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102 Los sábados de ABC SÁBADO 12 3 2005 ABC 15 DE MARZO, DÍA MUNDIAL DEL CONSUMIDOR Somos más ricos, más libres, y tenemos a nuestro alcance una oferta de bienes de consumo con la que ni siquiera soñaron nuestros abuelos; y, sin embargo, estamos más deprimidos que ellos. Hoy, más es menos avisa el profesor Barry La tiranía de la abundancia nos hace trizas Que la compra no te consuma POR VIRGINIA RÓDENAS 0 por ciento de los españolesn compra por placer y no por necesidad, una actividad que crea dependencia al 33,22 por ciento de los compradores adultos en Europa y que se convierte en adicción patológica para el 3 por ciento de la población en general, y para un 8 por ciento de los jóvenes, en particular. Por eso, cuando Javier Garcés, psicólogo asesor de la Unión de Consumidores de España y técnico del Programa de la Unión Europea sobre Adicción del Consumo, escuchó a uno de sus pacientes mis cenizas que las tiren en el Corte Inglés, porque allí he pasado los mejores momentos de mi vida confiesa que le llegó al alma, pero desde luego no le cogió por sorpresa, avisado como estaba tras años de investigaciones, dentro y fuera de nuestras fronteras, de la conclusión determinante y clara, y no por ello buscada, de que las personas que más compran son las más infelices ¿Una paradoja de la vida que nos toca? Porque si una sociedad no vale para que seamos más felices, ¿qué sentido tiene? inquiere Garcés. La sociedad de consumo tiene a su disposición una serie de bienes materiales como nunca antes tuvo, pero eso de poco sirve si no sólo no nos procura una mayor felicidad, sino que además contribuye a aumentar las depresiones. Tampoco nunca antes como ahora los españoles consumieron tantos ansiolíticos, los medicamentos más vendidos, y tampoco se recibieron tantos mensajes a través de los anuncios en televisión de que la felicidad está en la compra. Los estudios se centran en la evidencia de una relación entre insatisfacción y consumo, porque una vez que las necesidades básicas están cubiertas buscar satisfacción El 6 Título: Por qué más es menos Autor: Barry Editorial: Taurus Páginas: 228 Precio: 22 por medio de la adquisición, en muchos casos para suplir otras carencias, es un craso error, ya que al obtener algo que no nos hace falta esto pierde el valor que tenía y entramos en una dinámica de compra, compra y compra que sólo conduce a la pesadumbre y- -hace hincapié- -el endeudamiento El calvario de una elección Barry profesor de Teoría y Acción Social en Swarthmore College (Pensilvania) y autor de Por qué más es menos nos propone que imaginemos que somos un profesor que los fines de semana, cuando está tranquilamente en casa, suele ponerse pantalones vaqueros. Y los lleva hasta que se caen a trozos y tiene que ir a la tienda. Quiero unos vaqueros de la talla 42 le diría al vendedor. ¿Los quiere ajustados, cómodos, holgados, caídos o muy caídos? ¿Los quiere lavados a la piedra, lavados al ácido o envejecidos? ¿Con botones o con cremallera? ¿Desteñidos o normales? contestaría él. Y el acto, en apariencia sencillo, de comprar unos vaqueros empezará a provocarle sudores, le llevará mucho más tiempo del que dispone y, sea cual sea el modelo que se lleve a casa, lo más probable es que al abrir la bolsa en su salón sienta un grado importante de insatisfacción al pensar en los vaqueros que ha rechazado Estado de pesadumbre que entrará dentro de lo razonable si es usted del tipo satisfactor que sólo busca algo que sea lo suficientemente bueno, y que será un quebradero de cabeza si es de la especie maximizadora aquel que necesita asegurarse de que cada cosa que elige es la mejor posible. En el supermercado, sin ir más lejos, nos enfrentamos a decenas de variedades y marcas de un producto sin que tengamos elementos de juicio razonables para elegir. ¿Y si en vez de unos vaqueros, una botella de leche o un detergente lo que queremos es un aparato de música, un coche o una casa? Más aún, ¿y si lo que pretendemos no son objetos sino cultura a través de estudios, o salud en servicios hospitalarios, o el futuro incluido un plan de pensiones? Sin duda caminamos sobre el filo de la navaja cuando la libertad de elegir se convierte en la peor de nuestras pesadillas. Menos mal que al final, no nos deja a los pies de los caballos del consumo que consume y apunta once pasos para aliviar, incluso eliminar, muchas de las fuentes de ansiedad: Elegir cuándo elegir; ser selectivo, no conformista; ser satisfactor mejor que maximizador; no obsesionarse con los atractivos de las opciones que rechazamos; to- mar decisiones irreversibles, practicar la gratitud, arrepentirse menos, adaptarse anticipadamente, controlar las expectativas, restringir la comparación social y aprender a amar las restricciones. No son fáciles- -advierte- Requieren práctica, disciplina y una nueva forma de pensar; pero le compensará Desde la Organización de Consumidores y Usuarios, su portavoz Iliana Izverniceanu muestra su desacuerdo a y declara que más es mejor porque cuantas más marcas, más prestadores de servicios y más opciones ha- Mis cenizas que las echen en el Corte Inglés, donde he sido más feliz Una última voluntad, signo de los tiempos ya, habrá más competencia y la competencia siempre beneficia al comprador. La cuestión está en tomar una serie de precauciones y reflexionar a la hora de elegir, de ahí que cada vez más consumidores miren los estudios comparativos de compra maestra basados en la relación calidad- precio- -y que la OCU ofrece a través de su web www. ocu. org- Tesis a las que el experto Javier Garcés añade que es verdad que la sociedad de consumo no nos hace más felices, pero sí nos está dando la oportunidad individualmente de serlo, y ése debe ser el mensaje. No se trata de pensar que nuestra actitud es un horror, sino que podríamos alcanzar la satisfacción si no nos convertimos en dependientes del consumo. Porque la característica esencial de esta sociedad es que para ella todo lo que está fuera del mercado no tiene valor. ¿Qué ha sido de la amistad, tener ilusiones, encontrarse uno bien de salud...