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ABC MARTES 15 3 2005 La Tercera VASCOS I amigo Juaristi nos dio el domingo día 6 un tirón de orejas a cuantos asistimos a la convocatoria del Foro de Ermua del 26 de febrero en Madrid. Si bien aprueba nuestras intenciones, cómo no pues no nos metíamos con nadie más que con Ibarretxe, nos tacha de pardillos por haber caído en la trampa semántica del esencialismo nacionalista Según su recusación, los 300.000 vascos desplazados o huidos del régimen nacionalista vasco en estos últimos veintitantos años, nada menos que 119.000 vascos desde que Ibarretxe fue legitimado por las urnas, tendríamos que ser madrileños, andaluces o lo que nos correspondiera según nuestra residencia fiscal actual. La identidad, de la que él mismo tantas y tan bellas páginas ha escrito, la reduce ahora a mera contingencia fiscal: Quienes nacimos en el País Vasco pero hemos fijado en otra parte nuestra residencia fiscal no somos ya vascos sino madrileños, andaluces o lo que nos corresponda Por ejemplo, a un padre con dos hijos que ha pagado dos veces el impuesto terrorista a ETA y decide que no habrá un tercer pago y se marcha a Almería con toda su familia pero no paga a la Hacienda andaluza porque sigue cotizando en el País Vasco y también votando, que es eso lo que más desea, Juaristi le llama nacional- esencialista. ¿De qué nacionalismo? ¿del vasco o del español? Malicio que no sea del vasco porque huyó de él, y tampoco creo que sea ningún peón subjetivo del nacionalismo español porque lo único a que aspira es a que en su tierra, en donde no fue protegido por el Estado de derecho, conste que él y los suyos tienen voz democrática y la quieren usar para cambiar aquel estado de cosas. Es decir, echa mano de la Constitución antes que echar mano de la pistola o de la ideología. Que vuelva o no allí alguna vez es otro asunto que nada tiene que ver con el esencialismo nacionalista, sino más bien con su psicología porque se va aflojando su ánimo a medida que pasan los años sin que el Estado de Derecho acabe con la tristisima noctis imago del terrorismo. Otro ejemplo, el de un profesor que huyó el año 2000, con una hipoteca de su casa pagada al 65 por ciento y una familia que reside todavía dentro de aquella casa pero él, provisionalmente, en Almería. Pero no se censa ni cotiza a la Hacienda andaluza pese a estar hipotecado en su nuevo domicilio almeriense y, por tanto, queda sin desgravaciones fiscales como primera vivienda ¿a causa de su nacionalismo español o del vasco? ¿qué esencias patrias le trasportan para que, pardillo de él, no se beneficie de la ley impositiva en su declaración fiscal, dado que lo que prefiere es que se acabe la situación de excepción en su tierra y ejercitar su derecho a volver a ella? Podría seguir enumerando casos de lo más variopinto de gentes variopintas, como somos todas, en los que unas optan por censarse en el nuevo lugar de residencia para facilitar la inserción escolar de sus hijos o no se censan porque deciden vivir separados de sus hijos, o con ellos pero asumiendo complicaciones administrativas y psicológicas de todo tipo. También hay vascos que, como Savater, Buesa o Calleja, por hablar de algunos que estábamos en la presentación del acto que Juaristi flagela, están censa- M No es esencialismo nacionalista alguno defender la Constitución y el derecho de cada cual a optar por el tipo de vida que él mismo decida dos en su nuevo lugar de residencia pero deciden defender la causa de la libertad. ¿De qué libertad? Simplemente, la del artículo 19 de la Constitución, que a los españoles nos faculta elegir libremente nuestra residencia y circular por el territorio nacional No es, por consiguiente, esencialismo nacionalista alguno defender la Constitución y el derecho de las personas- -como decíamos en aquella convocatoria- -sino, simplemente, defender el derecho de cada cual a optar por el tipo de vida que él mismo decida, y no lo que otros decidan por él. A Juaristi, que se siente fiscalmente bien en Madrid y decide creerse madrileño, está en su