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ABC VIERNES 18 3 2005 Espectáculos 65 VIERNES DE ESTRENO Habana Blues Cómo tocar otro son en Cuba y cómo bailarlo sin que se moleste Fidel E. RODRÍGUEZ MARCHANTE El cine esperaba a Benito Zambrano con la misma ansiedad que Gary Cooper el tren de las doce. Hace seis años que hizo Solas película enorme con la que se dio el derecho de quedar recubierto para mucho tiempo con una manita de impermeabilidad mirada y sensibilidad Y no nos podemos olvidar de aquello al mirar ahora esto, Habana Blues su esperada siguiente película. Empezaremos, pues, por lo grande de ella: es un musical hecho en La Habana en el que no se oye ni el son cubano ni la salsa, sino rock, hip- hop, rap y blues, lo cual, imagínense, es todo un hallazgo climático en los ambientes habaneros. Tiene mérito ponerle música a esa ciudad que no sea la tópica del trópico, y hay que decir que Zambrano convierte lo musical de la película en lo más auténtico, genuino y acertado. De ahí para abajo, o sea, todo lo demás, tiene mucho menos cantidad de primicia: un retrato limpio de la suciedad de La Habana, un cierto y domésticado tono crítico sin mencionar ni una sola vez la bicha una historia familiar enternecedora y seca al tiempo, y que arroja tanta tapada verdad sobre el día cubano que da espanto pararse en ella, varias historias más de amistades, compromisos y tejemanejes donde se concentra la mirada en las aviesas intenciones de todos los que llegan para aprovecharse de ellos, con un apunte de gallegos catalanes tan sujeto al cliché y probablemente cierto que se cae del marco... Todo visto y oído, aunque mejor hecho y sentido que en otras ocasiones, pero un paseo por la zona templada del iceberg sin mojarse, sin bucear, eludiendo la parte fría. La película de Benito Zambrano se esfuerza en funcionar a dos niveles: como musical un punto extravagante que persigue y consigue ese viejo lema del género de que el espectáculo continúe y también como vistazo cotidiano y normalote de la realidad cubana, triste pero entrañable, y mirada con esos ojos de supuesta corrección política que convierten al dictador en transparente; se mira a través de él y con intención templada. Todo muy bien hecho en el plano de Zambrano: hay disidencia sin sensación de riesgo, homosexuales, poetas, contrarrevolucionarios, raperos, drogotas, escapistas, gente que viene y va... Da la impresión de que al espectador le cuesta mucho menos encontrar todo eso en La Habana de Zambrano que lo que le debió costar al propio Zambrano en La Habana de Fidel... Pero es el precio que hay que pagar por estar ahí, en el sitio relativamente cómodo (es desde el único sitio en el que se puede rodar allí) La esce- Director: Benito Zambrano Intérpretes: Alberto Joel García Osorio, Roberto Sanmartín, Yailene Sierra Nacionalidad: España, 2005 Duración: 115 minutos Calificación: na en la que se habla del arte puro que es el que se queda allí, y del que se vende, que es el que sale por patas es realmente infranqueable por más que el talento de Zambrano la encubra de calidez y corazón. Sí, Zambrano es un cineasta hábil y lleno de mirada y sensibilidad como se dijo al principio, por eso consigue, a pesar de toda la puesta en escena, que su plano se impregne de una inevitable verdad en situaciones y personajes que se abren en canal disimula- damente, sin ánimo de molestar, pero en canal, como el que interpreta Yailena Sierra, una mujer atrapada en tantas redes que se va a pescar con ellas a aguas de Florida. También hay verdad en los dos personajes protagonistas, que interpretan Alberto Joel García y Roberto Sanmartín, músicos, alejados de toda esa mierda de la política pero con dilemas tan gigantescos como el irse o el quedarse. Lo usa como lema Zambrano para su película: vivir es elegir Y lo plasma magníficamente como sensación general: sus personajes eligen el rumbo de sus vidas... Tal vez haya en ese modo de ver el asunto demasiado optimismo o afán de complacer, dadas las circunstancias- -invisibles e innombrables- Las tortugas también vuelan Auténtico cine en un mal lugar y en el peor momento E. R. M. Película admirable por varios motivos. Por ser todo lo kurda posible (su director, sus actores personajes, su asunto central y colateral... por estar hecha en el lugar menos apetecible (el Kurdistán iraquí) y en el momento menos apropiado (el ataque de Estados Unidos a Irak es inminente) porque apunta directamente a los seres más desprotegidos e inocentes que existen, los niños; y porque, a pesar de todo lo dicho hasta ahora, no es una película llorona, ni maniquea, ni tópica, ni esclerótica. Las tortugas también vuelan que llegó la última y de rebote al Festival de San Sebastián y que se llevó la Concha, es admirable además porque está tan bien hecha, contada e interpretada como si lo hubiera tenido todo a favor, en vez de en contra. Bahman Ghobadi, su director y guionista, tiene el talento de no inmiscuirse y dejar suelta la gran trama de su película (o sea, es la frontera entre Irán y Turquía y los americanos están al caer por allí, para bien o para Director: Bahman Ghobadi Intérpretes: Soran Ebrahim, Avaz Latif, Hirsh Feyssal, Saddam Hossein Feysal Nacionalidad: Irán, 2005 Duración: 95 minutos Calificación: mal... pues no lo saben) y se dedica especialmente a las otras pequeñas tramas, que son las que, en realidad, nutren y cuentan por sí solas la gran historia: anécdotas como la adquisición de una antena parabólica para ver las noticias americanas, como las de ese chaval avispado que se mueve en el pedregal como un broker en Wall Street, o esa bandada de chiquillos que se ganan la vida reciclando minas antipersonales a costa, incluso, de pedazos de sí mismos, y cuyas mutilaciones son igualmente apreciables en sus cojeras internas y externas. Inevitablemente, el retrato es desolador, duro y doloroso, pero (he ahí el mérito) sin perder un complicado, reanimante, bendito y humeante sentido del humor en medio de esa gran cacerola puesta al fuego que es el lugar donde viven esas gentes. Además de un tenso hilo de poesía funesta del que penden algunos personajes, como el del niño tullido visionario, su hermanita violada y su desdichado hijo... Es sin duda una grande y profunda película, además de movida y entretenidísima, pero si alguien piensa de verdad que las tortugas tal vez no vuelen, probablemente no va a ser éste su mejor momento para verla.