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24 Nacional UN AÑO DESPUÉS DEL 11- M LOS ESCENARIOS DE LA TRAGEDIA SÁBADO 12 3 2005 ABC El andén de la estación de El Pozo trajo a los ciudadanos de Vallecas el recuerdo de un día cuyas heridas aún no han cicatrizado Setenta y dos personas perdieron la vida en la explosión del barrio del Pozo del Tío Raimundo, una zona obrera de Vallecas en la que el dolor continúa como la memoria de quienes se fueron aquella fría mañana de jueves. Ayer todo eran recuerdos Un pozo de recuerdos y lágrimas TEXTO: CARLOS HIDALGO FOTO: CHEMA BARROSO MADRID. Lo peor es el eco del silencio. Nadie habla; en realidad, no es necesario porque todos saben lo que piensa el resto. En el convoy de Cercanías, camino de Vallecas, el corazón del tren late igual que lo hacía hace justo un año. En sus tripas viajan obreros, inmigrantes, estudiantes, amas de casa, abogados, funcionarios... Gente como la que vivió en primera persona el peor atentado de la historia de España. Algunos han querido estar también presentes en el primer aniversario de aquel horror como homenaje a los muertos y como demostración de que los terroristas no han conseguido doblegarlos. Próxima estación: El Pozo En el andén se ven las primeras lágrimas. Como las de Meri Montero, una enfermera del Doce de Octubre que el 11- M cogió el tren anterior Cuando llegué al trabajo- -relata con voz entrecortada- me lo dijeron. Lo de hoy es una sensación extraña Junto a uno de los andenes se encuentra Cándido Uceda, de 31 años de edad, al que le pilló el atentado, aunque no de lleno. Se me escapó el tren que estaba en Atocha y me vine para El Pozo en el siguiente; por eso me li- bré Reconoce que no le hace mucha gracia el tipo de homenaje que se montó ayer para recordar a las víctimas: Es volver otra vez al pasado; hoy estoy pasando un día chungo Sólo queda seguir adelante Carlos es un obrero de la construcción chileno al que la fortuna le sonrió aquel día. Todo lo contrario que a su yerno Héctor, que murió en la estación de El Pozo. Todos los días, yo cogía el tren aquí- -dice, con los ojos arrasados por las lágrimas y portando un clavel rojo, en recuerdo del marido de su hija- pero el 11 de marzo me fui más temprano de lo habitual y cogí el convoy anterior al que explotó en el barrio. Sin embargo, mi tren fue el que estalló en Atocha, aunque salvé la vida. Enseguida llamé a mi yerno, que también era mi amigo, y vi que no contestaba al móvil. Volví a casa en el autobús, y en la radio del conductor oí que había explotado otro tren en El Pozo. Fuimos al Gregorio Marañón a buscar a Héctor, y estuvimos allí hasta las siete de la tarde. A las dos de la madrugada, en Ifema, nos dieron la noticia. Ahora sólo queda seguir adelante, ya que dejó un niño de 7 años. Del barrio se fueron cuatro personas. Nosotros, la familia, que somos 30 viviendo en El Pozo, estamos más unidos aún desde entonces Al filo de las siete y media, la pequeña estación se va llenando de supervivientes. Aunque no siempre con facilidad. Recordar es volver a vivir y, en este caso, es también plantarle cara al pasado. María Jesús, aunque no lo sepa, es una mujer tremendamente valiente. Subía las escaleras de la estación con rapidez aquella mañana porque temía perder el tren para ir a su trabajo, donde ejerce de administrativo. Y lo perdió. Menos mal. Por sólo unos segundos no perdió la vida dentro del tren, como le ocurrió a muchos vecinos. Acabo de hacer el mismo recorrido- -comenta, con un ramo de flores entre las manos- Cuando el tren pasó cerca de mí, saltó todo por los aires. Hoy siento una gran pena y tristeza, como todos los días, ayer y hoy; pero la gente que quedó herida está mucho peor. Casi no he podido dormir. El lunes siguiente al atentado volví a coger el tren; a veces, me acompañan mi hermana, mis vecinos... Cuando el tren pasó cerca de mí, saltó todo por los aires recordaba una superviviente En el vagón, rumbo a El Pozo, lo peor es el eco del silencio; algunos rostros se posan, de lado, sobre las ventanas Representación municipal Mientras cuenta sus recuerdos, sus miedos y sus proyectos, María Jesús ve llegar a los concejales que presiden el acto, silencioso, en homenaje a las 72 personas que murieron allí. Aún es pronto- -murmura- fue el tren de las 7.37 No se equivoca. Justo a esa hora, ni un minuto más ni uno menos, llega un convoy procedente de Guadalajara y con destino a Chamartín. Es ése- -dice- tiene dos plantas, ¿lo ves? Y su hermana no puede reprimir las lágrimas. Son 200 personas las que callan, junto a la representación de los tres parti-