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34 Internacional DOMINGO 13 3 2005 ABC Una ciudad nipona paga 7.126 euros por el tercer hijo para aumentar la natalidad Con 1,29 hijos por pareja, Japón tendría 27 millones de habitantes menos en 2050 b El creciente individualismo, los Un hombre mata en EE. UU. a siete personas en un oficio religioso y luego se suicida AGENCIAS BROOKFIELD (EE. UU. Un hombre armado mató ayer a siete personas que asistían a un oficio religioso en un hotel de Brookfield, en el Estado de Wisconsin, y posteriormente se suicidó, según indicó la Policía de la localidad. Cuatro de los heridos fallecieron de inmediato, mientras que otras tres víctimas murieron mientras eran trasladadas en ambulancia al Hospital Froedtert, en la cercana localidad de Wauwatosa. Además, según indicó el portavoz de la Policía, Gene Purno, otras siete personas resultaron también heridas, además de los tres que perdieron camino del centro hospitalario. Las víctimas mortales son personas comprendidas entre todas las edades, desde adolescentes hasta los sesenta años. La tragedia tuvo lugar a primera hora de la tarde de ayer cuando un hombre, que aún no ha sido identificado, abrió fuego en una convención religiosa, donde se habían reunido los miembros de la iglesia Living Church of God que se celebraba en el Hotel Sheraton de Brookfield. Tras la sorpresa inicial y antes de que ninguno de los presentes pudiera hacer algo, el agresor encaró su propia arma y se suicidó de un disparo. De momento se desconocen los motivos, aunque la Policía ha anunciado que abrirá una investigación para aclarar lo sucedido. matrimonios tardíos y la dificultad para combinar la vida laboral con la familiar amenazan la supervivencia de la sociedad japonesa PABLO M. DÍEZ. CORRESPONSAL PEKÍN. En Yamatsuri, un pequeño pueblo de siete mil habitantes enclavado al norte de Japón, quieren hacer verdad aquello de que hay niños que nacen con un pan debajo del brazo. Pero este famoso dicho popular no se va a hacer realidad por la riqueza de una de las sociedades más desarrolladas del planeta, sino para combatir los bajos índices de natalidad que amenazan a la ciudad, que hace una década tenía 400 vecinos más, y al resto del país. Mínimos históricos Y es que las alarmas sobre el futuro de la población han saltado en Japón después de que, en 2003, la tasa de nacimientos se desplomara hasta un mínimo histórico de 1,29 hijos por pareja. Una cifra preocupante que, en el caso de Tokio, no llega ni al vástago por familia. Ante el riesgo que entraña tan grave descenso, el Ayuntamiento de Yamatsuri ha decidido, según informaba ayer la agencia AP, pagar un millón de yenes (7.126 euros) a toda mujer que tenga un tercer hijo. Esta cantidad se repartiría entre los 3.563 euros que la familia recibiría en los tres meses si- guientes al alumbramiento y los 356 euros que percibiría cada año hasta que el niño cumpliera once años. Sin embargo, para beneficiarse de este suculento incentivo a la procreación, la progenitora debe haber vivido durante más de un año en dicha localidad y fijar allí su residencia. De esta forma, las autoridades de Yamatsuri, donde en los dos últimos años sólo han venido al mundo 90 críos, quieren invertir una tendencia demográfica a la baja que pone en peligro la estabilidad social del imperio del sol naciente y hasta su propia supervivencia. No en vano, las predicciones estiman que Japón, que llegará a los 127,7 millones de habitantes el próximo año, verá reducida su población hasta los 100 millones durante la segunda mitad de este siglo. La situación se volvería especialmente delicada en torno al 2040, cuando se podría equiparar el número de personas en edad de trabajar con el de mayores de 65 años, por lo que el sistema de pensiones podría sufrir una bancarrota de consecuencias catastróficas. Por si fuera poco, y en caso de continuar así, sólo 64 millones de personas habitarían el archipiélago en el 2100, por lo que el pueblo nipón correría el riesgo de extinguirse al cabo de unos pocos siglos. Niños japoneses en una guardería REUTERS mentada por los amplios sectores de la sociedad japonesa tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. Con un creciente individualismo, son cada vez menos las mujeres convencidas de que el matrimonio es, como sostenían las generaciones anteriores, el hanamichi (la vía real) de su vida. En su lugar, han proliferado los bankons (bodas tardías) y han crecido las reticencias a tener descendencia por la dificultad que entraña conjugar la competitiva vida laboral nipona con la educación de un hijo. Por este motivo, y según una reciente encuesta del prestigioso periódico Yomiuri Shimbun, la mayoría de las japonesas muestran preferencia por quedarse solteras. Profunda transformación Entre las razones que explican este drástico descenso de la natalidad está la profunda transformación experi-