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ABC SÁBADO 12 3 2005 Opinión 5 De nuevo, la amenaza Arnaldo Otegi afirmó ayer que el 11- M ha de servirle al presidente del Gobierno para entender que sólo la negociación puede permitir el silencio de las armas El ex convicto por secuestro regresa así a la amenaza implícita, en la que con tanta soltura se mueve. Aviso a los navegantes sin brújula que aún amparan la pretensión de tan lamentable autor de presentarse a las elecciones vascas. ¿Los primeros en Europa? Difícil de entender la ausencia casi unánime de los líderes de las principales naciones europeas en el homenaje que España rindió a los asesinados en el 11- M. Había quedado el Gobierno socialista en mirar más a Europa. Al menos ese es el mensaje que se ha empeñado en transmitir Rodríguez Zapatero, que ya cedió en su día a Roma la sede de la firma de la Constitución europea, después de haberse comprometido a traérsela a España como homenaje a las víctimas del terror. Ayer, ni Chirac ni Schröder ni Blair ni Berlusconi... Demasiadas ausencias en el Bosque de los Ausentes. Deuda de gratitud Los Ministerios de Defensa e Interior, que dirigen José Bono y José Antonio Alonso, van a promover el ascenso honorífico y a título póstumo de militares y miembros de los Cuerpos de Seguridad asesinados por terroristas. Merecido reconocimiento que afecta a 350 servidores del Estado y que supone un nuevo gesto en la deuda de gratitud que la sociedad tiene con todas las víctimas del terror. IGNACIO GIL Océano de lágrimas. Las calles y plazas de España se convirtieron ayer en escenario del recuerdo multitudinario de los españoles a las víctimas de los trenes de la muerte Toque a difuntos en las iglesias de Madrid, paros y concentraciones silenciosas de cinco minutos en memoria de los asesinados por los terroristas, homena- jes en colegios, hospitales y universidades, improvisados altares de velas rojas en miles de lugares... hicieron que las escenas de emoción se sucedieran y que las lágrimas fueran, en muchos casos, incontenibles. En la imagen, la concentración celebrada en la Puerta del Sol de Madrid. SILENCIO Y LLANTO TRINIDAD DE LEÓN- SOTELO M IRAD esos rostros, esas lágrimas, esos gestos. Todos los días que componen un año no han podido con ellos. El olvido ha sido negado y el dolor permanece. Los que subieron a los trenes malditos, aquéllos que el fanatismo criminal convirtió en tumbas de hierro para ciento noventa y dos inocentes, lo hicieron guiados por el deber de lo coti- diano. Los que ayer lloraban en las calles de Madrid forman parte- -como los que ayer se recordaban- -de esa fuerza resistente que se llama pueblo. Gentes anónimas de corazón tan grande, tan inmenso, que detuvieron su camino, también cotidiano, en silencio y llanto, guiados no por el deber de la solidaridad, que también, sino por una emoción cuya pena no les cabía en el pecho. En un mundo en el que parece, tantas veces, que el otro no importa, casi no existe, qué lección tan estremecedora la que ayer dieron los españoles en el nombre de aquéllos a quienes les ha sido negada la palabra, la esperanza, los sueños, el amor, todas esas cosas de dimensión inabarcable que componen la vida, ese don que también prodiga sufrimiento. Pero la muerte, a su tiempo, sin que nadie se anticipe a proporcionarla salvajemente, con la exactitud de la que sólo el odio es capaz. Náusea provoca imaginar a los asesinos que aniquilan seres humanos. ¿Cómo recordarían ayer la precisión de sus bombas? Poco importa si lloraron o rieron. Lo único que ayer trascendía, lo esencial, era el dolor por aquellos a quienes los criminales rompieron en pedazos. En trozos de humanidad. El sacrificio al que fueron sometidos no ha caído en el extravío de la memoria. Permanece en el espíritu de sus conciudadanos con el desvelo contra el que nada puede el tiempo. Pasarán los años y el 11 de marzo de 2004 no estará sólo en los libros de historia, ni en el doblar de campanas que son aldabonazos en el corazón. Los muertos serán siempre víctimas amadas, inolvidadas, inolvidables.