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4 Opinión SÁBADO 12 3 2005 ABC Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Alberto Aguirre de Cárcer (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA PRESIDENTE DE HONOR: DIRECTOR: Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: Héctor Casado Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil IGNACIO CAMACHO REGRESO, POR LA PUERTA FALSA, AL OASIS CATALÁN POPULISMO RANCIO A llegada de Lula a la presidencia en Brasil despertó muchas ilusiones y algunos interrogantes. Pero es justo reconocer que su política ha buscado siempre el difícil equilibrio entre la satisfacción de las perentorias necesidades sociales y las obligaciones económicas. A pesar de sus indiscutibles éxitos, su liderazgo continental está siendo sustituido por políticos más agresivos e irresponsables, que amenazan con devolver el continente americano a la marginalización. Se extiende peligrosamente el ejemplo Chávez, sin reparar en que se trata del típico caudillo sentado en una inmensa bolsa de petróleo. En Bolivia, el líder indígena Evo Morales, que no descarta armar a la población, se atreve a exigir al presidente del Gobierno español mano dura con Repsol. Las soflamas antiimperialistas producen satisfacción a quien las proclama, pero perjudican a la población. No hay muchas empresas interesadas en explotar y exportar los yacimientos de gas del país andino. Sería una tragedia que por mantener posiciones trasnochadas, Bolivia ponga en peligro un proyecto que puede significar casi dos puntos de crecimiento anual y un flujo constante de divisas con el que financiar el desarrollo económico y social. En la Argentina, Néstor Kirchner gusta de jugar al límite. Fortalecido por una aparentemente exitosa renegociación de la deuda, ha vuelto a lanzar un órdago. Como si no le bastase con amenazar a las empresas concesionarias de servicios públicos que no se han plegado a su decisión de no subir tarifas, y que han recurrido legítimamente en defensa de sus intereses ante los organismos internacionales competentes, llama ahora al boicot nacional contra una petrolera porque ha subido la gasolina. Peligrosa retórica que olvida que en la economía global los países compiten por atraer capitales e inversión. Y ya son varias las multinacionales que han abandonado un país que, pese a su potencial, tiene una triste historia de defraudar a los inversores que han creído en él. El Gobierno español se precia de tener una excelente relación con los nuevos líderes de la izquierda americana y en concreto con Kirchner. Ha llegado el momento de demostrarlo y de usar su supuesta influencia para inyectar dosis de sentido común a una política económica que amenaza con echar por la borda todos los sacrificios realizados. No sólo en interés de las empresas españolas que han hecho un inmenso esfuerzo inversor que merece ser reconocido, lo que sería ya obligado en un gobierno que entendiera de qué van las relaciones internacionales. Sino también en beneficio de los propios iberoamericanos. Porque, ¿qué más puede defender un Ejecutivo que la política económica que le ha proporcionado a España una de las mejores etapas de prosperidad y crecimiento? T AL y como se han desarrollado los acontecimientos políticos en Cataluña, la moción de censura presentada por el Partido Popular cumplió el designio catártico que anunció su máximo dirigente, Josep Piqué. Finalmente, la moción fue también retráctil y no se votó porque los populares la retiraron anticipadamente, pero forzó que saliera a la luz el entendimiento entre las dos principales fuerzas parlamentarias, PSC y CiU, por mantener el statu quo de la política catalana, basado en la discrepancia de mutuo apoyo entre ambas formaciones. Sin la iniciativa de Piqué, ni Maragall habría pedido etéreas excusas a la sociedad por su acusación incontinente, ni Artur Mas se habría apresurado a darlas por buenas, pese a no tener a CiU de destinatario, para excusar la retirada de su querella contra el presidente de la Generalitat. Que ahora PSC y CiU se vuelvan contra el PP por haber utilizado el único recurso parlamentario que tenía a su disposición- -la moción de censura- -para poner un poco de sinceridad