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10 La Entrevista DOMINGO 20 3 2005 ABC CARLOS BUSTELO Ex presidente de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones Nos han tratado como a un polideportivo de Cornellá Carlos Bustelo (1936, Ribadeo) ex presidente del INI y ex ministro de Industria, ha dimitido como presidente de la CMT porque no admite el traslado de la sede a Barcelona. Siente que el ex alcalde de Cornellá y actual ministro de Industria ha tratado a la institución como a un vulgar polideportivo TEXTO: ANTONIO POLO, FRANCISCO ÁLVAREZ FOTOS: CHEMA BARROSO ¿Cuáles son las razones que le impulsaron a presentar su dimisión? -Arrastraba cierto estado de irritación desde finales de julio de 2004, cuando Pascual Maragall anunció en La Moncloa que, generosamente, el presidente Zapatero había accedido a su petición de trasladar la CMT a Barcelona. La decisión cayó como una bomba, porque el único preaviso fue una llamada telefónica del ministro de Industria a mi móvil. Cualquiera se puede imaginar lo que representa esa noticia, en una organización donde conviven 130 personas con su vida familiar y profesional montada en Madrid. A partir de ese momento el funcionamiento de la CMT se complicó, se perturbó gravemente. Luego, en vez de adoptar una postura flexible y reconocer que habían tomado una decisión complicada y difícil, en vez de ayudarnos, adoptaron una postura autoritaria. ¿Se ha menospreciado la independiencia de la CMT? -A lo largo de este tiempo, he sentido como si creyeran que estaban cambiando de sitio una instalación municipal, sin más, sin tener en cuenta que la CMT tiene un estatus jurídico otorgado por una ley, ajustado a unas directivas europeas, común en los países comunitarios... sin tener en cuenta que es una entidad que no se desmantela pieza a pieza, se monta en otro sitio y ya está. La verdad es que he sentido que nos han tratado mal, como a un polideportivo de Cornellá. ¿Qué sentido tiene trasladar la sede de un organismo público consolidado? -Llevarse una institución de 130 personas lo más que puede hacer es que suba el metro cuadrado en algún barrio de Barcelona, o que algún bufete de abogados no tenga que coger el avión. Esto de la descentralización regional del poder no es serio como argumento para justificar el traslado de la CMT. La situación se ha ido deteriorando profundamente a lo largo de los meses y además surgieron complicaciones con el consejo. Todo se centró en mi persona, cuando en realidad la CMT está dirigida por un consejo de nueve miembros variopintos, en el que todos tienen un voto igual de válido que el mío y, además, secreto. Quiere decir que la situación que se avecinaba era convertirme en una especie de pim, pam, pum de la feria y, la ver- TRASLADO DE LA SEDE Yo, como ministro, nunca hubiera tomado esa decisión SU RELACIÓN CON MONTILLA Creo que me he reunido con él dos veces. Cuando me amenazó con abrirme un expediente de destitución, no me lo tomé en serio. Montilla me parece un hombre cauto dad, no me convencía. También los empleados, que son buenos profesionales y en su mayoría por debajo de los 40 años, eligieron a un comité de empresa muy combativo, que unas veces me insultaba y otras veces me aplaudía. Han sido unos meses muy difíciles, en los que he intentado defender a la Comisión con todas mis fuerzas. -Con esta visión, ¿no hubiera sido más lógico haber dimitido después de aprobarse el real decreto que ordenaba el traslado? -No me quería ir hasta que el consejo hubiera aprobado una resolución, estableciendo una especie de red de seguridad para los empleados que optasen por trasladarse a Barcelona, con todo un esquema de incentivos económicos. Y eso se aprobó en el último consejo que presidí. ¿Recibió algún tipo de presión política por parte del Gobierno para abandonar su cargo? -No. Tampoco vi que la oposición tomase parte activa en el asunto; el PP en Cataluña estuvo callado y no se atrevió. En mi