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ABC DOMINGO 20 3 2005 67 Toros FERIA DE FALLAS Enrique Ponce o la maestría con o sin toro Plaza de toros de Valencia. Sábado, 19 de marzo de 2005. Octava corrida. Lleno de no hay billetes Toros de Juan Pedro Domecq, mal presentados, sin trapío y paupérrimos de cara; sólo 1 y 2 destacaron por calidades, no por fuerza ni poder; del resto no rompió ninguno, aunque el 5 se dejó. Enrique Ponce, de grana y oro. Estocada pasada y atravesada (oreja) En el cuarto, aviso y estocada (oreja) Salió a hombros. José María Manzanares hijo, de azul turquesa y oro. Estocada (saludos) En el quinto, bajonazo (saludos) Juan Ávila, de rioja y oro. Dos pinchazos y estocada caída (saludos) En el sexto, media atravesada. Aviso (palmas de despedida) ZABALA DE LA SERNA VALENCIA. La maestría de Enrique Ponce se hace patente con o sin toro. El invento del quinto- -había que inventarse la faena y al juampedro, que ni por presencia ni por esencia valía nada- -sólo puede corresponder a un torero de su sabiduría para entender tan parcas y mansurronas embestidas, para comprender los terrenos y las alturas. Y así se obró el milagro de la trigésima segunda puerta grande de Ponce en su Valencia del alma, cuando cambió diametralmente la brújula y desde los medios se metió hacia las rayas de picar y luego hacia adentro, cerca de la bocana de toriles. Allí, a pies juntos, muy de frente, con suma estética, sobre ambas manos, aprovechó las querencias y los escasos viajes a media altura, para recrearse en la traca final de circulares redondos y completos. La contundencia de la estocada lo izó a hombros con todas las de la ley, después de apurar los tiempos del aviso para conseguir meterlo en la muleta. Con esta misma franqueza, hay que exigirle a Enrique Ponce que en el día Enrique Ponce logró su trigésima segunda puerta grande en Valencia grande de Fallas no cabe otra que presentarse con una corrida de mucho mayor trapío, máxime cuando el nivel medio de la feria ha sido destacado y subrayado por todos. No valen excusas para traer tan terciados y chicos enemigos. A mí, por lo menos, no me valen. Ponce puede ser maestro sin toro, pero cuando cobra su verdadera dimensión es con el toro íntegro, el que corresponde a esta plaza. Suele ocurrir que por ser San José se admitan corriditas como la de ayer, como si la fecha contase con bula administrativa. Y a buen entendedor, pocas palabras. El insignificante segundo, el primero de su lote, embestía suave, cogido por alfileres, sin apenas fuerza para mantener un recorrido más largo que el anteriormente narrado. Hubo más calidad por el pitón derecho que por el izquierdo, y E. P. desarrolló su faena sobre la poderosa mano que lo ha elevado al estrellato y que ayer repartía cuidados, mimos y temple. Dos molinetes consecutivos prendieron la mecha que corrió como la EDUARDO MANZANA pólvora en los circulares y en los albores toreros, con un par de cambios de mano para el recuerdo. La certeza de su acero descerrajó medio portón, que hubiese sido entero si el presidente no se mantiene firme en una postura cuerda ante la algarabía festivalera y josefina. El bautismo A veces convendría investigar el bautismo de los toros. Ponerle al tercero de nombre Nefasto es iniciar con mal pie su vida, porque a fe que lo fue. Sin ritmo, con la cabeza alta, sin emplearse, basto en sus desplazamientos, impidió que José María Manzanares hijo trazase un planteamiento lucido, si es que en las faenas del hijo del maestro existen los planteamientos. Lo mejor, la estocada, sin duda. El quinto fue un toro medio, noblote, sin excelencias pero sin maldad ninguna. Lo de Manzanares se resumió en un constante volver a empezar. Cada pase era como si principiase una nueva serie. Surgía uno muy largo y enseguida le perdía pasos y le retiraba la muleta de la cara. A lo sumo hilvanaría dos, y así es imposible conectar con los públicos, sin un mínimo de exposición, sin ni siquiera un me voy a quedar en el sitio una vez a ver qué pasa. No pasó nada con Juan Ávila. El toro de la alternativa, por dulce, meloso y semiinválido, resultó facilón. A Ávila tal vez le vaya más la potencia de la casta para agarrarse al piso con su valor sin exquisiteces. No lo mató y se olvidaron derechazos entusiastas y ligados. Perdió cualquier opción de triunfo, porque el sexto, que embestía a topetazos, no le dio oportunidad más que para demostrar su tesón en una larga cambiada y verónicas vibrantes y la evidente precipitación de su doctorado. Oreja para Galán en la matinal de rejones Sergio Galán cortó la única oreja en la corrida matinal de rejones que se celebró ayer en Valencia. Con lleno en los tendidos (como se aprecia en la imagen) se lidiaron toros de Sánchez Cobaleda, sosos, tardos y distraídos, según informa Efe. Este fue el balance de los rejoneadores: Joao Moura, pinchazo y rejón (silencio) Leonardo Hernández, rejón (vuelta tras petición) Fermín Bohórquez, rejón y cuatro descabellos (silencio) Sergio Galán, rejón (oreja) Diego Ventura, rejón (vuelta tras fuerte petición y con abucheo al palco por denegar el trofeo) y Moura Caetano, rejón ladeado (silencio) EFE