derecho, únicamente le pedíamos que se animara también él a unirse a nosotros en la defensa de nuestros derechos (de no ser madrileños o andaluces, sino vascos) y en la lucha por la dignidad, la libertad y la democracia que se ve atropellada a diario en la tierra que tuvimos que dejar Y, por supuesto, no sólo apelábamos directamente al apoyo de los españoles sino que les agradecíamos a todas las regiones de España la acogida solidaria que nos han brindado cuando dejamos nuestra tierra, haciéndonos partícipes del calor y la fuerza de unas costumbres y tradiciones que revelan la vigencia de esta cultura común y secular que nos fortalece a todos y que a todos nos aúna. Esa realidad cultural, histórica, lingüística, sociológica y política que ha hecho que ninguno de nosotros nos sintiéramos nunca inmigrantes, sino ciudadanos de pleno derecho, es España ¿Por qué decide Juaristi por otros vascos qué deban ellos ser cuando, expulsados, huidos o desplazados, afinquen en cualquier otra parte de Es- paña? ¿Por qué quiere que no sean ni se consideren a sí mismos vascos sino andaluces o madrileños? ¿Fui yo marroquí cuando afinqué más de un año en Marruecos y pagué impuestos? Allá cada cual con su identidad pues, si ésta no casa con la realidad en la que se desenvuelve, se va a llevar un gran sopapo psicológico, otro más, pero tal es precisamente la grandeza de la democracia: posibilitar a cada cual apetecer pero, también, activar las condiciones para el diseño de su propia persona. Ahora bien, si de entre esos trescientos mil vascos desplazados unos cuantos han decidido volver a su tierra cuando haya seguridad para sus vidas, deberá Juaristi reconocer que su señorío personal para elegir ser madrileño es un privilegio respecto al de aquéllos. Incluso diría que la naturaleza de ese privilegio es menos democrática que nacionalista. Precisamente debido a que el Estado que le faculta a él lo que no faculta a otros funciona con más déficit de democracia y respeto de los derechos humanos que con déficit nacional (al decirte, ya que no puedes vivir en tu tierra según tu derecho, al menos te ofrezco otra tierra de mi soberanía) Los vascos que queremos poder volver a residir sin problemas en nuestra tierra, pretendíamos únicamente, con todo nuestro agradecimiento a madrileños y andaluces, llamar la atención de los españoles porque nadie les informa que a diario más y más vascos deben dejar su tierra, con el consiguiente cambio en el censo vasco, cada día más moldeado al designio nacionalista (el nacionalismo, aun sin incrementar sus votos, aumenta su proporción mayoritaria precisamente porque nos vamos marchando los no nacionalistas) Decíamos también que si Ibarretxe quiere conocer la voluntad de los vascos, deberá incluirnos también a nosotros en la consulta, tras un plazo suficiente sin terrorismo ni ningún tipo de amenazas. Denunciábamos, además, el hecho de que el Gobierno vasco ayude a los presos terroristas y sus familias, y ampare a Batasuna pero no haya hecho nada para defender nuestro derecho a residir en nuestra tierra. Y nos oponíamos a que se haga cualquier reforma del Estatuto sin el consenso de todos los partidos democráticos. En esa convocatoria, nuestra crítica a Ibarretxe estaba cimentada sobre la injusticia de nuestros derechos individuales vapuleados, pero ¿qué mal hay en ello? Muchos de los allí presentes llevamos el culo pelado ya de criticar a Ibarretxe desde otros muchas perspectivas sociales, pero Juaristi deberá reconocer, además, que el que a España le sean amputadas ciertas regiones que deben su prosperidad al trabajo y ahorro de españoles de todas partes no es una razón más digna ni justa para oponerse a Ibarretxe que el que a un ciudadano le sean amputados sus derechos. Es más, salvo que uno sea nacionalista, la secesión territorial en un Estado de Derecho es condenable precisamente a fin de que a ningún ciudadano se le amputen sus derechos. No reconocerlo así podría ser tal vez la trampa del esencialismo nacionalista que tamquam leo cirquit quaerens quem devoret acecha a mi querido amigo. MIKEL AZURMENDI