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34 Madrid SÁBADO 19 3 2005 ABC Cae una de las bandas más expertas del mundo en clonar tarjetas a la carta Su segundo negocio era la explotación sexual de mujeres caribeñas y europeas del Este de la red delictiva fueron apresados. La organización servía para financiar a otros grupos criminales. La cantidad defraudada es incalculable M. J. ÁLVAREZ MADRID. A la carta. Actuaban por encargo del cliente. Cumplían las peticiones y los plazos de las entregas. Las ganancias eran cuantiosas. Así actuaba una organización delictiva especializada en fabricar miles de tarjetas de crédito. La imitación era tan fiel y de tan buena calidad, que el importe de lo defraudado aún no se ha podido cuantificar, pero es millonario, a juicio de los mandos policiales responsables de la operación. Lo más destacado de esta banda es que no se limitaba a copiar las tarjetas, sino que eran especialistas en hacerlas partiendo de documentos en blanco. Las investigaciones realizadas por el Grupo I de la Unidad Contra las Redes de Información y Falsedad Documental (Ucriff) y el XX de la Udyco comenzaron el pasado mes de diciembre y, en apenas cuatro meses, han conducido al completo desmantelamiento de la banda, aunque el proceso ha sido costoso y nada fácil b Los doce miembros Material incautado y detenidos Organización nodriza Se trata de una organización nodriza que nutría y financiaba a otros grupos criminales con el dinero que obtenía de su actividad ilícita. Una de las mejores redes expertas en clonar tarjetas; no en vano, los cabecillas se encuentran entre los mejores falsificadores del mundo, indicaron los agentes. Se conocieron cuando estaban cumpliendo condena en prisión, y allí planearon sus futuros golpes Las primeras pesquisas condujeron hasta el cerebro intelectual del grupo: un ingeniero informático de origen alemán, Wilfred Walter S. de 44 años, obsesionado con llegar hasta el corazón de la Visa Una vez localizado, se dio con su mano derecha, el español José Luis V. M. de 48 alias El Abuelo Ambos cuentan con un historial delictivo que se remonta a una década. En los registros realizados se hallaron 2.500 tarjetas falsificadas, en blanco y con banda magnética; mil sin banda; pasaportes, DNI falsificados y asociados a las tarjetas, así como cuatro máquinas de plastificado para la fabricación de tarjetas y dos lectores de banda magnética. Tampoco faltaban todo tipo de artilugios para reproducir las falsificaciones- -como tinta, troqueladoras y equipos informáticos- además de la cantidad de 5.000 euros. Ocho de los doce detenidos son de nacionalidad española: José Luis V. M, de 48 años; César Carlos R. R. de 44 Amadeo F. R. de 36; José G. M. 46; Víctor Manuel F. G. 27; Luis José O. M. 43; Juan Carlos G. B. 31; Santiago C. G. 41, y Jesús V. M. 23. El resto son Wilfred Walter S. de 44, alemán; Salvador R. S. de 37, y Francis M. R. 29, ambos naturales de Venezuela, y, por último, la rumana Elena V. de 26. Colmenar Viejo; Collado; Hoyo de Manzanares y Talavera de la Reina (Toledo) A fin de no ser detectados, el tiempo de uso de las tarjetas era limitado: no superaba los tres meses, lo que dificultaba ser descubiertos. A ello se unía que los cabecillas de la red no llevaban un tren de vida elevado con el objetivo de no levantar sospechas. El negocio era redondo. Una vez con el botín en sus manos, parte de ello lo invertían en otra actividad ilícita con la que engrosaban sus abundantes arcas: el tráfico de seres humanos para explotarlos sexualmente y la inmigración ilegal. En prostíbulos de lujo De este modo, traían a mujeres jóvenes y atractivas desde países caribeños- -Colombia, Venezuela, Chile, Perú- -y del este de Europa- -Rumanía, Polonia y Bosnia- Una vez en nuestro país, se valían de sus artimañas y les suministraban la documentación falsa: DNI, pasaportes, visados, etc. Después, las introducían en los circuitos de la prostitución en clubes o pisos de lujo, nunca en la calle. La operación contra el comercio sexual aún no ha finalizado. Escondían el material en zulos A continuación se pudo identificar al resto de los implicados- -la mayoría españoles- así como sus lugares de reunión y las caletas o zulos en las que ocultaban todos los útiles empleados para realizar sus actividades: máquinas troqueladoras, de plastificado de documentos, lectores de banda magnética, y sellos, entre otros. Se registraron tres viviendas en Madrid, un hotel y cinco casas en distintos municipios: