecido notablemente en el tablero político de Cataluña y del conjunto de España. E CONFIANZA PALESTINA pesar de las incertidumbres, el proceso de paz entre Israel y Palestina va cobrando forma. El control político asumido por los palestinos sobre Tucaren es un nuevo paso. Es cierto que la situación sigue siendo frágil y está pendiente de infinidad de factores. Con todo, los avances se producen de manera casi inexorable gracias a la voluntad de las partes y a la presión ejercida por unos EE. UU. decididos a poner fin a un conflicto que compromete la seguridad del Oriente Próximo. El cambio de estilo iniciado por la nueva secretaria de Estado, Condoleezza Rice, ha supuesto un revulsivo determinante. Consciente de la repercusión que tiene el conflicto israelo- palestino sobre el conjunto de la arquitectura política de la región, la nueva Administración Bush ha establecido una estrecha conexión entre la viabilidad de su diseño estratégico y el establecimientode un Estado palestino capaz de convivirpací- A ficamente con Israel. El Oriente Próximo dejará de ser la fuente de inestabilidad internacional que viene siendo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial anuestros días cuando lospalestinos logren una solución justa a sus reivindicaciones como pueblo. En este sentido, el protagonismo del nuevo líder palestino Mahmud Abbas está siendo tan decisivo como el nuevo rumbo de la diplomacia norteamericana. Su moderación y su sentido de la responsabilidad están acreditandoante la comunidad internacional que Palestina tiene ante sí la oportunidad esperada: el liderazgoque conduzca a los palestinos hacia el establecimiento de un Estado viable institucionalmente; un modeloque demuestre que la democracia no subordina su operatividad a etiquetas regionales, étnicas, religiosas o culturales, sino a la vocación y la voluntad de un pueblo de querer ser libre y responsable de su destino.