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50 Cultura LUNES 14 3 2005 ABC POP Keane Concierto de Keane. Tom Chaplin (voz) Tim Rice- Oxley (piano) y Richard Hugues (batería) Lugar: Sala Divino Aqualung, Madrid. Fecha: 12- III ÓPERA Teatro Real Carnicer: Elena e Costantino Intérpretes: R. Rosique, R. McPherson, S. Pirgu, E. Santamaría, L. Regazzo, M. Cantarero, D. Menéndez, Coro y Orquesta Titular del Teatro Real. Director: J. L. Cobos. Lugar: Teatro Real. Fecha: 12- III GUITARRAS AUSENTES PABLO CARRERO SER O NO SER ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE e han hecho enormemente populares gracias a unas melodías ciertamente afortunadas, a una voz poderosa y versátil y, quién sabe en qué medida, gracias a un truco tontorrón consistente en presentarles como nuevos revolucionarios de la música pop por el hecho de no usar guitarras ni en sus discos ni en sus actuaciones. Pues bien, lo primero que a uno se le viene a la cabeza cuando ve a Keane en directo es lo bien que le vendría al grupo un guitarrista, por no hablar de un bajista, hueco que, éste sí, suplen con el feo recurso de llevar los bajos pregrabados. Y es que la puesta en escena del trio británico es más bien tristona. Un cantante desgarbado y con cara de estudiante aplicado que todavía no sabe muy bien qué hacer con su cuerpo mientras suena la música, un buen batería aunque no especialmente espectacular, y un pianista también correcto pero que no es precisamente Ben Folds, cuyos discos también prescinden habitualmente de las guitarras sin necesidad de airearlo a bombo y platillo y, por otra parte, con resultados más lustrosos. S Los cuatro componentes del grupo, con el español Carlos Marín a la derecha ABC Hoy se presenta en España Il divo grupo formado por cuatro cantantes líricos (entre ellos el barítono español Carlos Marín) que ha vendido en Gran Bretaña un millón de discos or qué con cada audición de una ópera histórica escrita por un autor español se desentumece la vieja, viejísima, polémica de la ópera española? ¿Sigue abierta una herida que hunde sus raíces en nuestro maltrecho siglo XIX? ¿Quizá se pretenda justificar la necesidad de programar un repertorio olvidado? El caso es que se vuelve a hablar de la ópera española. Y hay quien resume el asunto reduciéndolo a una cuestión de cantidad, como si los cientos de partituras que se conservan asegurasen la pervivencia de un estilo, es decir, de una manera de ser que por su singularidad diera cuerpo a la españolidad del producto. Con más finura, hay quien afirma que existir significa ser, de manera que es ahora Elena e Costantino de Carnicer la obra que tendría que demostrarnos la ociosidad de quienes, durante más de un siglo, estuvieron rondando el tema, mientras éste se escurría por entre los dedos. ¿P Clásicos de diseño TEXTO: JULIO BRAVO Italianizante Y hete aquí que una buena parte del público que ha acudido a nuestro Teatro Real descubre no ya que Elena e Costantino es dignamente italianizante, como es de rigor, sino estrictamente rossiniana, qué ya es admirar semejante dedicación a la moda del momento. Así que por aquello de ser fieles al estilo todo fue disfrutar con la esencias belcantistas que fueron capaces de extraer un reparto muy notable que pivotó entre la vigorosa presencia vocal de Saimir Pirgu y la más inestable de Robert McPherson. Se aplaudió el buen acabado de las acrobacias que en el segundo acto realizó Mariola Cantarero, los algo viciados apuntes de teatralidad de Lorenzo Ragazzo, quien dio buena cuenta y bandeó con seguridad y fortuna un papel cansado y abundante, la gallardía de Ruth Rosique resolviendo en el último momento la ausencia de Isabel Rey, además de las bienhechuras de David Menéndez y Eduardo Santamaría. La rugosa actuación del coro y la asistencia de una orquesta de espeso sonido y desigual fortuna en el acabado completaron un conjunto llevado con conveniencia por Jesús López Cobos. Así, hemos conocido un poco mejor al bueno de Ramón Carnicer, que es importante; se ha pasado un rato entretenido gracias a la bienandanza de su partitura, que es muy sano; y se ha aplaudido la sensatez del esforzado trabajo de los intérpretes, que es de justicia. Hasta la próxima. Más modesto Lo de Keane es más modesto. Está bien, seguramente, para un local pequeño, para un concierto algo más informal. Pero un grupo de su popularidad, que actúa en recintos de notable capacidad, parece que estaría obligado a ofrecer un espectáculo más sólido y completo. Por lo demás, las canciones de Keane funcionan, y el público, que abarrotaba la sala agradece, corea y aplaude cada una de ellas. Son canciones sencillas, breves, accesibles y directas, impulsadas por una voz potente aunque con ese punto en ocasiones irritantemente llorón que tanto gusta a los británicos últimamente. El concierto fue breve. El propio Tom Chaplin, líder de la banda, reconoció que les gustaría tener más temas para poder seguir, pero que, después de haber interpretado su primer y único álbum hasta la fecha, Hopes and Fears no había más donde rascar. Tampoco hacía falta mucho más, en realidad. El público parecía complacido de haber asistido a la presentación de un grupo en pleno despegue, cuyo rápido crecimiento le exige algo más, pero que en Madrid demostró que al menos de momento se defiende ante, eso sí, un a audiencia tremendamente condescendiente y agradecida. MADRID. El éxito de Il divo en Inglaterra ha sido tan inmediato como incuestionable. Pocos días después de que se pusiera a la venta en aquel país su primer disco ya se encaramaron al número uno de las listas. A pesar de que se publicó el 1 de noviembre, fue el décimo disco más vendido del año, y ya han alcanzado el millón de copias vendidas. Han protagonizado un anuncio de una marca de relojes y también son disco de oro en Noruega e Irlanda. Ahora llegan a España, un país al que no son del todo ajenos: el primer single es una canción en español- Regresa a mí versión de Unbreak my heart popularizada por Toni Braxton- -y en el cuarteto figura un español: Carlos Marín, un barítono bien conocido para los aficionados al musical, ya que ha participado en montajes como Los miserables o El hombre de La Mancha y fue el protagonista de la producción madrileña de La bella y la bestia Il divo es uno de los últimos productos de laboratorio de la industria discográfica. Durante dos años se estuvo probando a cantantes de origen lírico hasta conformar un cuarteto que reuniera las características requeridas por sus productores: buena presencia- -para la promoción les ha vestido Ar- mani- juventud y voces hermosas. Además de a Carlos Marín, se eligió a un tenor estadounidense, David Miller- -que entre otros títulos cantó West Side Story en La Scala de Milán junto a Montserrat Martí, la hija de Montserrat Caballé- un autodidacta francés, Sebastien Izambard; y un tenor suizo, Urs Buhler. Durante la primera mitad del pasado año grabaron en Londres su primer disco, titulado con el nombre del cuarteto, Il divo La fórmula no es nueva: cantantes de origen clásico que abordan un repertorio popular, en este caso de claro perfil romántico. Según la propia discográfica, Sony- BMG, se trata de un nuevo concepto vocal con cuatro jóvenes cantantes de prestigio internacional que con grandes facultades técnicas y virtuosismo interpretan canciones del repertorio popular de todas las épocas con el acompañamiento de una gran orquesta El disco incluye, además del tema mencionado, otras once canciones en español, inglés e italiano. Entre ellas figura A mi manera una versión del My way que popularizara Sinatra; Feelings Ti ameró The Man You Love Passerá o Nella fantasía una canción sobre la banda sonora de La misión de Morricone.