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ABC VIERNES 18 3 2005 Espectáculos 63 más, aumentará el número de personas que se atreverán a hacer sus propias películas y tendremos nuestro propio cine independiente donde podremos ver todo tipo de historias y géneros. ¿Qué opina de la progresiva desaparición del cine de animación en dos dimensiones? -Pues que es muy triste todo lo que está pasando en el sector. Creo que es evidente que aún se hacen grandes películas de animación en dos dimensiones: el cine de Miyazaki, Bienvenidos a Belleville etcétera. Supongo que los grandes estudios han decidido que el público ya no quiere ver animación en 2 D, lo cual me parece una estupidez. Desde que empecé a trabajar en este mundo, hace ya veinticinco años, he trabajado siempre en películas 3 D pero me entusiasma el cine de animación tradicional. Cuando voy al cine sólo pierdo diez minutos fijándome en el estilo, pero después me quedo con la historia y no veo nada más. Héffalump Territorio peluche J. C. Robots ¿Sueñan estos androides con ovejas increíbles? JAVIER CORTIJO Director: Frank Nissen. Nacionalidad: EE. UU. 2004. Duración: 70 minutos Calificación: La premisa no engaña a nadie: un elefantito fucsia hace migas con un cangurito gentil ante el mosqueo de una piara formada por un osito adorable, un burrito tristón, un tigrito saltarín y demás animales diminutivos y con alma de suavizante en polvo. Evidentemente, se trata de la última de Winnie the Pooh (nada de recordar el brutal chascarrillo de Buenafuente) un bicho que ya va para octogenario pero que le casca la misma pedorreta a su edad que Mickey Rooney, su inquietante clon humano. Pionera del spin- off preescolar, la saga da la alternativa al paquidermo Lumpy, un héffalump de voz derretidora que hará las delicias de los espectadores más balbuceantes (literalmente) al tiempo que sirve para lanzar ese mensaje de tolerancia y aceptación del perro verde tan afín a la franquicia (no hay más que recordar la anterior película, consagrada a Piglet, un cerdito como sacado de la granja del doctor Moreau) No hay forma de buscar dobleces, segundas intenciones, fintas o elásticas en esta cosita tan tierna como el Día de la Madre, por mucho que aparezca un brote de la mítica escena onírica de Dumbo o se detecte cierto fetichismo apicultor en cierto momento de cama de Winnie. Todo aquí huele a limpio y cristalino, como los excelentes fondos del Bosque de los Cien Acres, aunque también se desliza un aroma añejo al Disney del Antiguo Testamento principalmente en los aspavientos de Conejo. Y es que, a pesar de que las ciencias animadas adelanten bárbaramente, hay cosas que permanecen inalterables. Por ejemplo, lo difícil que es atar a un crío a la butaca por mucho que suden tinta sus héroes en la gran pantalla o lo canalla que se sentiría el cronista al darle un palo a este algodón tan, tan dulce que casi hace saltar las lágrimas. Pues, si lo hacen, lo disimulan bastante bien. De hecho, parece que Blue Sky, consciente de su condición de tercera pata del taburete animado, ha rebuscado en la caja de herramientas a ver qué piezas han quedado sin usar tras los mecanos babélicos de Pixar y DreamWorks. Y ha encontrado, por ejemplo, a un muñeco articulado de hojalata que, en un arranque de caráter, haya secuestrado y suplantado la personalidad de Dorothy en El mago de Oz un autómata con la figura de Paco Martínez- Soria en La ciudad no es para mí o un pistón multiuso que lo mismo vale para una tuerca slapstick, un destornillador musical ¿a que Rodney y su colega parecen en ocasiones Kelly y Sinatra en Un día en Nueva York o hasta una bisagra de denuncia proletaria ya que, como en Asimov, el robot es lobo para el robot. Y así todos han armado no la marimorena sino un brillante y directo entretenimiento para grandes y chicos que, al menos, no incurre en el fallo farolero de El espantatiburones de crear más expectativas de las alcanzables. El héroe de campo le saca las castañas del fuego a la metró- Directores: Chris Wedge y Carlos Saldanha Actores de doblaje: Alejo Sauras, Elsa Pataky, Florentino Fernández Nacionalidad: EE. UU. 2005 Duración: 85 minutos Calificación: poli, se lleva a la chica y, encima, consigue que su padre no se sienta como un trasto viejo. Más sencillo, el mecanismo de un abrelatas. En medio de este paradójico déficit de chispas (a pesar de sus nombres, los guionistas Lowell Ganz y Babaloo Mandel no son muy cortocircuitantes, y sus currículos menos) lo más lucido y lúcido llega por la vía de las actualizaciones (a veces, remiendos lustrosos) como, por ejemplo, ese saltarín y fantástico arranque parturiento la llegada a Ciudad Robot- -donde el niquelado de Rodney casi refleja destellos de Jimmy Stewart- -o ese humeante taller Chop Shop a ritmo descacharrado de Tom Waits. Porque Robots es, ante todo, una exhibición de alta tecnología animada (aunque las texturas inorgánicas sean más facilonas) y de diseño apabullante obra del gurú Steve Martino, que no hace ascos a Le Corbusier o Calatrava, al tiempo que algunos personajes como El Gran Soldador o Madame Engrane ya han entrado en los libros de texto de la cátedra cartoon. Algo que mueve a pensar perogrullamente en lo difícil que una película animada salga rana, igual que la secuela de un videojuego o cualquier falsificación nipona de la Mona Lisa un poner. Y, siguiendo con boutades que, por mucho que se fiche como mecánico general a Jerry Davis (pionero 3 D y adaptador ideal del clasicazo robótico El gigante de hierro dirigida precisamente por Brad Mr. Increíble Bird) esto no es Pixar. Aunque, ¿quién más lo es?