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ABC MARTES 15 3 2005 Opinión 7 JAIME CAMPMANY Pero bueno, ¿qué pito tocaban, en el primer aniversario del 11- M, Mojamé VI, hermano menor del Rey, en Madrid y Aznar en Méjico? LA AUSENCIA DE AZNAR E IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA Un año después de las elecciones generales, podemos preguntarnos si el presidente del Gobierno ha cumplido su anuncio de gobernar para todos. La respuesta, hoy por hoy, es negativa. Pero la legislatura es joven y aún cabe la rectificación GOBERNAR PARA TODOS ECIÉN obtenido su triunfo electoral, Rodríguez Zapatero declaró su intención de gobernar para todos. No dudo de que muchos españoles, acaso más de la mitad, se encuentren satisfechos con la política seguida. Si entre ellos se encontraran los más pobres, habría razones para elogiar al Gobierno. Su misión principal es promover el bien común y la justicia, es decir, la mejora de los más pobres. Y aunque pudieran estar contentos por error, aquí el sentimiento subjetivo es sólo un poco menos relevante que su situación real. Estoy dispuesto a atemperar mis discrepancias si ante ellas se eleva el bien de los más necesitados. Sin embargo, y a pesar de estas justas reservas, es posible preguntar por el grado de cumplimiento del anuncio de gobernar para todos. Hay una forma drástica, y casi humorística, de negar el cumplimiento, pues bastaría con exhibir un contraejemplo: el mío particular. Hay otra más amplia y razonable que consiste en mirar hacia el grado de respeto al principal partido de la oposición, que no sólo no constituye una exigua minoría, sino que alberga a algo menos de la mitad de los votantes. Diez millones es algo. El Gobierno no favorece la concordia nacional, aunque acaso sí contente a sus bases y votantes. Pero son cosas muy distintas. Acaso el mayor demérito del actual Gobierno resida en su dilapidación del espíritu de concordia, en su repudio de la transición. Hasta el punto de que aspira a emprender otra, excluyendo al centro- derecha, o, para emplear una expresión más de su arcaico agrado, a las derechas Se diría que andan empeñados en agravar lo malo de la transición, que es lo menos, y destruir lo bueno, que es lo más. Extraña selección política a la inversa. No es fácil entender esta absurda nostalgia de la República, esta devoción hacia una de las etapas más nefastas de nues- R tra historia contemporánea, en la que quebró la convivencia nacional y condujo al desastre de la guerra. Curioso progresismo éste que aspira al regreso al pasado peor. El Gobierno socialista, aliado con los separatistas y la izquierda radical, en una especie de nuevo frente antipopular. La Constitución, y la unidad de España sobre la que se asienta, se encuentra en peligro, no de reforma sino de destrucción. Acaso sean discípulos de Lampedusa y piensen que hay que destruir España para que permanezca unida o que hay que romper la Constitución para que siga vigente. El Gobierno parece aborrecer a casi la mitad del cuerpo social. Una cosa es cumplir el propio programa y otra excluir al principal partido de la oposición de la vida pública e impedir que pueda ser alternativa de gobierno. Una cosa es la imposición mesurada del criterio de la mayoría y otra el aplastamiento de la oposición. Ya se han dado algunos pasos hacia la apropiación de la Justicia y de la educación y hacia la consolidación de la hegemonía en los medios de comunicación. El dichoso talante se ha revelado antiliberal. Y no se acaba de entender que sea España el único país de la Unión Europea, y aún del Occidente democrático, empeñado en la faena de la desvertebración nacional, de la ruptura de la solidaridad y la cohesión entre sus tierras y sus hombres, y en el replanteamiento de su entramado institucional. Por lo demás, se antoja empeño condenado al fracaso y un expediente como para ir tirando y ganando tiempo, ya que la reforma constitucional requiere el apoyo del PP, del partido de la derecha abominada. Una cosa es estar en la oposición y otra en el gueto político. Un año después de las elecciones generales, podemos preguntarnos si el presidente del Gobierno ha cumplido su anuncio de gobernar para todos. La respuesta, hoy por hoy, es negativa. Pero la legislatura es joven y aún cabe la rectificación. N las solemnes celebraciones oficiales del 11- M, José María Aznar brilló por su ausencia como se decía antes en las crónicas de sociedad. Si la ausencia del ex presidente del Gobierno que sufrió el golpe terrible de la matanza no llamó más la atención de los medios y de la gente tal vez fuera porque se informó oportunamente de que Aznar se encontraba en Monterrey pronunciando una conferencia. Sin embargo, el propio Aznar, cuando le preguntaron en Méjico la razón de no haber asistido a los actos del 11- M, respondió escuetamente: No me han invitado Y ése es un olvido que merece ser investigado. Del Partido Socialista se puede esperar una cosa así o cualquier otra igual o parecida. Allí hay gente capaz de cometer una ordinariez semejante y de hacer un desprecio tan espectacular como ese. Pero María Teresa Fernández de la Vega, que es una presidenta de lengua larga, aclaró que no se había invitado a Aznar después de hablar con el PP Y en Prensa Latina encuentro a través de Internet una noticia referente a la estancia de Aznar en Méjico. Allí se afirma que la decisión de no invitar al ex presidente a los actos del 11- M se toma después de consultar con todas las fuerzas políticas, incluida aquélla de la cual Aznar es presidente de honor. La explicación de la vicepresidenta Fernández de la Vega fue recogida por El País sin darle importancia y sin hacer comentario alguno. Si fuese cierto que la ausencia de Aznar y la falta de invitación a los actos se deben a un acuerdo, pacto o enjuague entre socialistas y peperos, el hecho merecería una explicación de ambos partidos o al menos del PP. ¿Quién habló con quién? ¿Qué socialista negoció la exclusión de Aznar con qué pepero? ¿Y qué razones hubo para tomar una decisión tan llamativa? ¿Acaso se temía o se sospechaba que la presencia de Aznar en las celebraciones del 11- M desencadenaran otras manifestaciones espontáneas como las del sábado 13 de marzo? Este caso requiere sin duda una explicación de los máximos responsables del Partido Socialista y del Partido Popular. ¿Qué tiene que decir acerca de esta sonora ausencia Mariano Rajoy? ¿Y cómo explica la falta de invitación Rodríguez Zapatero, a quien Umbral llama presidente ferroviario con luminosa metáfora de poética política? No invitaron a Aznar, pero en cambio invitan a Mojamé VI, o permiten que se invite él mismo, cuando la responsabilidad del 11- M está literalmente plagada de terroristas marroquíes, y cuando acabábamos de enterarnos de que los servicios policiales de Marruecos aún no han facilitado a la Policía española el tipo de explosivo que los moros utilizaron en el atentado de Casablanca. Desconozco la importancia que pueda tener ese dato en la investigación del atentado de Madrid, pero de cualquier forma es una cooperación que merece la gratitud de todos los españoles a Marruecos. Y quizá el hermano menor del Rey Don Juan Carlos vino a recoger el reconocimiento español por esa cooperación y por la embajada de cortesía que envió a homenajear a las cabras de Perejil. Pero bueno, ¿qué pito tocaban, en el primer aniversario del 11- M, Mojamé VI en Madrid, y Aznar en Monterrey?