opinión, una institución de nueva creación, por ejemplo el posible Consejo Audiovisual, es lógico y legítimo que el Gobierno decida ubicarla en La Coruña, en Barcelona o en Sevilla. Pero algo que está ya funcionando... Yo, como ministro, no lo hubiera hecho nunca. ¿Cuál fue la posición adoptada por el consejo de la CMT? -En general y, con carácter unánime, la decisión causó sorpresa y oposición. Para ellos era más fácil porque tienen la posibilidad del voto secreto y, por tanto, un cierto anonimato. El resumen es que la CMT es complicada, disfruta de gran autonomía y facultades importantes, pero es muy difícil de manejar. De hecho, no hay ninguna agencia reguladora en Europa que tenga un consejo de nueve miembros nombrados por decreto y en Consejo de Ministros y con mandatos irrevocables por seis años, un sistema que no sé a quién se le pudo ocurrir. Otras, como la agencia reguladora de Francia, que aglutina más competencias que la CMT, tiene un presidente y dos directores generales. ¿Cómo define su relación con el ministro de Industria? -Después de la declaración de Pascual Maragall, nadie del Gobierno se dirigió a nosotros, ni siquiera por carta. De forma que cuando nos acusaban de inmovilismo, debo decir que el consejo de la CMT no podía moverse sin tener encima de la mesa una comunicación formal. A partir de este momento, creo recordar que unas semanas más tarde y en el transcurso de una larga conversación, le dije a Montilla que el traslado era un disparate y que ponerlo en marcha resultaría bastante complejo. La conversación no fue mala, porque Montilla me parece un hombre cauto. Después las cosas se complicaron, porque los miembros del comité de empresa, varios de ellos de UGT, pidieron ser recibidos por Zapatero, Montilla... y al final les recibió el director de gabinete del Ministerio de Industria. Y aquella reunión fue un desastre. El comité, que pecó de inexperto, preguntó si con un traslado simbólico bastaba y a partir de ahí la situación se complicó mucho. ¿Cuántas veces se reunió con el ministro Montilla? -Creo que dos. En cualquier caso, hemos tenido mucho contacto, tanto yo como gente de la casa, con la subsecretaria del Ministerio de Industria, y todos hemos intentado entendernos lo mejor posible. ¿En algún momento pensó acudir a los tribunales? -La verdad es que, cuando a través de la agencia Efe, el Ministerio amenazó con abrirme un expediente de destitución, no lo tomé en serio. Pensé, como ocurrió, que algún jurista advertiría de los riesgos que entrañaba iniciar una vía que carecía de todo fundamento. Sí pensé, en aquel momento, que si la amenaza iba en serio y se consumaba, estaba dispuesto a agotar todas las posibilidades, incluida la de defenderme en los tribunales hasta donde hubiese sido necesario. ¿Considera ahora una provocación dejar algunas dependencias de la CMT en Madrid? -El sentido no era otro que insistir desde el punto de vista del funcionamiento. Naturalmente, como la CMT mantiene relaciones diarias con la Secretaría de Estado de Telecomunicaciones, sus resoluciones agotan la vía administrativa y sólo son recurribles en vía contenciosa ante la Audiencia Nacional, que está en Madrid, y prácticamente cada semana dicta una sentencia... Además, también realiza tareas de asesoramiento a la Secretaría de Estado de Economía y a su servicio de Defensa de la Competencia y el 80 de las empresas de telecomunicaciones está en Madrid... pues tiene sentido dejar una unidad operativa en Madrid. Sinceramente, no entiendo que haya que explicar determinado tipo de decisiones, que son absolutamente racionales. -Hasta la fecha, ¿cuántos trabajadores se han mostrado dispuestos a trasladarse a Barcelona? -La resolución con los incentivos, las ofertas y demás se aprobó el día 7 de marzo, de modo que imagino que será difícil cuantificar. A partir de ahí, el consejo de la Comisión tendrá que decidir cómo se va trasladando la estructura, el calendario, etc. En todo caso, hay