en la política catalana, demuestra que, en efecto, se ha producido un pacto de silencio, o algo muy parecido. El PSC se reconcilia con CiU, que quería sentar a Maragall en el banquillo, y emplaza al PP, limpio de sospechas y fiel al guión de la responsabilidad parlamentaria, a que pida perdón a los catalanes por su moción de censura. Esta inversión de valores democráticos socava el crédito de las instituciones y, en el futuro, va a medir la calidad de la política que encarnan el PSC y CiU, abanderados de una tradición que, por culpa del rápido carpetazo parlamentario al 3 por ciento, se ha desprestigiado a marchas forzadas. Y antes, el barrio del Carmelo, sinónimo ya de un aferramiento al poder más allá de lo razonable, cuando existen, sin necesidad de más investigaciones judiciales ni políticas, motivos suficien- tes para depurar responsabilidades con nombres y apellidos. La vuelta al oasis catalán se ha hecho por la puerta falsa y dando pruebas a los ciudadanos de que se trata más de un espejismo que de una realidad. En manos de socialistas y convergentes, las instituciones de Cataluña vivieron anteayer un episodio de opacidad democrática. Ni las excusas presidenciales ni la retirada de la querella borran de la memoria que Maragall acusó a CiU- -es decir, a más de veinte años de gobierno de la Generalitat- -de cobrar comisiones ilegales. El PP, administrando con inteligencia sus limitados recursos parlamentarios, se reserva una nueva moción para este mismo periodo de sesiones. Pero falta la Justicia. La Fiscalía de Cataluña debe responder a las denuncias de cohechos que le están llegando. Los delitos no desaparecen por hechizo de los políticos y el deber de José María Mena y de la Fiscalía que dirige, que no es novicia en estas lides gracias a sumarios como el Banca Catalana, es investigar la veracidad de estas acusaciones y despejar la duda de si Maragall levantó la tapa de tangentópolis o sólo se fue de la lengua. O las dos cosas. Ni el tripartito ni CiU, como oposición, han estado a la altura de las circunstancias. Aquel, porque sus nuevos aires para la política catalana se han revelado de segunda mano en cuanto han roto la entente cordiale con CiU, rápidamente recompuesta haciendo de la necesidad virtud. Los convergentes, porque sin haber recibido las excusas exigidas, fingen darse por satisfechos y consienten la sombra de la duda sobre su largo período de gobierno. Confundiendo hasta las metáforas (el suflé que baja pierde su principal condición y camina hacia el deterioro) Maragall ha pilotado tan mal este asunto que a la política catalana no le será fácil abandonar la imagen de desprestigio. L DE NUEVO, LA SOCIEDAD DEMÁS de los actos oficiales de Estado, presididos por Sus Majestades los Reyes, millones de españoles secundaron ayer, conteniendo a duras penas la emoción, las convocatorias organizadas en todo el territorio nacional para rendir homenaje a los asesinados en los atentados terroristas del 11 de Marzo, fecha que ya ha pasado al calendario que recoge los más tristes momentos que el país alcanza a recordar. Innumerables concentraciones silenciosas, muchas de ellas espontáneas, sirvieron para pasar a limpio aquella conmovedora respuesta social que siguió a las primeras horas tras la matanza y que dibujó una sociedad unida por entero frente a tan gravísima agresión. Porque también ayer el sentimiento fue unánime y ajeno a los embates de ese partidismo interesado al que la socie- A dad ha asistido durante buena parte de los doce meses transcurrido desde aquella negra mañana de marzo. Ese camino unívoco será siempre mucho más fructífero que los espectáculos de división ofrecidos en los últimos tiempos. Los ciudadanos, y sobre todo sus representantes políticos, han de entender que son estas unanimidades las que dan cuenta de la fortaleza de una sociedad y de la musculatura que presentan los valores que la forjan. Es ante estos catárticos acontecimientos cuando se demuestra el vigor y el pulso de un pueblo. Los españoles, encabezados por el primero de ellos, Don Juan Carlos, estuvieron ayer a la altura esperada, custodiando la memoria de los 192 ausentes, honrándola, y dando cobijo al dolor de sus familiares. Y de todo un país.