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28 Internacional DOMINGO 20 3 2005 ABC Se cumplen 60 años del legendario paso del Rín que aceleró la victoria sobre el nazismo cuando en esta colonia romana un puñado de hombres cruzó bajo intenso fuego y a sabiendas de que los alemanes lo volarían El puente de la liberación de Europa TEXTO: RAMIRO VILLAPADIERNA, CORRESPONSAL FOTO: ABC REMAGEN (ALEMANIA) Fúnebre se alarga aún el invierno del 45 sobre el Rín y toda la mañana pasan nuestros soldados en retirada bajo el fuego. De repente, los americanos han dejado de bombardear. Ahora todo está en silencio Eran las 16: 00 del 7 de marzo de 1945 en Remagen, el último puente en pie sobre el Rín, y una refugiada escribe en su diario alternando anotaciones sobre las muertes de sus hijos en derredor. En ese silencio y soledad del soldado de choque, en la hora de los héroes, el teniente Karl H. Timmermann decidió avanzar sobre los 325 metros del puente; al otro lado, el desasistido tirador Heinz de 16 años, determinó que no valdría la pena serlo por una causa perdida Horas antes, el general americano William Hoge había cambiado de plan: Remagen en vez de Bonn- -como creían los alemanes- -y sobre todo: tomar el puente en vez de hundirlo. Del lado alemán, un inadvertido capitán retrasaba la voladura para permitir el máximo de retirada de tropas y refugiados. Ciertamente hay individuos y no sólo pueblos que escriben la historia y, en esta colonia romana con zepas de 2.000 años como testigo, se escribió un paso decisivo hacia la liberación de Europa cuando un puñado de hombres cruzó bajo intenso fuego y a sabiendas de que los alemanes volarían el puente: Así lo intentaron por dos veces, con una explosión fallida y otra sólo parcial, gracias a la pobreza del explosivo y al frenético corte de cables por los soldados durante el avance. El encrespado terreno al otro lado, en Erpel, lo habría hecho el más inapropiado punto para cruzar, pero en la segunda semana de marzo del 45 el Ludendorff Brücke era el único puente intacto sobre el Rín y un cúmulo de circunstancias proveyeron al desenlace, conviene en su libro Ken Hechler, el historiador que acompañaba a las tropas americanas. El teniente Timmermann, compañía A, 27 batallón, 9 División de Infantería Acorazada, curiosamente nacido en Fráncfort tras la I Guerra Mundial, fue el primer aliado que pisó la orilla Este del Rín y es un mito de la historiografía bélica; el desertor alemán de la batería antiaérea, llegaría luego a ministro democristiano del estado federado de Renania- Palatinado. A sus 76 años y después de 44 en política, hoy preside la asociación Germano- Albanesa. En la formidable operación sobre el Rín, a seguido de Alsacia, los cuatro ejércitos USA en centroeuropa habían visto saltar uno tras otro, ante sus ojos, todos los puentes de la legendaria defensa natural de la marca germánica. Aún así preparaban una operación El puente de Remagen sobre el Rín, tal y como se encuentra en la actualidad La acción Hamm mund sel We sen Dort s E urg A Duisb eldorf E M A N I A Puente de DA LAN AL Duss HO Remagen B lonia Co nn Bo burg agen Lim Rem z C n furt Koble grán Frank Aquis A IC BÉLG th Avance de St. Vi s Worm las tropas D D A. -Primera División Canadiense y Segunda Británica burgo Luxem B. -Novena División EE. UU. C. -Novena División EE. UU. D. -Tercera División EE. UU. Rí o Rí Zona Ampliada Infografía ABC masiva para cruzar en Wesel, al norte del industrial Ruhr. Pero aquel 7 de marzo, una acelerada marcha de noche había acercado a una unidad de choque de la 9 División más de lo que creían y, de repente, al rodear con el carro la iglesia de St. Apollinaris, allí abajo estaba el Rín con su majestuoso puente recuerda el tanquista Windsor Miller que vió desde la torreta de su Sherman la bella construcción me- tálica levantada ya en 1912 pensando en atacar Francia. El puente, cuya toma según Churchill valdría su peso en oro, iba acelerar el fin de la guerra: En las primeras horas de la noche, sólo el carro de Miller y otros cuatro, con los pocos hombres de Timmermann, constituían la cabeza de puente aliada al Este del Rín. A ese lado, en el túnel del ferrocarril, miles de refugiados con la propia escritora del citado diario, Ma- ría Feldens, contaban sus horas, entre desertores y fanáticos renegados que asaeteaban aquella frágil posición americana. Pero esa noche pasó toda la 9 División, para ira de Hitler que hizo fusilar a cuatro oficiales como atestiguan las frenéticas notas de Goebbels en su diario; en 24 horas eran 18 batallones y, en los días siguientes, siete divisiones completas ampliaban la cabeza de puente. Timmermann y los suyos habían dejado un cartel para los siguientes: Cruza el Rín con los pies secos, por cortesía de la 9 Durante una semana Luftwaffe y Wehrmacht intentaron aún bombardear o demoler el puente. Reactores Arado y bombarderos Messerschmidt se lanzaron contra él y hasta un cohete V 2- -el único lanzado nunca contra objetivos alemanes- -lo alcanzó; todavía el 17 de marzo, hombres- rana intentaron demolerlo pero llegaron poco después de que se desplomara, víctima de la fatiga del material tras los bombardeos. Para entonces, y gracias a la cabeza de puente, el I Ejército había construído tres pontones, los más largos hasta la fecha. El desbarajuste en las filas alemanas, vencida aquella barrera natural, permitió a estadounidenses y británicos establecer cuatro pasos más. El día 22, el III Ejército cruzó por sorpresa al sur de Maguncia y, de seguido, por Boppard y St. Goar. Wesel, la mayor de las operaciones, requirió lanzar dos divisiones paracaidistas, americana y británica, en la retaguardia alemana. Al terminar marzo, los cuatro ejércitos USA estaban al Este del Rín y, mientras el I y el IX rodeaban el Ruhr con 300.000 soldados dentro, el III y el VII se lanzaban a la carrera por alcanzar Berlín antes que el Ejército Rojo. Para Miller, encerrado hace 60 años en su Sherman, aquella fue la noche más negra de mi vida recordando la vulnerabilidad del tanquista sin apoyo. Pero reconoce el caos de la hora en el lado alemán y su único pensamiento al abandonar la batería antiaérea: Tenía 16 años y quería vivir Luego, bajo una poco amable ocupación francesa, la vida recomenzó y el jefe de la I unidad de Zapadores se casó con la telefonista de la torre del puente, Christel Bann, que se cosió el traje con un paracaídas; y desde 1967 los veteranos se reúnen ante los restos del puente. El largo tiempo alcalde Hans P. Kürten lo convirtió en Museo de la Paz. A su entrada dice: Construído para la guerra, destruído por la guerra. Estas torres son testigo y el idealista Kürten añade: Creame, los hombres pueden aprender El propio museo, que reseña 200 conflictos posteriores, atestigua que no siempre. n