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26 Internacional JUEVES 17 3 2005 ABC La ley islámica vigente en muchos Estados musulmanes castiga el asesinato, el robo, el tráfico de drogas, la homosexualidad, la pederastia... con el látigo, la espada, la horca o la piedra La Sharía lleva la ley del talión a las calles TEXTO AIMAN ZOUBIR FOTOS AFP MADRID. El pasado lunes, un tribunal de los Emiratos Árabes Unidos condenaba a una empleada de hogar a recibir 150 latigazos. La asistenta- -probablemente asiática- -fue acusada de cometer el grave delito de quedar embarazada sin haber contraído matrimonio, léase adulterio Fueron sus propios empleadores los que avisaron a la Policía emiratí, que después de muchas horas de interrogatorio no consiguió que confesase la identidad del padre biológico del niño. Además de sacar a la luz la situación infernal en la que viven millones de inmigrantes en los países del Golfo, esta sentencia medieval pone de manifiesto la vigencia de leyes anacrónicas- -en pleno debate sobre las reformas democráticas en el mundo árabe- -en la mayoría de los países musulmanes. La Sharía -ley islámica- que rige en países como Arabia Saudí, Sudán o Kuwait establece castigos corporales y materiales para subsanar la desviación social La figura jurídica más controvertida es la del Kasas -ley del talión- que se aplica a condenados por asesinato, robo, embriaguez, pederastia, homosexualidad o adulterio y se ampara en una consigna divina contenida en el Corán: En el talión tenéis vida, ¡vosotros que sabéis reconocer la esencia de las cosas! (Azora de la Vaca, versículo 178) azotado y ahorcado Mohamed Bijeh, asesino en serie de 21 menores. La mayoría de las ejecuciones suelen llevarse a cabo por ahorcamiento, aunque últimamente se recurre con frecuencia al método de la lapidación. Para ello, los funcionarios envuelven al condenado en una sábana blanca y lo entierran, bien hasta la cintura, bien hasta el cuello, de forma que no pueda moverse. Después, esos mismos funcionarios, junto a ciudadanos de a pie, apedrean al reo hasta la muerte. Un asesino en serie, Mohamed Bijeh, de 22 años, fue colgado ayer de una grúa en Pakdasht (Irán) tras su condena a 16 penas de muerte por violar y matar a 21 niños. Antes de ser ahorcado, Bijeh recibió cien latigazos en una plaza pública, aplicados por funcionarios de justicia, y fue apuñalado por el hermano de una de sus víctimas mo las rigoristas- -castigan la homosexualidad con penas que van desde el encarcelamiento hasta la lapidación. En Afganistán, la llegada de Hamid Karzai al poder no ha conseguido erradicar ciertas prácticas. Meses después de la caída del régimen talibán, un juez afgano declaraba que las ejecuciones públicas seguirán siendo vigentes aunque se aplicarán con clemencia y equidad Este juez, Ullha Zarif, matizó que a diferencia de los talibanes no dejaremos que los cuerpos permanezcan colgados cuatro días. Sólo los exhibiremos unos 15 minutos En Nigeria, la tardía llegada de la Sharía en 1999, no ha impedido a los legisladores de algunos Estados del país aplicar los preceptos islámicos en sus versiones más retrógradas. En los catorce Estados del norte de Nigeria las ejecuciones públicas, las amputaciones y las lapidaciones están a la orden del día. El caso más conocido fue el de Amina Lawal, una nigeriana de 31 años condenada a muerte tras quedar embarazada después de haberse divorciado. La presión internacional consiguió que en septiembre de 2003 un tribunal de apelación anulara la sentencia. Se da la paradoja de que incluso en naciones islámicas cuyos regímenes políticos son considerados moderados las legislaciones vigentes incluyen, aunque nunca se hayan aplicado, castigos como la pena de muerte para delitos tales como la apostasía. Una muerte lenta y dolorosa El artículo 104 del Código Penal iraní establece que las piedras no deben ser excesivamente grandes para no provocar la muerte al primer o al segundo golpe La intención es que la muerte del condenado sea lenta y dolorosa. No obstante, si consigue sobrevivir, lo cual es altamente improbable, es agraciado con una pena de 15 años de cárcel. Las víctimas más habituales de las lapidaciones suelen ser mujeres acusadas de adulterio, lo que ha suscitado un amplio rechazo hasta en el seno de la propia sociedad iraní. Además de las condenas a muerte, el sistema penal iraní cuenta con un amplio abanico de castigos corporales. A los que mantienen relaciones sexuales extraconyugales se les flagela, a quienes beben alcohol se les apalea, a los que roban, se les amputan las manos. En la vecina Arabia Saudí la situación es casi idéntica. En 2001, los clérigos wahabíes, tan rigoristas al menos como los iraníes, condenaron a 81 personas a la pena capital por crímenes de homosexualidad. Aunque se pretenda insistir en que son hechos aislados, todas las corrientes islámicas- -tanto las moderadas co- Ahorcamiento y lapidación Las escalofriantes cifras de ejecutados que proporcionan las ONG colocan a Irán como alumno aventajado de la Umma (el orbe) islámica. Sólo en 2002, los jueces persas ordenaron la ejecución de 316 personas, entre las cuales había una mujer que fue ajusticiada mediante lapidación. Ayer mismo fue A los que mantienen relaciones sexuales extraconyugales se les flagela, a quienes beben alcohol se les apalea, a los que roban se les amputan las manos