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16 Nacional DOMINGO 13 3 2005 ABC El Gobierno acoge con satisfacción la propuesta de nuevo embajador de EE. UU. Los socialistas destacan su origen hispano y su marcado perfil político interpreta como una muestra del deseo de Washington de mantener unas relaciones estrechas con España G. LOPEZ ALBA L. AYLLÓN MADRID. El Gobierno ha acogido favorablemente la decisión de la Administración estadounidense de elegir un político de cultura hispana como nuevo embajador en España. Como adelantó ayer ABC, se trata de Eduardo Aguirre, de origen cubano, que en la actualidad ocupa el cargo de director de servicios de ciudadanía e inmigración en el Departamento de Seguridad Interior. El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y su equipo de política exterior, conceden gran valor al hecho de que se trate de alguien con un perfil político relevante ya que por su cargo actual, al que llegó en agosto de 2003, tiene rango de subsecretario y bajo su responsabilidad caen los trámites de naturalización y todos los servicios de inmigración, una cuestión de mucho calado en Estados Unidos y muy ligada al fortalecimiento de la seguridad del país. b El Ejecutivo lo Exteriores espera un gesto de Castro en materia de derechos humanos L. A. MADRID. El Gobierno confía en que el ministro de Exteriores de Cuba, Felipe Pérez Roque, haga, durante su visita a España, un gesto en materia de derechos humanos, según indicaron a ABC fuentes gubernamentales. Pérez Roque se entrevistará mañana con su colega español, Miguel Ángel Moratinos, quien le insistirá en la necesidad de que La Habana dé respuesta a la nueva actitud mostrada por la UE. En la agenda de Pérez Roque sólo figura el contacto con Moratinos, aunque es previsible que también acuda al Palacio de la Zarzuela para entregar al Rey un mensaje personal de Fidel Castro, cita que la Casa del Rey no ha incluido en su agenda. Tampoco ha sido confirmada una reunión con Zapatero, que estaría en función de si hay gestos claros, como podrían ser nuevas liberaciones de presos. Además, Moratinos planteará al canciller cubano la devolución a España del Centro Cultural Español de La Habana, del que se incautó Castro en junio de 2003 alegando que era utilizado para actividades consideradas contrarias a la legislación de Cuba. Las fuentes consultadas resaltan además que su origen hispano debe contribuir al entendimiento por la identidad lingüística y cultural La secretaria de Política Internacional del PSOE, Trinidad Jiménez, coincidió en este análisis y señaló que se trata de un gesto positivo de la Administración Bush que, en su opinión, contribuirá a mejorar una relaciones que ya están muy normalizadas Amplia experiencia En medios gubernamentales se interpreta la decisión de Bush como una muestra de su deseo de abrir un nuevo capítulo en las relaciones y no se considera que la circunstancia del origen cubano de Aguirre sea una advertencia a Zapatero por la apertura que ha demostrado hacia el régimen de Fidel Castro. Por el contrario, se subraya que Bush parece considerar importante contar en Madrid con un hombre de confianza y con una dilata experiencia. El perfil de Eduardo Aguirre es muy distinto del que tenía el anterior embajador, George Argyros, un hombre de negocios de origen griego que, aunque mantenía una estrecha relación con el Gobierno de Aznar, hizo pocos esfuerzos por aprender el idioma y las costumbres españolas y estaba mucho menos implicado en las cuestiones políticas de su país. Otro dato positivo es que la Casa Blanca ha querido cubrir relativamente pronto la vacante. Al margen de los meses que mediaron hasta la celebración de las elecciones presidenciales estadounidenses en noviembre, desde la toma de posesión de Bush el pasado 20 de enero, sólo ha pasado mes y medio hasta la solicitud del plácet. Lo normal sería que, en correspondencia, el Gobierno español, deseoso de hacer ahora gestos amistosos hacia Washington, tardará poco en conceder ese plácet a Aguirre, máxime cuando el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, tiene previsto viajar a la capital estadounidense el próximo 15 de abril. Una vez que España dé luz verde para la llegada de Eduardo Aguirre y la Casa Blanca formalice su designación, deberá pasar el trámite de confirmación por parte del Senado norteamericano, con lo que aún tardará algún tiempo en llegar a la Embajada en Madrid, a cuyo frente se encuentra ahora también, como encargado de negocios, un diplomático de origen hispano, Robert Manzanares. ÁLVARO DELGADO- GAL IR POR LANA Y SALIR TRASQUILADO l presidente del Consejo de Estado ha conseguido superar en popularidad a los delanteros del Madrid y a las estrellas de rock. La causa... reside en una iniciativa terminológica. Según Rubio Llorente, sería bueno que substituyéramos la locución nacionalidad por la de