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40 Internacional SÁBADO 12 3 2005 ABC Dos agentes de Nueva York, acusados de participar en el asesinato de ocho personas por encargo de los jefes de la Cosa Nostra Cuando los policías son matones de la Mafia TEXTO: A. ARMADA CORRESPONSAL Steve Caracappa, derecha, en el Centro de detención de Las Vegas AP NUEVA YORK. Como guión resultaría demasiado inverosímil para recibir el visto bueno de un estudio de Hollywood. Pero hace tiempo que la reali- dad estadounidense demostró ser más interesante que la ficción. A dos policías neoyorquinos se les acabó de pronto el miércoles por la noche el dulce retiro que disfrutaban en Las Vegas: fueron detenidos en un restaurante italiano bajo la acusación de haber tomado parte en al menos ocho asesinatos por encargo de la Mafia. La mayoría de las liquidaciones se hicieron mientras uno o ambos eran miembros del cuerpo de Policía. Un tribunal federal de Brooklyn, relataba ayer el New York Times, acusa a Stephen Caracappa y Louis Eppolito de haber estado a sueldo de la Mafia y contribuido a matar a criminales de la competencia. Para colmo, Eppolito se labró una carrera como autor de un libro sobre un poli cuya familia tiene lazos con el crimen organizado e hizo de mafioso en películas como Uno de los nuestros donde da consejos a Robert de Niro sobre cómo pasar por un tipo listo. Ingresados en el cuerpo de Policía de Nueva York en 1969, cuando la ciudad no se tomaba muchos miramientos para examinar la biografía de los detectives que contrataba, Caracappa y Eppolito ya estuvieron bajo la lupa de asuntos internos y del FBI por supuestos vínculos con la cara sucia de la ciudad que nunca duerme, pero el caso se desinfló porque al parecer el soplón no tenía crédito. Un nuevo delator sustanció la causa. Sepultado en el maletero La acusación relata cómo en 1986, ambos agentes, compañeros de fatigas, se sirvieron de sus insignias placas en el argot de los telefilmes) para capturar a un mafioso al que sepultaron en el maletero de su coche y facturaron a un rival en el negocio del crimen organizado, que se encargó de torturarlo y convertirlo en fiambre. En 1990, dice el guión judicial, los dos detectives circulaban en un coche camuflado desde el que segaron a tiros en Brooklyn la vida de un mafioso que había sido puesto en la lista negra por el boss para el que hacían el doblete a cambio de 4.000 dólares al mes. Mientras que Caracappa, de 63 años, sirvió en un cuerpo de élite dedicado precisamente a luchar contra los asesinatos atribuidos a la Mafia, y ahora se distraía en Las Vegas como investigador privado, Eppolito, de 56, firmó junto a Bob Drury un libro titulado Poli de la Mafia en el que negaba las acusaciones de que pasaba información a la Cosa Nostra, escribió un guión y actuó en once películas. Cuando fue contratado como agente, Eppolito no reveló que su padre, Ralph, era conocido como Gordo, el ganster y un tío como Jim, el almeja