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ABC VIERNES 18 3 2005 Espectáculos 67 Moolaadé El día de la boda Contra el tabú ANTONIO WEINRICHTER De perros y collares diversos J. M. C. El cine africano tiene una infraestructura tan azarosa como otros aspectos de la existencia en el gran continente negro. Pero cuenta con figuras de la talla del senegalés Ousmane Sembene, que inició su carrera hace cuarenta años y es un habitual del circuito de los grandes festivales internacionales. Sin embargo, su cine, que él define como político, polémico y popular (el marco en el que se mueve un cineasta africano es bien distinto al concepto occidental del entertainment sigue siendo un ilustre desconocido en países como el nuestro. Ahora se estrena Moolaadé segunda parte de una trilogía que ha consagrado al heroísmo de la vida cotidiana en el África actual Se trata de una película bien accesible que plantea un tema que el espectador recordará haber visto reflejado en los titulares de prensa: la práctica de la salindé o sea la ablación practicada a niñas de siete años para purificarlas. Práctica que evoca en el espectador occidental la noción de barbarie primitiva. Pero Sembene no se limita a hacer una denuncia airada en nombre de los derechos humanos, sino que demuestra hasta qué punto está imbricada en un tejido de relaciones e intereses sociales: desde las purificadoras, las mu- Director: Ousmane Sembene Intérpretes: Fatoumata Coulibaly, Maïmouna Hélène Diarra Nacionalidad: Senegal, 2004 Duración: 117 minutos Calificación: jeres encargadas de aplicar la cirugía, a los familiares masculinos de las niñas y las futuras mujeres (el honor de ellos depende de la pureza de ellas) Pero, aun dejando bien claro este machista atavismo que convive en el África moderna con la radio y la tele- visión, la película no se reduce a un análisis sociológico sino que lo encarna en personajes como la protagonista, Fatoumata Coulibali, la mujer rebelde que ejerce su derecho de asilo (eso significa moolade acogiendo a un grupo de niñas que han huido de la ablación. El desarrollo de la acción no tiene nada de naif; pensar tal cosa sería un insulto para un cineasta como Sembene, que aplica una mirada sabia, serena y colorista a sus personajes. Debra Messing y Dermot Mulroney Director: Clare Kilner Actores: Debra Messing, Dermot Mulroney, Amy Adams Nacionalidad: Gran Bretaña, 2005 Duración: 90 minutos Calificación: Hay películas que no compensan. A ver: son excelentes en su momento, nos hacen pasar maravillosos momentos y no tienen pega alguna. ¿O sí? Pues sí. El problema es que crean secuelas que van oliendo el rastro del éxito obtenido por la original. Son todas diversas, hacen hincapié aquí o allá, pero, al final, resultan que son el mismo perro con diversos collares. Obras como Cuatro bodas y un funeral y más tarde Mi gran boda griega (bastante menor, pero tuerta en el país de los ciegos) han traído estos lodos (y algunos más) y son predecesoras de esta El día de la boda que arranca con una idea bastante dudosa (una chica alquila a un puto para ir a la boda de su hermana sólo porque el padrino es su ex) y continúa con una cierta discreción que no evita algún que otro golpe inspirado. El lado bueno es que entra a saco en el juego de verdades y mentiras que los enlaces familiares siempre conllevan. El lado malo es que el guión en general es tenue e intrascendente y, para colmo, el casting no funciona. Ni ella arrastra pasiones ni Mulroney da el tipo (algunas chicas le ven guapísimo, pero lo cierto es que es enano y cicatrizado) y para nada se cree uno que le vayan a pagar 6.000 euros (y la Messing mucho menos) para pasearlo por aquí y por allá con unos aires, por cierto, de galáctico, que son para darle una patada en el trasero y que devolviera el dinero con intereses. En suma, obra menor, ciertamente reiterativa dentro del ligero cine británico, que no molesta, pero mucho menos hará gritar de entusiasmo. Saw Canallesco rompecabezas JOSÉ MANUEL CUÉLLAR No es fácil, pero a veces sucede. Te sientas, se apagan las luces y en el primer fotograma ya te han golpeado la cara. Que sea una bofetada de tres al cuarto es algo que se produce con cierta frecuencia, si es un puñetazo es menos común, y si es un mazazo es que estás soñando o te encuentras ante una obra de gran talento. Pues bien, Saw Sierra te sacude como si la película fuese Tyson y tú Pulgarcito. Y no para, es una vorágine tremebunda en la que caos y angustia se suceden a velocidad de vértigo. No es fácil, dentro del cine de suspense, terror o como quieran llamarlo (puede que mezcla) conseguir la atención de principio a fin, pero aquí el guión es truculento, inteligente y retorcido (y, por cierto, tiene muy, pero que muy mala leche) por lo que uno no puede ni abstraerse ni distraerse un segundo porque todo se te escapa como la arena en el mar. James Wan (director) y Leigh Whannell (uno de los protagonistas) son los autores de la trama, y a fe que han tenido que secarse la azotea para conseguir que la historia dé vuelta tras vuelta, una y otra vez, sin dar descanso al ojo que todo lo ve, aderezado además con una emoción que va in crescendo El asunto es complejo de explicar. Cary Elwes Director: James Wan Intérpretes: Cary Elwes, Leigh Whannell, Danny Glover Nacionalidad: Estados Unidos, 2004 Duración: 100 minutos Calificación: Dos tipos despiertan encadenados cada uno a un lado de una habitación con un muerto en medio de los dos. Éste tiene una pistola en una mano y un casette en la otra. A partir de ahí los encadenados tendrán que ir buscando pistas para salir del atolladero. Es éste un resumen burdo porque luego todo se lía y relía, te destroza la cabeza y se convierte en un rompecabezas que te atrapa dentro y no puedes salir. Un puzle de piezas octogonales en el que no ves encaje alguno, y mucho menos salida. Pero no todo es el guión, lo peor (porque se te atraganta en la garganta como una espina de boquerón) y lo mejor (porque confiere esplendor a la película) es la atmósfera irrespirable que transmite, la incertidumbre e impotencia de los implicados que se destila en cada escena. Y, por fin, un desenlace a tono con el perfil de la obra, sorprendente, terrible, irremediable. Un K. O. de campana a campana.