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4 Opinión JUEVES 17 3 2005 ABC Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Alberto Aguirre de Cárcer (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA PRESIDENTE DE HONOR: DIRECTOR: Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: Héctor Casado Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil IGNACIO CAMACHO NO ES LO MISMO L A decisión que podría tomar el Gobierno italiano de repatriar a las tropas desplegadas en Irak- -calificada ayer por Berlusconi como la expresión de un deseo- -refleja la evolución de los acontecimientos en este país y el paulatino logro de los objetivos que se marcó la coalición liderada por Estados Unidos. Pero también es evidente que Silvio Berlusconi podría dar este paso tras un análisis de la opinión pública italiana, a la que apeló para justificar su decisión, sobre todo tras la muerte de Nicola Calipari, jefe de Operaciones Exteriores, por los disparos de una patrulla estadounidense. La cercanía de las elecciones regionales también habrá influido en la decisión del Gobierno de centro- derecha. En todo caso, conviene recordar que Italia mantuvo desde el principio un comedido apoyo político a la intervención militar en Irak, que no impidió, sin embargo, la aportación de un numeroso contingente de tropas- -3.169 soldados- -que ha permanecido sobre el terreno hasta la celebración de las elecciones legislativas y que estará hasta final de año como mínimo. Cuando se produzca la retirada definitiva, Italia habrá dejado en el camino más de veinte víctimas, pero, además de haber actuado conforme al mandato del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, también habrá contribuido a un proceso democratizador decisivo para estabilizar la región, punto de partida de lo que se empieza a llamar, quizá con demasiado optimismo, la primavera árabe Con las condiciones en las que se podría producir la retirada italiana, sería una temeridad pretender una convalidación retroactiva del repliegue de las tropas españolas, decidido por Rodríguez Zapatero hace poco menos de un año. La principal diferencia es la lealtad con la que ha actuado Berlusconi hacia sus aliados. La repatriación se haría, en todo caso, de forma escalonada y planificada para no perjudicar la seguridad de las áreas bajo su control y desasistir a otros contingentes. Por otro lado, Italia ha cumplido sus compromisos, como se lo han reconocido los Gobiernos de Washington y Londres, y gracias a esta actitud, similar a la del resto de países de la coalición, ha sido posible abrir las urnas a los iraquíes y no dar al terrorismo lo que habría sido una victoria desastrosa para la comunidad democrática y para las aspiraciones de millones de musulmanes demócratas. Si alguna comparación es posible, el resultado no deja en buen lugar al Gobierno español, porque Italia es la prueba de que las cosas se podían haber hecho de otra manera, pero se hicieron de la peor posible, con precipitación e invitando a los demás aliados a abandonar Irak. Nadie hizo caso a Rodríguez Zapatero y las elecciones en Irak pudieron celebrarse. Ayer mismo la Asamblea Nacional iraquí celebro su primera sesión, acontecimiento que seguramente habría sido imposible si los aliados hubieran hecho lo mismo que hizo España. Otros países, como Ucrania y Holanda, han anunciado una reducción paulatina de sus contingentes, que se enmarcarán en el capítulo final de una intervención que, en muchas ocasiones, ha sido valorada sin una prudente perspectiva histórica. Ciertamente han sido muchos los episodios oscuros de la guerra en Irak- -división de la comunidad internacional, práctica de la tortura, inexistencia de armas de destrucción masiva- pero no se han apreciado con el mismo rigor los beneficios del derrocamiento de una dictadura belicista, de la democratización de Irak y del efecto dominó que puede producirse- -y del que se están mostrando los primeros síntomas- -en una región dominada por monarquías feudales, repúblicas teocráticas y regímenes totalitarios. Los riesgos para la democracia iraquí no han desaparecido, pero sí los tópicos sobre la legitimidad de la resistencia la cual resiste utilizando el terrorismo contra la fuerza multinacional amparada por Naciones Unidas. DÉFICIT EXTERIOR L HUELGA EN JUSTICIA OS funcionarios de la Administración de Justicia secundaron ayer en una alta