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58 Cultura JUEVES 17 3 2005 ABC UMBERTO ECO Novelista y ensayista Viví una infancia felizmente esquizofrénica MADRID. Imagínense que Umberto Eco se despierta una mañana y descubre que ha perdido la memoria. ¿Qué haría? ¿Se sumergiría como Giambattista Bodoni, Yambo, el protagonista de su nueva novela La misteriosa llama de la reina Loana (Lumen) en el desván de sus recuerdos para volver a dibujar el pasado? El escritor respondió a un cuestionario en el que ofrece material sobre su espléndido libro: -Hace tiempo que pensaba escribir las memorias de mi infancia. Un día empecé a pensar en la novela de alguien que perdía la memoria e intentaba revivir su infancia no basándose en sus recuerdos (eso ya lo hizo Proust) sino en una memoria mineralizada objetiva, colectiva, hecha de páginas de libros y periódicos, de discos, de cajas de chocolate, de juguetes... -La vida es horrible para quienes la padecen y bellísima y dulce para quienes la viven en estado de gracia. Pero Yambo no la vive en estado de gracia precisamente. -Él puede que no, pero yo sí. Ay, la dulzura del oscurecimiento, de las noches en el refugio bajo los bombardeos, la papilla de sémola porque no había quedado nada más que comer... -Yambo busca en el desvan de una casa de campo. ¿Lo que encuentra eran los objetos de Eco? -Míos y de muchos otros. Es la historia de una reconstrucción de la memoria, pero durante las dos primeras partes el protagonista no reconstruye la suya, sino la de una generación. Redescubre la historia de una infancia esquizofrénica, cuando, por un lado nos educaban en el culto al heroísmo y la muerte y, por otro, se escuchaban canciones como Pippo no lo sabe El mismo año se cantaban en el colegio himnos fascistas como Ir por el ancho mar riendo a la cara de la Dama Muerte y al destino y por la noche se oía una cancioncilla alegre y algo estúpida que decía Señoritas no miren a los marinos porque las meterán en serios líos ¿Qué infancia ha vivido Umberto Eco? ¿Qué enseñanza recibía? -Diría que hemos vivido una infancia esquizofrénica, felizmente esquizofrénica. La dictadura nazi era ideológicamente férrea y pura, no dejaba pasar películas o tebeos estadounidenses, dejaba circular algunas películas de amor con Zarah Leander o algunas de amor con Theo Linden, pero eso era todo; por lo demás, predominaba la educación de tipo militar, la cultura nazi en su estado más ascético. La dictadura italiana, quizá por debilidad cultural, estaba llena de agujeros. En el colegio te enseñaban que era maravilloso morir por la patria (nosotros no gritábamos ¡Viva la muerte! pero casi) pero la radio te cantaba que la vida es bella salían películas de propaganda sobre los heroicos soldados italianos, pero al mismo tiempo las denomina- Comenzó a escribir cuentos y novelas entre los 8 y 15 años. Lo dejó y lo retomó en el umbral de los 50. Antes de ese estallido de madura falta de pudor tuvo 30 años de pudor. Y ahora regresa a la infancia con La misteriosa llama de la reina Loana TEXTO: ANTONIO ASTORGA Umberto Eco Yo denuncié en El péndulo... un sotobosque de ocultismo que El código da Vinci intenta tomar en serio He escrito esta novela para sentirme libre de arreglar cuentas con una época, no conmigo das películas de teléfonos blancos historias de amor y celos en ambientes de la alta burguesía; llegaban incluso las películas de Fred Astaire y Ginger Rogers, que nos mostraban la vida estadounidense. Esta esquizofrenia fue benéfica para algunos de nosotros, que nos salvamos, y maléfica para otros, que ahora están en el Gobierno. Pues bien, mi novela usa también muchas ilustraciones precisamente para hacer evidente esta esquizofrenia. -En la novela se juntan Flash Gordon y Mandrake; Emilio Sálgari y el ratón Mickey; Búfalo Bill y Dumas; Julio Verne y Sherlock Holmes, el Conde de Montecristo y Los tigres de Mompracen -He puesto en el libro todos mis recuerdos personales, evidentemente, las cosas que yo había leído, las referencias a las imágenes que realmente había visto de pequeño, ayudado por una memoria casi eidética, en el sentido de que al cabo de 70 años encontraba una copia de la revista de cuentos que leía mi madre y descubría que era igual que la recordaba... Intento construir un personaje muy diferente a mí; no sólo tiene una profesión diferente, sino que no ha escrito ni un sólo renglón en su vida, no tiene una gran sensibilidad política, ha tenido traumas y experiencias personales que yo no he tenido. Todo esto para sentirme libre de arreglar cuentas, no conmigo mismo, sino con una época... (El rostro de una mujer amada y el recuerdo de un crimen atroz asoman en la niebla) ¿Aquella noche terrible entre las nieblas del Vallone, en 1944, no es su propia historia? -Afortunadamente no. Es la historia de alguien que, hace muchos años, hacia la medianoche, estando algo borracho, me contó una historia bastante parecida, pero sin decirme a quién le había ocurrido, y siempre me he preguntado si no le habría ocurrido a él. Y siempre he pensado hasta qué punto podía alguien quedar marcado por una experiencia semejante. Después, de mi cosecha añadí la niebla, que es uno de los personajes principales de la novela. ¿Por qué tanta niebla? Podría responder que porque en mi tierra hay mucha niebla. Porque nací y me encuentro bien en ella, como si hubiera vuelto al útero materno. Porque hay niebla, aunque en un capítulo, en El nombre de la rosa y en El péndulo de Foucault No la hay en La isla del día antes porque es imposible encontrar niebla en los Mares del Sur, pero hay muchísima en Baudolino Además de ser la niebla real de las tierras piamontesas, es también la metáfora de una pérdida de la memoria... ¿Cree que con El péndulo de Foucault abrió un camino que ha llevado a El código Da Vinci? -Podría ser, pero me gustaría dejar claro que si alguien lee seriamente El péndulo comprende que es una sátira, la representación grotesca de los que escriben y leen El código Da Vinci El péndulo... podría ser leído como la crítica de El código Da Vinci salvo que ha sido escrito 15 años antes. El péndulo... denuncia todo un sotobosque de ocultismo que Dan Brown autor de El código... ha saqueado a manos llenas intentando tomárselo en serio. Es decir, no creo que se lo tome en serio, pero ha sido lo bastante bueno como para hacer que sus lectores se lo tomen en serio.