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54 Sociedad DOMINGO 13 3 2005 ABC MARCELLE PARMENTIER Viuda de Félix Rodríguez de la Fuente Creo que Félix murió sin saber lo importante que fue su paso por la vida MADRID. Marcelle Parmentier nos recibe en su casa a media tarde, una cita que estuvo a punto de posponerse porque debía inseminar a unos halcones. Y es que no sólo aprendió y compartió con su marido, Félix Rodríguez de la Fuente, su pasión por la naturaleza, sino que la ha heredado y ha continuado con uno de los primeros trabajos de su mentor, el control de aves en los aeropuertos, labor que desempeña desde los años setenta. Con motivo del 25 aniversario de la muerte del que fue pionero de la divulgación medioambiental en España, cuya vida se truncó en las frías tierras de Alaska, Marcelle compartió con ABC sus recuerdos y el legado de su marido. -Han pasado 25 años desde la muerte de su marido, ¿cree que su mensaje sigue vivo? -Sí, y creo que ha ido in crescendo La protección, el cuidado y el respeto del medio que nos rodea está en la conciencia social. Pero todo se inició con Félix, no sé si por él mismo o por las circunstancias que le rodearon, pero se ha hablado de un antes y un después de Félix. -Ha habido muchos seguidores de su labor, pero ninguno ha sabido transmitir el mensaje con tanto éxito. -De esa forma, nadie. Félix es un molde que se ha roto y es muy difícil reproducir el personaje, es muy singular. Una persona que tiene esas dotes de transmisión y comunicación, como él tenía, y una gran preparación, porque desde muy pequeño estuvo en contacto con la naturaleza. Era el mejor embajador de la vida, con V mayúscula, en todas sus manifestaciones en el mundo de los hombres. Por eso me pareció dramático que la vida haya calculado mal y lo haya retirado tan pronto. ¿Tenía un carisma especial? -Sin duda. Tenía un poder de transmisión total, era un líder nato. Y su mensaje ha calado profundamente en España, ha sido un revulsivo de las conciencias. Yo recuerdo después de su accidente haber leído precisamente en ABC a Joaquín Calvo Sotelo decir que tenía a un país entero pendiente de sus tribulaciones, y eso es mucho mérito. -Y contaba con el cariño de la gente. De hecho, además de premiarse su labor como comunicador, recibió premios a la popularidad y al personaje más admirado. -Para que vea lo importante que es poder transmitir algo postivo a sus semejantes. De hecho, tengo entendido que después de la época que pasó por este mundo, Ciencias Biológicas aumentó su alumnado de una forma espectacular. Después de su muerte ha habido una nueva conciencia en España, de una conciencia antropocéntrica, en la que todos somos el centro de todo y todo está bajo nuestro dominio, se ha pa- Convencida de que la visión global del medio ambiente que tenía su marido era precursora en su tiempo Marcelle Parmentier recuerda su carrera prematuramente truncada TEXTO: ARACELI ACOSTA FOTOS: JULIÁN DE DOMINGO Portada de ABC, 21 de octubre de 1964 para la protección de las aves de presa, cuya destrucción se premiaba en esa época. Gracias al auge que dio toda aquella cuestión se consiguió que en España hubiera, incluso antes que en Francia, una ley que protegía a las aves de presa. La desaparición de una especie silvestre a Félix le tenía destrozado, porque es la señal de alarma de que el ecosistema está desequilibrado. -La especie que quizás más ayudó a desmitificar su marido fue el lobo. ¿Es cierto que su amor por este animal empezó cuando iba a participar en una cacería y se encontró de frente con la mirada de uno de ellos? -Sí, de pequeño y le impactó muchísimo. Es que Félix interpretaba la naturaleza mejor que nadie, porque cuando era niño era la Guerra Civil en España y su padre no quiso que fuera a la escuela y él estaba suelto en el campo con sus amigos y tenía todo controlado en el pueblo donde vivía, los cangrejos del río, los pajaros que anidaban bajo las tejas... tenía un gran afán y una enorme curiosidad. ¡Y bendita curiosidad! Yo creo que eso es un maridaje con el medio natural maravilloso. -El mayor maridaje lo tuvo con los lobos. Usted dijo que su loba Sibila se enamoró de Félix. -Efectivamente. A Sibila cuando llegó su época de celo le gustaba bastante más Félix que el lobo que le correspondía y no se sabe si ella se veía como un hombre o si veía al hombre como un lobo, pero Félix decía: Si las mujeres fueran tan femeninas como mi loba Sibila otro gallo nos cantaría Ella hacía unos movimientos laterales, el pelo se le inflaba, la cola hacia arriba preciosa, los ojos oblicuos ¡con un color! el hocico brillante y le hacía unas carantoñas que era una maravilla verla. Marcelle Parmentier ante un cuadro de su marido, obra de Toral sado a una biocéntrica, en la que formamos parte de todo. Yo, por ejemplo, era muy aficionada al campo, pero nunca había tenido la visión de la vida hasta después de conocer a Félix, en el sentido de la pertenencia, que somos uno más en este enorme consorcio vital que hay sobre el planeta. Y ese es un sentido de la integración que yo no tenía, eso lo he aprendido con él y mucha gente también. Por eso creo que Félix se ha ido de este mundo sin saber lo importante que fue su paso por la vida. -Usted le conoció poco después de que él terminara Estomatología. ¿Qué le hizo cambiar de rumbo, de la medicina a la naturaleza? -Fue casual. Si no, seguramente hubiera dedicado parte de su tiempo a su profesión y el resto a estar en el campo. Era un biólogo nato. Estaba siempre estudiando el mundo natural e impregnándose de él. Pero casualmente, a raíz de un concurso de cetrería en 1964 le llamaron de televisión porque había salido una portada en ABC. A lo mejor todo viene de la portada de ABC, todo el camino que recorrió después, la televisión, la radio, los medios escritos... Entonces, él salió en televisión y como tenía tanta facilidad de palabra y contaba cosas interesantes la gente reclamó que volviera y nunca lo dejó. ¿Cómo vivió con él esas primeras apariciones en los medios? ¿Cómo recuerda la portada de este diario? -Gratamente, me gustó mucho porque estéticamente era una portada preciosa, se veía a Félix lanzando un halcón, era muy impactante. Y él estaba satisfecho, encantado. Hay que pensar que estaba ya luchando con el ICONA