proporción la huelga convocada en protesta por el incumplimiento de los compromisos que el anterior Gobierno del PP asumió con los sindicatos- -incrementos salariales, convocatoria del concurso de traslado de las plazas vacantes y garantías de movilidad voluntaria en los procesos de reordenación y redistribución de personal- El ministro de Justicia, Juan Fernando López Aguilar, que mantiene abiertas todas las puertas para un acuerdo, ha acusado a los sindicatos de la ruptura unilateral de las negociaciones sin causa que lo justifique Resulta difícil de entender que CSIF, CC. OO. y UGT tiren piedras contra su propio tejado y rechacen una oferta de incremento retributivo que el ministro considera como la más alta que se haya ofrecido nunca La explicación de los L sindicatos es radicalmente distinta, pues en su opinión el Gobierno está vulnerando los términos de los acuerdos suscritos en noviembre de 2002 y octubre de 2003 con el PP sobre el desarrollo de la nueva oficina judicial diseñada a raíz de la reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial. Sorprende en cualquier caso la postura del habitualmente ponderado y dialogante ministro, pues el principal argumento que esgrimió López Aguilar para romper el Pacto de Estado por la Justicia, seis meses antes de las elecciones generales de 2004, fue que el Gobierno de Aznar no respondía a las demandas de los trabajadores ni invertía en la modernización del sector. Esos trabajadores son los mismos que ayer fueron a la huelga por primera vez desde 1988. Da la sensación de que, pese a la versión del ministro, hay un muro de intereses políticos sin demasiadas puertas abiertas al diálogo. A economía española tiene un problema y se llama déficit exterior. El agujero de la balanza por cuenta corriente alcanzó los 40.000 millones de euros en 2004, casi el 5 por ciento del PIB. Las causas son múltiples, pero se resumen en una expresión, pérdida de competitividad, que el actual equipo económico usaba como un boomerang en la oposición, pero que después de un año de gobierno nada ha hecho para corregir. Será porque anda distraído en otras cosas, por la complejidad de los apoyos parlamentarios, por incapacidad, pero lo cierto es que la prosperidad futura está amenazada por unos resultados que ya han restado 1,7 puntos porcentuales al crecimiento el año pasado. Y la apreciación del euro es sólo una excusa, porque la Unión Europea tiene superávit comercial y en la zona euro sólo Portugal tiene un déficit comercial mayor. Que el problema es complejo lo pone de manifiesto que han empeorado todas las partidas que componen la balanza por cuenta corriente. Las exportaciones sólo crecen al 5 por ciento cuando el comercio internacional lo ha hecho al 8 por ciento; las importaciones andan disparadas, con incrementos del 12 por ciento; los ingresos netos por turismo han caído el 5 por ciento por el aumento del gasto de los españoles en el exterior; y para colmo España ha dejado de ser atractiva para la inversión extranjera, que disminuyó el 65 por ciento el año pasado. En definitiva, los españoles compran fuera más de lo que venden y el país ha dejado de estar de moda como destino de localización de empresas. La restricción externa ha sido el talón de Aquiles tradicional del crecimiento español. Se solía corregir dolorosamente mediante devaluaciones periódicas. Con la llegada del euro, sólo una política económica acertada puede evitar el cortocircuito en forma de recesión y paro, al que inevitablemente ha de conducir una situación de deterioro de la competitividad y el equilibrio exterior tan acusada. Evitarlo es posible, porque con el euro y los tipos de interés vigentes hay tiempo para financiar el ajuste necesario sin excesivos problemas. Pero también por eso se puede hacer explosivo. Es urgente que el fomento de la competitividad y el ahorro nacional se conviertan en la prioridad real de la política económica y no en una mera declaración de objetivos sin contenido por miedo a desairar a un electorado que quiere prolongar la ilusión monetaria más allá de lo razonable. Hace falta un gobierno dispuesto a afrontar los problemas reales y no a crear otros nuevos ni a ponerles buena cara. Las reformas laboral y fiscal son una buena oportunidad para asentar la cultura de la competitividad y el ahorro en la población española. Aunque para ello haya que renunciar a viejos dogmas.