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ABC DOMINGO 13 3 2005 Cultura 69 Los fondos de inversión de alto riesgo permiten a una nueva generación de financieros sumar deprisa cifras fabulosas. Uno de ellos, Steve A. Cohen, ha volcado sus inversiones en el arte contemporáneo y remueve hasta los cimientos el coleccionismo Un nuevo magnate en Wall Street sacude el mercado del arte ALFONSO ARMADA NUEVA YORK, Archer M. Huntington, William Randolph Hearst, J. Pierpont Morgan, Andrew Carnegie o Henry Clay Frick no sólo forjaron fortunas que forman parte del despegue industrial y financiero estadounidense de fines del XIX y principios del siglo XX, sino que como buenos puritanos dedicaron parte de sus formidables riquezas a la filantropía y a adquirir arte europeo- -los dos primeros, con un especial ojo para el patrimonio español, entonces casi del todo inerme- tesoros que acabaron nutriendo grandes museos estadounidenses: una devolución a la sociedad de los dones adquiridos gracias a la propia diligencia y la bendición divina. La especie se ha prodigado a lo largo del siglo XX, pero a caballo de otros dos siglos una nueva generación de magnates, inmensamente ricos gracias a su habilidad como jugadores de bolsa desde fondos de inversión de alto riesgo, han entrado como un ciclón en el mundo del arte moderno y contemporáneo. Uno de los casos más asombrosos es el de Steven A. Cohen, que, si en los últimos dos últimos años se ha llevado a casa más de 700 millones de dólares, amasó en el lustro pasado una considerable colección de arte moderno y contemporáneo, para lo que gastó más de 300 millones de dólares, y ha sacudido así el autocomplaciente mercado del arte. Desde Manet y Monet, a Warhol y Damien Hirst, Steve A. Cohen no repara en precios cuando quiere cobrar una pieza. Midas de 48 años Bajo el título Un nuevo príncipe de Wall Street utiliza su riqueza para comprar arte el New York Times llevaba recientemente a su primera página el caso de Cohen, una anomalía en el negocio de los fondos de riesgo (en los que puedes multiplicar tu fortuna en unas horas, o perder hasta la camisa) según comentó al diario George Fox, inversor fiel a SAC Capital, la mina de oro de este nuevo midas de 48 años, al que no le gusta que le entrevisten o le fotografíen. Acaso que desde joven le gustara el mundo de la bolsa y que su infancia transcurriera en Great Neck, donde Joe Gatsby (el personaje inventado por Francis Scott Fitzgerald) tenía su mansión, no sea del todo ajeno a su destino ni a sus cautelas. No ha tenido tres años buenos, sino veintitrés añade Fox. Los retornos de sus inversiones han llegado al 60 por ciento. El año pasado, sus fondos obtuvieron un 23 por ciento. Aunque obliga a sus 70 empleados a firmar cláusulas de confidencialidad, gente que le ha visto hacer negocios di- Nenúfares de Monet, es una de las obras adquiridas por Steven A. Cohen ce que jamás pierde los estribos, y nunca se sabe si está teniendo el peor o el mejor día de su vida. Su colección es muy personal. Se implica emocionalmente, tiene buen ojo y conoce las obras en su contexto. Esos son los ingredientes que hacen un buen coleccionista comentó al Times Donald B. Marron, presidente de otro fondo de alto riesgo y patrono del Museo de Arte Moderno de Nueva York. Cada vez que se corre la voz de que Cohen ha pagado 52 millones por un pollock o 25 millones por un warhol, marchantes y coleccionistas enarcan las cejas. Es la comidilla de un mercado donde destacan figuras como el magnate de la cosmética Ronald S. Lauder, el propietario de casinos y hoteles de Las Vegas, Stephen A. Wynn, el editor S. I. Newhouse o financieros como Leon D. Black y Henry R. Kravis. Forbes estima la fortuna de Cohen en 2.000 millones de dólares. A diferencia de otros príncipes de Wall Street, Cohen no ha utilizado su dinero para acceder a los círculos dorados de Manhattan o el patronazgo de museos como el Metropolitan, aunque recientemente ha dado el primer paso al ingresar en el comité de compras de pintura y escultura del MOMA. Autodidacta, se ha hecho con una biblioteca de referencia de 4.000 títulos. Suele acudir a las grandes pujas, aunque prefiere los miradores acristalados sobre la sala, mientras sus marchantes persiguen la pieza. Sin embargo, no siempre se sale con la suya, y prefiere retirarse a tiempo. Se plantó ABC Retrato robot del rey del mercado Steven A. Cohen 48 años. Vive en Greenwich, Connecticut. Propietario de SAC Capital, fondo de inversión de alto riesgo, con retornos de entre un 13 y un 60 por ciento. Ha invertido en los últimos cinco años más de 300 millones de dólares en arte. Algunas de sus piezas de caza mayor: Número 8 de Pollock, 52 millones de dólares; Superman Warhol, 25 millones; Nenúfares Monet, 20 millones; Manet con su paleta Manet, 20 millones; La imposibilidad física de la muerte en la mente de alguien vivo (tiburón tigre en formol) Damien Hirst, 8 millones. en los 80 millones de dólares cuando el año pasado Niño con pipa de Picasso, devolvió al malagueño al cénit de los récords. El cuadro fue finalmente vendido por 104 millones de dólares. Gente que le ha visto hacer negocios dice que Steve A. Cohen jamás pierde los estribos, y nunca se sabe si está teniendo el peor o el mejor día de su vida