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ABC DOMINGO 13 3 2005 Los domingos 63 rry S. Black. El trío se embarcó en la aventura de erigir un edificio de 19 pisos, lo que entonces se consideraba un rascacielos, para convertirlo en el hotel más elegante del mundo. La construcción se demoró dos años con un coste de 12,5 millones de dólares. Cantidad extravagante en su momento, pero similar a lo que podría costar alguno de los futuros apartamentos privados. El arquitecto Hardenbergh se inspiró en la ensoñación de un elegante château francés del Renacimiento. No se escatimaron gastos en ningún momento. Desde el pedido sin precedentes de una masiva vajilla con decoraciones de oro realizado a la firma L. Straus Sons, hasta una inversión fabulosa en mármoles, cristales, maderas preciosas y 1.650 chandeliers El establecimiento abrió el 1 de octubre del 1907. El primer huésped fue el multimillonario Alfred Vanderbilt, acompañado por su esposa. En la actualidad, la suite Vanderbilt, con sus tres dormitorios, la ocupaban los más distinguidos visitantes en una clientela compuesta por reyes, presidentes, embajadores, estrellas, ejecutivos y mitómanos viajeros. Un toque de cine En la formación de toda esta leyenda, Hollywood también ha jugado su papel. Aunque el Plaza apareció de pasada en algunas películas, su gran debut cinematográfico se produjo en 1959 bajo la dirección de Alfred Hitchcock en el clásico Con la muerte en los talones Desde entonces, el hotel ha aparecido en más de treinta largometrajes como Eso del matrimonio Tal y como éramos El gran Gatsby Descalzos por el parque Funny Girl Cotton Club Cocodrilo Dundee y Solo en casa Para colmo, el hotel ha venidos siendo durante medio siglo residencia de la ficcional Eloise, protagonista de los cuentos infantiles escritos por Kay Thompson. La historia de esta huésped permanente en el corazón de Manhattan, bajo la relativa supervisión de su nanny británica, ha cautivado a generaciones de pequeñas lectoras en una saga literaria que empezó con la escueta presentación: Me llamo Eloise. Tengo seis años. Soy una niña de ciudad. Vivo en el Plaza A partir del 30 de abril, todo este mítico cuento de hadas, bodas de ensueño, té de media tarde, cócteles nocturnos, galas y memorables estancias va a terminar abruptamente. Irónicamente, entre sus últimos y distinguidos huéspedes se encuentran los evaluadores del Comité Olímpico Internacional, encargados de calibrar las posibilidades de Nueva York como sede de los Juegos del 2012. Para salvar el alma del Plaza y sus puestos de trabajo, los porteros, cocineros, doncellas, equipos de mantenimiento y botones han empezado a manifestarse en la puerta, buscando el apoyo de las autoridades locales y las celebridades del vecindario contra este interesado punto final a toda una esplendorosa época en Nueva York. Pero el ayuntamiento liderado por el republicano Michael R. Bloomberg ha reconocido ya que los nuevos dueños tienen derecho a hacer cambios y maximizar sus beneficios Sinatra, en su suite, atendido por su barbera favorita, Frances E. Murphy, en 1949 Palm Court de mármol en una especie de vestíbulo, y el historiado gran salón de baile- -donde Truman Capote organizó en 1966 su legendaria velada en blanco y negro- -formará parte de esos grandes almacenes que aspiran a competir con el londinense Harrods. La fachada del Plaza- -edificio diseñado por Henry Hardenburght en las antípodas de su cercano edifico de apartamentos Dakota- -está protegida como monumento nacional, pero el interior no. Los nuevos dueños se plantean rentabilizar al máximo el espacio, evitando los gigantescos apartamentos que coronan la mayoría de los penthouses en torno a Central Park. El mayor de los pisos se limitará a una superficie de 350 metros cuadrados, aunque siempre habrá sitio para acomodar a inquilinos con dinero suficiente para pagar más espacio. En una ciudad donde el precio medio de un apartamento ya se sitúa en el millón de dólares, los del Plaza pueden salir a un coste superior a los 30.000 dólares por metro cuadrado. Una típica habitación de las 805 disponibles en el actual Plaza mide unos 45 metros, en torno a los 300 dólares noche según la temporada, con tarifas disparadas en codiciadas fechas como las Navidades. Cotton Club la película homenaje a una sala tan famosa como el propio Plaza durante la Ley Seca, utilizó el hotel para algunas de sus escenas Cocodrilo Dundee la rudeza rústica del personaje australiano era evidente en la suave atmósfera de su habitación del Plaza Dentro de la locura inmobiliaria de Nueva York, el Plaza no está solo. El vecino hotel Saint Regis, a tres manzanas, ha anunciado planes para transformar 59 de sus 315 habitaciones en apartamentos. Y Donald Trump también se ha encargado de reconvertir el Mayflower, Empire y Delmonico. Al final, pese a su formidable aspecto y su reputación internacional, el Plaza no ha resistido esta tendencia, pese a haber alcanzado el año pasado una tasa de ocupación superior al ochenta por ciento tras superar el bajón del 11- S. En su génesis, el Plaza fue producto de la cooperación empresarial entre el financiero Bernhard Beinecke, el hotelero Fred Sterry y el constructor Ha-