comunidad nacional cultural Conviene añadir que esta popularidad de Rubio Llorente lleva delante el signo menos Se han vertido sobre él enormidades, por lo común injustas. El error de Rubio Llorente, en mi opinión, ha sido en esencia contextual. Ha dicho lo que no era necesario decir en el momento en que menos convenía decirlo. Vayamos primero a los contenidos teóricos de su propuesta. Aquí no caben dudas, porque el presidente del Consejo de Estado ha sido por completo explícito, y no sólo ahora sino en ocasiones anteriores. La idea de Rubio Llorente consiste en desvincular el concepto de cultura nacional del concepto de territorio. Tomemos, por ejemplo, la Comunidad vasca. Encerrado dentro de las fronteras oficiales tenemos al pueblo vasco en su acepción política. Al que elige el Gobierno E autónomo o vota con el resto de los españoles en las generales. Este pueblo no coincide con la comunidad nacional vasca, que se distinguiría por usar el idioma eusquérico o alimentar sobre sí ciertas nociones de índole simbólico y sentimental. De hecho, se habla vascuence en zonas del sur de Francia, en zonas de Navarra, y quizá en los alrededores de Sotogrande, provincia de Cádiz. La comunidad nacional vasca, en la acepción cultural, carece de perfil administrativo, territorial o político. Por consiguiente, quedaría desactivado el término de toda connotación peligrosa. Podría hablarse de una comunidad nacional vasca un poco como hablamos de la comunidad de los filatélicos. Se trataría de gente unida por determinadas orientaciones, irrelevantes en la lucha por el poder o la conformación del Estado. La intención es buena. En el dominio de la política, sin embargo, las propuestas no pueden medirse por la intención que las anima sino por el uso que objetivamente se hará de ellas. Y lo normal es que se haga un mal uso de la ocurrencia de Rubio Llorente. Los nacionalistas se caracterizan por la voluntad de dar una expresión política a un hecho cultural anterior. De ahí los irredentismos, los expansionismos, la tendencia a cambiar y dilatar fronteras. Según el nacionalismo vasco, Navarra es parte de Euskadi porque comparte con ésta rasgos culturales. Es decir, Navarra debería constituir una unidad política con Euskadi en vista de que configura con ella una previa- -y discutible- -unidad cultural. Rubio Llorente ha citado el plan Ibarreche, en que se utiliza la frase comunidad nacional con objeto de sostener exactamente lo contrario: no debe preocuparnos la inclusión de esa frase porque la frase, bien mirada, es inofensiva. La pregunta es: ¿mirada por quién? Si mirada con los ojos de Rubio Llorente, es, sí, inofensiva. Pero Rubio Llorente no debe convencerse a sí mismo sino convencer a los nacionalistas. ¿Es inocente la frase en el sentido que le confieren los nacionalistas? No, todo lo contrario. Luego Rubio Llorente ha dado alas a los últimos, o si se prefiere, se ha equivocado de interlocutor. Ha estado hablando para sí cuando creía estar hablando para Ibarreche y compañía. Rubio Llorente ha redondeado su propuesta infeliz con un argumento malo. Ha afirmado que nacionalidad es una voz desvirtuada por el empleo inmoderado y erróneo que de ella se ha hecho en el marco autonómico español. La dificultad estriba en que comunidad nacional recibiría el mismo empleo. Y que se halla además lastrada por connotaciones funestas. El equivalente alemán de comunidad nacio- nal es Volksgemeinschaft Volksgemeinschaft fue un término muy usado por Hitler y evocado por los nacionalsocialistas al verificarse la anexión de los Sudetes y Austria. La idea de Lebensraum de espacio vital está unida a la de comunidad nacional Por eso produjo alarma que Ibarreche acudiera a ella; por eso es desafortunadísimo que Patxi López, vía Guevara, la incorporara al incomprensible plan socialista. Y por eso la reincidencia léxica de Rubio Llorente es también incomprensible. Una última observación. De la doctrina Llorente, se sigue que en el País Vasco- -o Cataluña o Galicia- -existen dos comunidades nacionales: la vasca- -o catalana o gallega- -y la castellana. Dos comunidades nacionales ocupando el mismo trozo de suelo. ¿Nos tranquiliza esa composición de lugar? Me parece que no. Me parece que hemos ido por lana, y hemos vuelto trasquilados. P. D. En mi columna del domingo anterior, aventuré que los partidos catalanes se hallaban obligados a sostener ciertas posturas por un imperativo de decoro público, y que por tanto se habían inhabilitado para el pasteleo sistemático. Me equivoqué. Mas ha aceptado como referidas a su propio partido excusas vagas que Maragall había dirigido a los habitantes de Cataluña, y retirará la querella. El hecho es estupefaciente. Es como si yo reclamara el gordo de la lotería en vista de que le ha tocado a un vecino de mi pueblo. Es evidente que me resta mucho por aprender sobre la política en aquella región.