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78 Economía LUNES 14 3 2005 ABC JUAN VELARDE FUERTES LA LUCHA POR LA PRODUCTIVIDAD U n fuerte desarrollo, es lo que demanda la opinión española desde el Siglo XIX, para volver a situarnos en términos de bienestar material en condiciones de igualdad respecto a los países europeos y norteamericanos que con nosotros constituyen la base de eso que se llama la cultura occidental. Desde 1959, España ha vuelto a acertar con el camino para lograrlo. Lo había prácticamente conseguido, como nos expone Leandro Prados de la Escosura, en su insustituible libro El progreso económico de España (1850- 2000) (Fundación BBVA, 2003) en el reinado de Isabel II. Recordemos que, respecto a la media de la que se puede denominar con este autor La Europa avanzada constituida por Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, Francia, Países Bajos, Reino Unido y Suecia, la convergencia del PIB español por habitante, homogeneizado en dólares estadounidenses con paridad de poder adquisitivo y precios corrientes, fue del 91 en 1850 y del 90,5 en 1860. Después, nos separaríamos. En 1870, en plena Revolución Gloriosa, el porcentaje fue del 75,8 en 1900, del 73,1 en 1933, del 66,3 en 1960, del 52,9 A partir de ahí comenzó un ascenso, que en 1976 había llegado al 71,7 y en 1999, al 73,7 El reto está ahí, y sobre todo, cómo resolverlo a corto plazo de modo ortodoxo. Hasta ahora mismo, crecen con enorme velocidad, respecto al mundo occidental, nuestro PIB y nuestro empleo. De acuerdo con la que se debe denominar estimación Alcaide, contenida en el volumen Balance económico regional. Años 1995 a 2003 (FUNCAS, octubre 2004) el progreso de la convergencia española en el periodo citado fue subir del 80,65 en 1965 al 93,42 en 2003, por lo que se refiere a la renta bruta española por habitante respecto a la UE de los quince Da la impresión de que ha concluido ese progreso, porque se basaba, sobre todo, en la demanda interior, así como en la industria de la construcción. La contrapartida ha sido el paso de un superávit en las cuentas exteriores a un déficit creciente. Estar en el área del euro enmascara lo preocupante de la situación. Pero, por mucho que no se perciba lo serio de la situación, los expertos saben que, si no se hace nada, la crisis, con todas sus consecuencias, nos golpeará con mucha fuerza. Deahí la necesidad de planear otro procedimiento: adoptar medidas capaces de mejorar, casi de inmediato, la productividad. Sobre esto es conveniente tener en cuenta el artículo del Economista Jefe para España y Europa del Servicio de Estudios del BBVA, Manuel Balmaseda, titulado Instituciones, regulación y productividad publicado en el Libro Marrón Los expertos saben que, si no se hace nada, la crisis, con todas sus consecuencias, nos golpeará con mucha fuerza del año 2004 del Círculo de Empresarios. Nos poneBalmaseda de relieve en ese trabajo que, así como en Estados Unidos los incrementos de empleo- -medido en horas de crecimiento anual- -van acompañados de ascensos en la productividad aparente del trabajo, medida por su crecimiento anual, nada de eso ocurre en Europa, y concretamente en España. Como dice Balmaseda, respecto a nuestra economía, ello parece indicar que no se ha producido un desplazamiento de la frontera de producción... sino una sustitución entre factores de producción Si estudiamos más a fondo lo que se oculta tras el problema de la competitividad de nuestras exportaciones, no esposible olvidar que, aparte de la productividad del trabajo, es preciso introducir factores institucionales que impulsen, con mayor o menor fuerza, la productividad totalde los factores, aparte de lo quesuponen las mejoras en investigación, desarrollo e innovación y la acumulación de capital cada vez más modernizado. El examen del avance de la productividad total de los factores para los países todos de la OCDE, en el periodo 1995- 2004, nos muestra una triste realidad para España. De los veinte estudiados, con una tasa anual de crecimiento de la productividad total de los factores para ese periodo del 3,5 para Irlanda; de más del 2 también, para el Reino Unido y Finlandia; y de más del 1 también, para Canadá, Dinamarca, Australia, Estados Unidos, Grecia y Suecia, nos encontramos con que por debajo del 0,5 de incremento, en tasa anual, sólo están, ordenadas, de mayor a menor, las economías de Alemania, Italia, España y Holanda. Al estudiar de cerca las causas de esta situación, se observaque uno de los factores esenciales para impulsar la productividad es la flexibilidad derivada de la ampliación de la economía de mercado. En España, los datos sobre esto son, desde luego, preocupantes. Según el Índice de libertad económica, que, cuanto más cercano a 1, mayor libertad existe, ordena- dos de mayor a menor libertad, entre los 155 países estudiados, España, según el trabajo de Marc A. Miles, Edwin J. Feulner, Mary Anastasia O Grady y Ana IsabelEires, Índice de Libertad Económica 2005. La relación entre las posibilidades de la gente y su prosperidad (TheHeritage Foundation. The Wall Street Journal, 2005) ocupa el puesto mundial 31. En la Europa de los 15, España tiene el puesto 13; sólo poseen menor libertad económica Portugal, con un índice 2,44, y Francia con uno de 2,63. Esto último nos hace comprender los pesimistas trabajos de Baverez La France qui tombe y de Camdessus, Le sursaut La cuestión es, naturalmente, ¿cómo aumentar esta libertad para mejorar nuestra productividad y así, tener mayor competitividad, y a la norteamericana, incrementar el empleo y la productividad total de los factores? Según el citado Índice de Libertad Económica 2005 España tiene como problema esencial, la existencia de regulaciones. De todos modos, un trabajo de William W. Beach y Marc A. Miles inserto en este volumen marca las ocho direcciones hacia las que deben marchar los dardos de la política económica cuando buscan eliminar una economía con poca productividad total de los factores: borrar la corrupción; eliminar las barreras no arancelarias al comercio exterior; disminuir la carga impositiva del Gobierno; cumplimiento estrictode las condiciones del Estado de Derecho; rebajar la carga recaudatoria sobre las actividades comerciales, incluyendo las relacionadas con los sectores de la salud, la seguridad y en medio ambiente; rebajar las restricciones a la acción de los bancos; flexibilizar el mercado del trabajo, sobre todo disminuyendo los pagos obligatorios a la terminación de la relación laboral; finalmente, liquidarlas actividades de la economíasumergida. Esas misteriosas cien medidas del Gobierno Zapatero, tan parcialmente difundidas, ¿tienen algo que ver con esto? Ojalá sean congruentes.