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66 Cultura SÁBADO 12 3 2005 ABC La editorial Nerea recupera el importante libro en el que Richard L. Kagan ha completado el perfil histórico de Lucrecia de León, una mujer juzgada por la Inquisición y cuya figura el historiador descubrió entre los legajos del Archivo Histórico Nacional Lucrecia de León, visionaria y subversiva TEXTO: TRINIDAD DE LEÓN- SOTELO MADRID. Podría ser una leyenda. No lo es. Lucrecia de León, que llegó a ser reconocida como profeta divina por gentes de postín, aunque, cosa lógica en el siglo XVI, también fue juzgada por la Inquisición, ha sido mujer poco conocida en España. Ha habido excepciones, entre ellas la protagonizada por José María Merino, que le dedicó su novela Las visiones de Lucrecia Ahora, a través de la editorial Nerea, nos llega una versión muy cuidada y actualizada del libro Los sueños de Lucrecia (Política y profecía en la España del siglo XVI) donde su autor, Richard L. Kagan, reflexiona sobre cómo descubrió esta historia y lo que han dicho otros autores sobre este ángel o demonio, según los ojos que la miren, que fue condenado por el Santo Oficio. No todo el mundo vive siendo ángel o demonio como ella. En cualquier caso, dice Kagan, la complejidad y la temática de sus sueños, la hacían aparecer casi como una rareza, incluso como algo prodigioso, una mujer sin instrucción dotada de la inteligencia de un sabio Hubo casos en que jueces que la consideraban con el mayor de los escepticismos quedaron impresionados por la poderosa imaginación de la muchacha para salir airosa de sus preguntas, actitud que se hizo extensiva al mundo de la Universidad. Teólogos hubo que tomaron nota precisa de sus sueños. El caso es que, según ella, la destrucción de España- -imagen constante- -es debida al inmovilismo de Felipe II, a quien responsabiliza sin ambages de casi todos los males, asunto que se combina con la crítica a la Iglesia y profecías, aunque no siempre daba en la diana. Entre lo que vio estuvo la destrucción de la Armada Invencible, aunque no acertó en las fechas. En lo que respecta a la Monarquía, los sueños se alimentaban de los chismes de la Corte y del conocimiento personal que Lucrecia tenía del Alcázar. Pero la hija de Alonso Franco de León, cristiano viejo natural de Valdepeñas, y de Ana Ordoñez, no empleaba un lenguaje alégorico, sino que daba los nombres reales de las personas que aparecían en sus sueños. Entre sus fuentes de inspiración se encontraban, además de las citadas, iglesias, imágenes, procesiones, y, de modo especial, los sermones. Crítica del Rey, no le asustó después de picar tan alto, hacer lo mismo con el marqués de Santa Cruz, Alejandro Farnesio, e incluso con, nada más y nada menos, Gaspar de Quiroga, Inquisidor General y arzobispo de Toledo, aunque parece que también contó con su ayuda en tiempos duros. Queda claro, pues, que Lucrecia de León, además de no tener miedo, rompió los esquemas que delineaban, según sacerdotes y moralistas, a la mujer de la época. Elegir una parcela diferente A la luz de Freud y Almodóvar Cuenta Kagan que al escribir el libro, hizo cuanto pudo para interpretar los sueños a la luz de la teoría de los sueños que existían en el XVI, pero al final entró en su análisis según las ideas de Freud debido a la relación conflictiva entre Lucrecia y su padre, y a causa de esto, su relación con Mendoza, canónigo de Toledo, que fue, en gran medida el padre que nunca tuvo. El fundador del psicoanálisis también influyó en la interpretación de Kagan acerca de los sueños con Felipe II. Pero, finalmente, el escritor asegura que mi análisis está más contextualizado en el siglo XVI que a finales del XIX Con respecto a si tenía conocimientos políticos suficientes para ser subversiva o fue instrumento de algún poderoso, el autor se inclina más por lo primero: Tenía sus propias razones para quejarse del Monarca: la promesa incumplida de darle una dote Asegura Kagan que no fue el azar lo que le condujo a encontrar a Lucrecia. Fue ella la que me encontró Hallé una carta dirigida a los miembros del Consejo Supremo de la Inquisición por un inquisidor de Toledo, que contenía un breve resumen del caso de Lucrecia. Pensé, evoca ¿sueños? ¿sueños de mujeres? ¿mujeres detenidas por la Inquisición a causa de ellos? Los temas me fascinaban y decidí dedicarles un libro Lucrecia es bastante desconocida por los españoles, pero sugiere que sería interesante verla a los ojos de un director de cine español, Almodóvar, por ejemplo, a quien le encanta tratar a los marginados de la vida española ayuda a entender que fuera detenida por la Inquisición e inquilina de sus cárceles secretas. Como el dominico Savonarola utilizó sus profecías en el ámbito de lo social y lo político. Lucrecia atrajó a gentes de la Iglesia católica y también a cortesanos que no estaban conformes con Felipe II. Como recuerda Kagan, la Iglesia, a través del tiempo, reconoció a videntes que estaban en su seno, como Deborah y Judith en el Antiguo Testamento o, ya en el medioevo, Hildegarda de Bingen, Brígida de Suecia y Catalina de Siena, que llegaron a ser canonizadas. Ya en el siglo XV, la Iglesia se mostró cansada de lo que Jean Gerson, teólogo de la Sorbona, llamó el entusiasmo de las mujeres El mensaje divino se transformó en mensaje diabólico, un cambio que hacía crepitar las hogueras. Una excepción fue Santa Teresa de Jesús, a pesar de que no faltaron teólogos que mostraron dudas sobre su ortodoxia. Claro que andando el tiempo las cosas se pusieron mejor para algunas videntes que se convirtieron en consejeras espirituales de príncipes y reyes, como sor María de Agreda que lo fue de Felipe IV. Todas eran ya lo bastante listas para no meterse en política. Lucrecia fue más profeta laica que espiritual. Algunos de sus sueños No se comprometió con hombre alguno hasta 1590, y lo hizo en secreto, pocos meses antes de su detención, con Diego de Vitores Texeda. De hecho, la hija que tuvieron en común nació en las cárceles de la Inquisición. Entre sus sueños podrían citarse infinidad, pero he aquí uno de ellos: corría el otoño de 1580, la joven tenía sólo 12 años. Eran los días en que Felipe II viajaba a Lisboa para reclamar el trono de Portugal. El Rey enfermó de gravedad en Badajoz. En sueños vio Lucrecia una procesión fúnebre real en la ciudad extremeña. Intrigado, su padre le preguntó si la persona que llevaban a enterrar era el Monarca, idea que fue negada por Lucrecia. Sin embargo, semanas más tarde se supo que la reina Ana de Austria había fallecido en el lugar del sueño. Ya queda dicho que Lucrecia repetía sueños con el Rey. En uno correspondiente al 10 de marzo de 1580 hay un letrero en el que lee, entre otras co- Copia de Coxcie de la Eva de Van Eyck. Al contemplarla, la madre de Lucrecia señaló su parecido sobre todo de cuello para abajo