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60 Los domingos DOMINGO 13 3 2005 ABC HISTORIAS DE NUEVA YORK Casi centenario, el famoso hotel ha mantenido abiertas sus puertas en el enclave privilegiado de la Quinta Avenida y Central Park Son cosas que pasan. Al nuevo propietario le interesa mucho el futuro del Plaza, pero no el hotel, que no le resulta rentable. Adiós a su brillante historia, y bienvenidos esos apartamentos- -a 30.000 dólares el metro cuadrado- -a punto de construirse Un pelotazo inmobiliario cierra el legendario hotel Plaza l ranking de los hoteles de lujo, el Plaza de Nueva York siempre ha ocupado desde su privilegiada esquina un puesto especial, hasta llegar al estatus de leyenda con ayuda, entre otros, de F. Scott Fitzgerald, Alfred Hitchcock, los duques de Windsor, Truman Capote y la serie de cuentos infantiles protagonizada por la traviesa pero encantadora Eloise. Durante casi un siglo, la rutilante historia de este establecimiento hotelero de la Quina Avenida, entre las calles 58 y 59, ha servido para acuñar el dicho de nun- Ene TEXTO: PEDRO RODRÍGUEZ CORRESPONSAL ca sucede algo sin importancia en el Plaza Pero hasta esa torre de sofisticación en Manhattan han llegado las turbias aguas de la globalizada especulación inmobiliaria. El Plaza- -tras pasar por varios dueños, como Conrad Hilton, Donald Trump y el príncipe saudí Al- Walid bin Talal- -fue adquirido el año pasado por el magnate israelí Yitzhak Tshuva, quien tras pagar 675 millones de dólares por esta propiedad ha demostrado que no tiene interés en mantener este emblemático hotel. Las ambiciones de Tshuva y su grupo inversor El- Ad implican cerrar el Plaza en abril para acometer una reforma especulativa que culminará en 200 apartamentos de superlujo, unos grandes almacenes y un pequeño hotel lateral de 150 habitaciones sin vistas a Central Park. Este pelotazo inmobiliario ha conseguido sublevar un poco a Nueva York, generando una peculiar campaña (www. savetheplaza. com) en defensa del Plaza como si se tratara de fauna exótica en vías de extinción. Una polémica que abarca desde protestas por la pérdida de un millar de puestos de trabajo hasta la amenaza para una serie de históricos escenarios sociales con categoría de monumento nacional, como el gran salón de baile, el restaurante Palm Court o el bar Oak Room. Los nuevos dueños del Plaza argumentan que el hotel estaba anticuado, perdía dinero y que, en virtud de la nueva configuración, la propiedad quedará más abierta al público. Se espera reabrir el Oak Room con toda su barroca decoración de madera como un restaurante independiente, convertir el