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ABC MARTES 15 3 2005 59 Toros FERIA DE FALLAS Tres medias verónicas y dos estocadas con el sello de Uceda Leal Plaza de toros de Valencia. Lunes, 14 de marzo de 2005. Tercera corrida. Más de media entrada. Toros de Alcurrucén y Lozano Hermanos, bien presentados, carecieron de fuelle y poder aunque apuntaron notas como la clase del 3 la bondad de 4 y 5 o la casta del 6 José Pacheco El Califa de verde botella y oro. Estocada corta y tendida. Aviso (saludos) En el cuarto, pinchazo y estocada (silencio) Uceda Leal, de azul añil y oro. Estocada (silencio) En el quinto, estocada. Aviso (petición y vuelta al ruedo) Luis Bolívar, de grana y oro. Tres pinchazos y estocada rinconera (silencio) En el sexto, media estocada baja (ovación de despedida) térpretes de estas formas últimas de estoquear, grandiosos matadores. Pero José Ignacio Uceda Leal lo hace tan despacio y tan limpio, que los tres tiempos se cuentan con relativa facilidad. Apunta arriba y la muleta abajo, y arranca con rectitud pasmosa, como si se fuese a apoyar con la mano izquierda en la testuz del toro. Fue la estocada al quinto punto final culminante a una faena en la que el elegante torero aportó el carbón y la fibra que le faltaron al representante de Alcurrucén, que en general resumió las carencias de los núñez de los Lozano: falta de fuelle, poder y duración. No quiere decir que la corrida fuese mala, ni mucho menos. Sólo que no remató. Claro que para remates, las medias verónicas de Uceda Leal en el saludo y el quite a este penúltimo. Tres aletearon el ambiente, con la clase que reafirma que Uceda es más que la espada. Pero fundamentalmente la espada, como ya había demostrado para despedir al feo segundo, fuera del tipo de la casa, que embestía con las pezuñas y a topetazos. Que le digan a Luis Bolívar, resucitado y redivivo en el escenario donde casi muere en julio, si no pagaría por ser dueño de una tizona como la de Uceda para haber pasaportado al tercero con la altura de los redondos suaves que dibujó. La suavidad que requería el toro, el de más clase de los seis, se la aplicó el colombiano antes de que se acabasen la dulzura y la nobleza ahogadas en la ZABALA DE LA SERNA VALENCIA. Leí una vez a Corrochano que valía la pena que Rafael Ortega pinchase aunque sólo fuera para verlo entrar a matar otra vez, y aprendí que antañazo una estocada como Dios manda significaba una oreja como demandaba el pueblo. Hace poco José Luis Benlloch, el maestro de la entrevista, titulaba Uceda Leal, más que una espada Y, siendo cierto, Uceda se debe fundamentalmente a un acero que ayer fue fulgor fulminante bajo una bruma invernal que envolvía Valencia con aires londinenses. No hay en los últimos años un matador que ejecute la suerte del volapié con tanta verdad y pureza, más allá del zambombazo o el estoconazo a capón. Joselito y Juli han sido, respectivamente, los in- La perfección del volapié con el sello de Uceda Leal falta de empuje y la quebradiza fortaleza de los remos. Qué pena, y eso a pesar de la magistral brega de El Boni, medida, perfecta. Boni, dueño y señor del ruedo cuando se planta con su capote en los medios. Bolívar enalteció series con pases de pecho pletóricos. Y luego pinchó. Quiso remontar con el sexto, un toro con casta, que miraba a los ojos en cada cite, pero que descolgaba con vibración en los embroques. L. B. se creció en la primera mitad de la faena, poderoso con las dos manos, y se desubicó en una segunda parte que no cum- MIKEL PONCE plió con el camino tomado de reventar aquello. A Bolívar, que sumaba su segunda corrida en España, como matador hay que esperarle porque tiene argumentos para remontar la trágica tarde de su alternativa. El Califa naufragó entre largos paseos, con una técnica nefanda. Enseñó más los defectos del primero y se dejó dentro las virtudes, un toro para haberlo visto en otras manos, aunque se metiese para adentro de cuando en vez; en el bobalicón cuarto, que descolgaba poco, actuó con las mismas trazas. Enrique Ponce: Sé que el final no está lejos b La primera figura del toreo celebra mañana en Fallas su XV aniversario de alternativa, con 10 temporadas consecutivas sumando 100 corridas y más de 3.000 toros estoqueados ROSARIO PÉREZ- -Mañana cumple quince años como matador de toros. ¿Cómo afronta la fecha? -Espero que sea una tarde bonita. Es mi reencuentro con Valencia después de ser el triunfador el pasado año en Fallas. Y vuelvo con el deseo de superar aquello. -Quince años. ¿Son todo o nada? -Por un lado parece que fue ayer; por otro, tampoco se han pasado volando. Son muchos los miedos que se han sentido. He vivido tardes buenas, malas y regulares. ¿Dónde está la clave para continuar quince temporadas en primera línea de fuego? -Sobre todo en la afición y el afán de superación. También es preciso tener humildad para aprender y no estancarse. -Tarde tras tarde imparte una lección delante de los toros. ¿Qué le resta por aprender? -Aquí nunca se deja de aprender: cada toro es diferente, nunca te encuentras dos iguales. Hay que superar el listón marcado, y esta meta motiva mucho a un torero. -Da la impresión de que cada vez que se enfunda el traje de luces es su primer paseíllo. -No cabe duda de que, en esta profesión, cada tarde es un examen. Es necesario dar la cara todos los días, intentar contentar a la gente y disfrutar uno mismo. En el toreo lo que ya has hecho te avala, pero, repito, cada día hay un nuevo examen porque la gente espera lo máximo. ¿Alguna vez pensó que conseguiría todo lo que hoy tiene? -Aspiraba a lo máximo, soñaba con ello, pero la verdad es que no pensé que llegaría a tanto. ¿Se conforma con ser quien es o le queda por demostrar algo más? -Todavía puedo dar más, por eso sigo. El conformismo no es bueno en esta profesión. Tengo que perfeccionarme y pulir algunas cosas. Siento que cada día voy a más. Prueba de ello es que, después de 16 temporadas como matador, aún tengo la capacidad de ilusionar a la gente, de que vean que puedo cuajar un toro mejor. -Contar con una legión de seguidores fieles debe de ser muy gratificante. -Por supuesto. Ganarse el respeto de aficionados y compañeros es precioso, especialmente cuando uno hace lo que le gusta, en mi caso, torear. -En su carrera ha habido importantes hitos: 10 temporadas consecutivas alcanzando las 100 corridas, más de 3.000 toros estoqueados, más de 25 indultos... ¿Qué ha marcado más su carrera? -Todo tiene su importancia, aunque no me lo marqué, sino que surgió. Forma parte de mi trayectoria y sé que es un récord. -Aparte de las 31 puertas grandes en su tierra de Valencia. Ya sólo le queda cortar el anhelado rabo. -Ojalá sea en esta ocasión, porque sería muy bonito. Y, además, puede que este año sea la última puerta grande. Ponce vuelve a Valencia con la intención de cortar un rabo HERAS -Eso ha sonado a despedida. -Bueno, estamos en el final de mi carrera. Yo sé que el final no está lejos. Soy un torero que de un año para otro puede anunciar una retirada.