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12 La Entrevista DOMINGO 13 3 2005 ABC (Viene de página anterior) Nadie con origen hispano ha llegado más alto en el Gobierno de Estados Unidos. Antes que miembro del Partido Republicano se considera un hombre de George W. Bush sos verificables derivados de esta legislación, no hay niguna denuncia. Lo que muchos no entienden es que muchas de las competencias allí enumeradas requieren de la supervisión de un juez para ser ejecutadas. Para que podamos poner en práctica muchas de la capacidades que más preocupan a algunos críticos, debemos ir a un juez federal y obtener autorización tras mostrarle alguna prueba. Y después, obtenido el permiso, actuamos bajo la supervisión y jurisdicción de un juez federal. Otra cosa que tampoco se entiende es que muchas de las competencias que el Patriot Act da al Gobierno federal para luchar contra el terrorismo son competencias que el Gobierno ya tiene para combatir otros tipos de crímenes: en la persecución de narcotraficantes, contra las mafias... Dado que el Congreso ha determinado que ese tipo de medidas pueden ser empleadas contra los narcos, me parece razonable que se puedan utilizar en la lucha contra los terroristas. Parte de mi misión como fiscal general es trabajar con el Congreso para hacer comprender los beneficios del Patriot Act Queremos entender cuáles son las preocupaciones, y si son preocupaciones legítimas, las estudiaremos. Pero no creo que hablemos de hacer cambios en el Patriot Act ¿Cabe deducir de sus palabras que el Patriot Act no implica ningún recorte de las libertades públicas? -Creo que el Patriot Act logró un buen equilibrio entre la protección del país y el respeto de las libertades. Y hemos pedido ejemplos de en qué se ha abusado con el Patriot Act y no se nos ha dado ninguno. Y al mismo tiempo, esta legislación da una autoridad añadida para hacer cumplir la Ley con leyes que ya estaban en vigor. -Estados Unidos es hoy la superpotencia global. ¿Necesita el apoyo de Europa en su lucha contra el terrorismo? -Para que Estados Unidos tenga éxito en su lucha contra el terrorismo sí necesita la ayuda y cooperación de Europa. Europa tiene información y recursos valiosos para los Estados Unidos. Creo que es imprescindible que haya una estrecha colaboración entre los Estados Unidos y Europa para tener éxito en esta guerra. ¿Y está obteniendo Estados Unidos todo el apoyo que desearía de todos los países europeos? -Creo que el apoyo es muy, muy bueno. Por lo que sé, y sólo he sido fiscal general cuatro semanas, la cooperación en el cumplimiento de la ley ha sido extraordinaria. Y todavía más desde el 11- S. Obviamente, queremos que sea todavía mayor. Es muy importante que trabajemos conjuntamente. Todos tenemos una agenda común para derrotar a este enemigo, pero no tendremos éxito si no trabajamos juntos. ¿Sueña alguna vez con llegar a ser un día miembro del Tribunal Supremo? -Llevo en este trabajo cuatro semanas. Por ahora mi atención está fijada en esto. Creo que es una gran oportunidad y me encanta mi trabajo actual. El hispano más poderoso berto R. Gonzales (San Antonio, Texas, 1955) y su familia mutaron la z final de su apellido por una s en algún momento del proceso de integración en la sociedad norteamericana. Nació en la ciudad del célebre fuerte de El Álamo, pero no ha mostrado ningún interés en mantener una resistencia numantina a la hora de defenderse de una absorción cultural. Si guarda alguna noción del español de sus mayores, no la emplea ni para dar los buenos días. í El segundo de los ocho hijos de Pablo y María Gonzales, Al Gonzales- -así se presenta- se lo ganó todo con su propio esfuerzo. Su padre era un obrero de la construcción, emigrado con su madre desde México cuando ambos eran niños. Ninguno de los dos tuvo estudios secundarios. Al Gonzales sirvió en la Fuerza Aérea entre 1973 y 1975. Se graduó en Ciencia Política en la Universidad de Rice en 1979 y en Derecho en Harvard en 1982. Fue el único de los ocho hermanos que terminó una carrera. í Durante catorce años ejerció el derecho en una firma de Houston de la que llegó a ser socio. En 1994 el nuevo Gobernador de Texas, George W. Bush, lo nombró su consejero general y en 1997, secretario de Estado del único Estado de la Unión que ha sido alguna vez un Estado soberano. En su segundo mandato en Texas, Bush lo nombró miembro del Tribunal Supremo del Estado. í Como consejero del Gobernador ya demostró sus habilidades cuando en 1996, en un sorteo, salió el nombre de George Bush para formar parte de un jurado que debía juzgar un caso de conducción bajo los efectos del alcohol. Gonzales consiguió librarle de asistir sin revelar que el propio Bush había sido sancionado por la misma causa en 1976. Cuando esa sanción trascendió, en las últimas horas de la campaña presidencial de 2000, Gonzales fue acusado de engañar al tribunal tejano. Pero lo único que él hizo, lleno de lógica, fue argumentar que el gobernador no podía integrar el jurado porque, si había condena, el criminal podría acudir al gobernador a solicitar un indulto. Y el gobernador estaría incapacitado para otorgarlo si ya había estado involucrado en el caso. Funcionó. í Con estos antecedentes, a nadie sorprendió que fuera designado consejero legal de la Casa Blanca en cuanto Bush tomó posesión en 2000. Desde ese cargo asumió controvertidas iniciativas legales que le convirtieron en uno de los más activos pararrayos de la Administración. En enero de 2002 presentó un estudio sobre la aplicabilidad o no del Artículo III de la Convención de Ginebra sobre prisio- Al POR: R. PÉREZ- MAURA Gonzales ha sonado repetidamente como posible juez del Supremo RAÍCES Es el segundo de los ocho hijos de un matrimonio de inmigrantes mexicanos y el único de ellos que completó su carrera universitaria CENTRO DE LA POLÉMICA Como consejero legal de la Casa Blanca declaró no aplicable la Convención de Ginebra a los prisioneros de Guantánamo neros de guerra a los detenidos en Guantánamo. Su conclusión fue que el Artículo III estaba desfasado y era inaplicable a los prisioneros de AlQaida y a los talibanes. La polémica continúa. Se ha rumoreado repetidmente que Bush quiere verlo en el Tribunal Supremo del país, pero en noviembre le pidió que reemplazara a John Ashcroft como fiscal general. Su nombramiento, polémico, fue cómodamente aprobado por el Senado. Cuando habla de sus funciones, afirma que lleva cuatro meses en el cargo. Es el peso del poder. Pronto se da cuenta de que en realidad lleva cuatro semanas.