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ABC SÁBADO 19 3 2005 Internacional 27 LAS TURBULENCIAS DE LA AMPLIACIÓN EUROPEA La UE, dividida por la Directiva Frankenstein Francia y Alemania obstaculizan el avance de Europa en un campo que la Comisión considera vital ENRIQUE SERBETO CORRESPONSAL BRUSELAS. Se llama en realidad Directiva de Servicios, aunque pronto fue conocida por el nombre del comisario que la elaboró la pasada legislatura, el holandés Frits Bolkestein. No ha hecho falta mucho tiempo para que a la vista del debate que ha organizado y los temores que despierta haya sido bautizada en Bruselas como la Directiva Frankenstein Para hoy está prevista una gran manifestación en la capital comunitarias en la que los sindicatos de toda la UE quieren mostrar su oposición a esta directiva. En realidad se trata de poner en marcha la cuarta de las grandes libertades en que se basó la vieja Comunidad Económica Europea. Después de la libre circulación de personas, de mercancías y de capitales, le llega el turno a la libre prestación de servicios. La Comisión Europea considera que es un paso necesario sin el que no es posible alcanzar los objetivos de competitividad que se pactaron en la agenda de Lisboa. La propuesta de la Comisión que actualmente está siendo discutida en el Parlamento Europeo, recoge el principio de que prácticamente cualquier empresa o profesional cualificado pueda prestar sus servicios en cualquier país miembro con tal que esté autorizado a hacerlo en su país de origen. Los expertos consideran que es el mayor terremoto para la economía europea de los últimos años, que podría ser más vivificante para que la aparición del euro, porque a la larga forzará a una armonización de reglas dirigidas a la liberalización de los mercados. aspirar al euro y muchas de sus exportaciones estarán mucho tiempo sometidas a restricciones. ¿Para qué habrían venido a la Unión Europea entonces si no se les permite beneficiarse de ninguna de sus ventajas? Junto a Francia y Alemania, Bélgica y Suecia han planteado también reservas a la directiva, mientras que por ahora el Gobierno español no tiene una posición concreta. Los expertos aseguran que creará por lo menos seis- cientos mil nuevos empleos al año en toda Europa. Otros alertan de que acabaría hasta con las Cámaras de Comercio, porque no sería necesario sindicarse para poder operar en cualquier mercado si ya se han cumplido las reglas del país de origen. Otros dicen que la directiva no cambia tanto las cosas, puesto que se han establecido ya salvaguardias para que, por ejemplo, el salario y el tiempo de trabajo no puedan ser menores que los establecidos en el lugar donde se realicen. En el fondo, da la impresión de que lo único que ha cambiado ha sido la llegada de diez nuevos países que han convertido algo que parecía asumible hace poco, en una perspectiva horripilante a partir de la ampliación a 25. La manifestación de hoy en la que los organizadores dicen que quieren concentrar a cincuenta mil personas será el primer acto de la batalla que le espera a la directiva. Los temores de París En la trinchera contraria, algunos países encabezados por Francia se oponen a que se produzca lo que consideran un dumping social que acabaría con los beneficios laborales. El riesgo que ve el Gobierno francés y también su aliado socialdemócrata alemán es que no puedan competir con la flexibilidad de las reglas y los bajos impuestos de los nuevos países miembros. Naturalmente, la Comisión admite estar preocupada por lo que está sucediendo y por los malentendidos que se han creado alrededor de la directiva Frankenstein y sus posibles efectos en el referéndum francés sobre la Constitución europea, pero por ahora considera oficialmente que el principio de la regla del país de origen debe prevalecer en el debate parlamentario de la directiva. Algunos comisarios como la polaca Danuta Hübner, que no ha ocultado nunca su preferencia por las deslocalizaciones hacia los nuevos países del este porque al menos se quedan en Europa, han dado a entender que la postura de Francia equivale a no reconocer que se ha producido la ampliación. En efecto, a los nuevos países se les han impuesto restricciones a la libre circulación de trabajadores, aun no pueden