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ABC SÁBADO 12 3 2005 Nacional 17 UN AÑO DESPUÉS DEL 11- M LA MEMORIA DE MADRID Audiencia Nacional Medios Las lágrimas de la fiscal ABC. También la Audiencia Nacional dedicó cinco emotivos minutos de silencio al recuerdo de las víctimas del 11- M. Varias decenas de jueces, fiscales y funcionarios se concentraron a las puertas de su sede, donde algunos de ellos no pudieron evitar las lágrimas. Fue el caso de la fiscal Olga Sánchez, responsable del sumario, quien tuvo que ser consolada por el juez instructor, Juan del Olmo. Éste acordó ayer mismo dejar en libertad a Jaouad el Bouzrouti, el último detenido como colaborador en los atentados. Olga Sánchez y Juan del Olmo Concentración ante la sede de Vocento J. G. (Viene de la página 15) les son el único consuelo seguro, el único que nos queda para andarnos por esta vida. A la puerta del Palace, los coches negros y blindados, el ir y venir de los uniformes, las sirenas y el helicóptero impertérrito ahí arriba hablan al transeúnte de otro mundo, el de los huéspedes que en estos días nos han visitado, el de los que viajan parapetados tras ventanillas ahumadas quizá para no ver de cerca al silencio cuando se enseñorea de las calles. Sol, Preciados y la Gran Vía son hoy escaparates ante los que casi nadie se detiene, mientras en la puerta de la Fnac un rumano le arranca a un viejo acordeón las notas de En un rincón del alma donde tengo la pena que me dejó tu adiós en un rincón de un cercanías, me parece mentira que tampoco esta noche escucharé tu voz Lágrimas sobre el kilómetro cero Es difícil, muy difícil, moverse por una ciudad con el corazón a media asta, con la vida a media asta, con las entrañas a media asta, con los sueños a media asta, con la esperanza a media asta. Sobre el kilómetro cero, el sol de marzo es como una bendición, la bendición que llevábamos meses esperando, mientras el reloj sigue marcando las horas, las horas más largas, las horas más amargas de este día interminable, largo, infinito como una noche de noviembre. En la Puerta del Sol, como en un cine de barrio en el que la bobina se atasca y se detiene la película, docenas y docenas de personas se paran en la calle de Alcalá, en la calle Mayor, en las de la Montera y de Carretas, en la del Arenal, la carrera de San Jerónimo, allí donde a cada cual le cayó el peso de las doce del mediodía, los cinco minutos de silencio más emocionados que ha vivido esta ciudad. No cantan los pájaros, ni zurean las palomas, ni suenan los móviles, ni los cláxones, mientras el sol hace relucir las perlas diminutas que caen sobre las mejillas, que caen a plomo sobre ese kilómetro cero, el rompeolas de todas las Españas en el que nadie siquiera saca un kleenex, porque son tantas las ganas de llorar que nos hemos aguantado en estos meses, son tantas las ganas que tenemos de decirles, de deciros que nosotros no hemos olvidado, a quién le importaba que se le corriera el rímel, a quién le importaba que le vieran llorar sus hijos, sus padres o su novia, ayer que las campanas también doblaron por nosotros, que seguimos huérfanos todavía, ayer, 11 de IGNACIO GIL Silencio en el corazón de Madrid. La madrileña Puerta del Sol, como tantas y tantas plazas y calles de toda España, contempló ayer cómo el recuerdo de las 192 víctimas de los atentados del 11- M paralizó su frenética actividad cotidiana para guardar un respetuoso silencio en memoria marzo, que las campanas también doblaron por nosotros, por todos y cada uno de nosotros, en plural y en singular, porque hemos estado jodidos de la leche, hermanos, porque hemos oído campanas y sabemos perfectamente dónde, en el fondo de nuestro corazón, en el corazón de las tinieblas en las que hemos vivido este año desolado sin vosotros. Ayer, Madrid se despertó y salió a las calles de marzo con la careta de la serenidad y de la fortaleza calada hasta las cejas, pero era una careta falsa, una careta de baratillo, de andar por de las vidas que lo fueron y las bombas apagaron para siempre. Cientos de madrileños revivieron en el kilómetro cero de España la congoja que el año pasado, a esa misma hora, les conmocionó ante la magnitud de la tragedia. Y es que las víctimas ausentes estuvieron ayer en la memoria de todos. casa, una careta de cartón que se fue diluyendo entre las lágrimas, que se fue deshaciendo como un azucarillo en el café de los recuerdos, una careta que al filo del mediodía centenares de miles de madrileños, millones de españoles acabaron perdiendo, para dejar a la vista de todos, a la vista del mundo entero, a la vista de las familias de los hermanos que aquel día nos robaron, que en un rincón del alma, en un rincón de un cercanías, guardaré tu recuerdo que el tiempo no logró sacar de mi alma, lo guardaré hasta el día en que me vaya yo A nadie le importó que se le corriera el rímel, ni que le vieran llorar sus hijos, sus padres o su novia El sol cálido de marzo fue como una bendición, la bendición que llevábamos meses esperando