Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC SÁBADO 12 3 2005 Nacional UN AÑO DESPUÉS DEL 11- M LOS ESCENARIOS DE LA TRAGEDIA 25 En el andén número 2 de Santa Eugenia sólo hubo silencio y lágrimas, las de un barrio que recordó un año después a sus ausentes. Flores, velas, mensajes... Todo sirvió para rememorar a las víctimas de la tragedia Yo iba en el tren que estalló, pero nadie me va a cambiar la vida TEXTO: SARAH ALLER FOTO: DANIEL G. LÓPEZ CHEMA BARROSO dos municipales, con el vicealcalde, Manuel Cobo, a la cabeza: Pilar Martínez, Eva Durán, José Manuel Berzal, Paloma García Romero, Tomás Serrano, Rafael Merino, Manuel García- Hierro, Félix Arias, Pedro Sánchez e Inés Sabanés. Además, hay una representación de los servicios de Emergencias, Bomberos y Policía Municipal. En el acto no hay palabras, sólo el sentimiento de los vecinos de El Pozo y de los usuarios de los trenes, que paran. Cuando los políticos se retiran, quedan las flores, sobre las vías del andén en dirección a Atocha. Y quedan las velas rojas, en el vestíbulo. Y el cartel con la cara de Héctor, joven y lleno de vida. Y las lágrimas en las caras de las estudiantes, carpetas en mano. Y el frío sepulcral en las aulas repletas del cercano instituto Madrid Sur. Y queda el silencio. Sólo el silencio. MADRID. Aunque ha pasado un año, jamás os olvidaremos Las palabras, rescatadas en un pedazo de papel, amanecían junto a Santa Eugenia, una de las estaciones vallecanas que rebosó de sangre y muerte el jueves negro del 11 de marzo. Ayer, en el andén número 2, el mismo escenario dramático de la matanza, no hubo estruendo en las vías, ni zumbido de sirenas, ni hospital de campaña vomitando heridos a las ambulancias. En la zona cero de las 7.42, donde quince personas perdieron la vida, sólo hubo silencio. Silencio y emoción. El de decenas de vecinos de este barrio obrero que, como cada mañana, tomaron su tren, cargado de ausencias desde hace un año. Si la cara es el espejo del alma, en Santa Eugenia sólo cabía ayer un reflejo, el de la pena y las lágrimas. Como las de Flori, la estampa más dramática de la madrugada vallecana. Vino desde Alcalá, con su dolor bajo el brazo, para estar en Santa Eugenia un año después de la tragedia. Aquel día perdió a su hija y hoy, abrazada a su fotografía, rumia su desesperación junto a las vías. Era mi ángel- -dice- y no me quedó nada. Sólo un anillo y tres pulseras abrasadas Cada segundo cuenta para esta mujer, que recuerda cómo Angélica se fue con diecinueve años y ochenta días de vida Ahora, mientras Flori regresa a casa, a buscar el calor de un hijo adolescente, una rosa roja recordará a su niña en algún rincón de Santa Eugenia. El paisaje invita a las lágrimas, y los gestos se suceden en la estación. A un lado, los vecinos, buscan cualquier atisbo de emoción para dar rienda suelta al llanto contenido. Al otro, los políticos, unidos en concentración silenciosa. Allí estuvieron el tercer te- El dolor revivió en Santa Eugenia, ayer con la mitad de viajeros DANIEL G. LÓPEZ Tenía diecinueve años. Era mi ángel, y no me quedó nada. Sólo un anillo y tres pulseras abrasadas niente de alcalde, Juan Bravo, y los concejales Julio Misiego, Rosa León, Pilar Estébanez, Carlos Izquierdo, Carmen Torralba y Ángel Garrido. He puesto velas, llevaré flores... Junto a ellos, decenas de personas con una historia amarga a sus espaldas. Yo iba en el tren que estalló en Atocha, en el penúltimo vagón. ¿Que cuál es mi recuerdo? Pues la gente tirándose a las vías. Lo tengo aquí repite Enrique, apuntando una y otra vez a su cabeza. Su destino aquella mañana era Nuevos Ministerios. De allí a su oficina, en la calle de Orense. Desde entonces, no ha pasado ni un sólo día sin que este hombre tome un Cercanías. Es difícil, pero a mí nadie me va a cambiar la vida A su lado, dos ramos de margaritas, que Juana y Adela piensan depositar en la estación de El Pozo, otro de los escenarios de la masacre. Mi marido murió allí. He puesto velas; ahora me subiré al tren y llevaré flores... Pero da igual... No levanto cabeza suspira Juana, arropada por su cuñada y sus hijos. A las puertas de la estación, el duelo continúa. Velas, fotos, mensajes... todo cabe en este improvisado altar. Sobre el jardín, una lápida. Plantamos vida sobre vuestra vida Al lado, una nota manuscrita. A los que os fuisteis para siempre, a los heridos, a sus familias, estaréis en nuestro recuerdo, en nuestro corazón, en nuestras lágrimas. Siempre