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70 Espectáculos VIERNES 11 3 2005 ABC VIERNES DE ESTRENO EL MEJOR CINE CON ABC Ni una palabra narra una inquietante historia que aúna suspense y psiquiatría. El lector de ABC podrá encontrar este título, nueva entrega de la colección Viernes de Estreno el próximo viernes al precio de 5,95 euros más el cupón de la penúltima página Sobre el arte y artimaña del secuestro TEXTO: JAVIER CORTIJO MADRID. Seguro que existe algún estudio sociológico- cinéfilo por ahí suelto (o colgado por el pescuezo en la Red) que establezca conexión entre el aluvión de películas sobre secuestros de los últimos años noventa y primerísimos del tercer milenio con la paranoia americana finisecular y, de paso (y eso sí que lo apuntó más de un crítico de la prensa americana a raíz del estreno de Ni una palabra con el 11- S. Hilando más fino, incluso podría considerarse este coctelero subgénero como el heredero sofisticado- -con permiso de las artes marciales de mucho ensayo y cable tendido- -de aquel cine de acción testosterónica y no apto para vejigas con poco aguante (por aquello de la hipertensión sin tregua ni pausas, tampoco para ir al excusado) cuya agonía fueron las últimas entregas de Arma letal y La jungla de cristal De hecho, en no pocas subtramas de los gloriosos action heroes de los ochenta se incluía algún rapto macarrónico. Ahora es más difícil encontrar una de puñetazos en la cartelera que un oso panda en una taberna; si hasta Vin Diesel se dedica últimamente a ser poli de guardería Así de enmarcadito en su contexto se presentó en pleno 2001 Ni una palabra un thriller con cuello de cisne que se retuerce salomónicamente coincidiendo con la irrupción de las intrigas sobrenaturales (Hollywood empezaba también a cogerle el gusto a ver, en ocasiones, gente muerta y cuyo argumento se centra en el particular día de furia contenida del psiquiatra Nathan Conrad (Michael Douglas, en su línea) a quien un ladrón de joyas le secuestra a su hija con la intención de que bucee en la zumbada mente de una perturbada chica que revelará al pájaro el código secreto para encontrar una gema de gran valor que, diez años atrás, le fue escamoteada por sus colegas de asalto. Michael Douglas, en una imagen de la película Nueva York en Toronto Gary Fleder, responsable de películas como Cosas que hacer en Denver cuando estás muerto o El coleccionista de amantes es el director de Ni una palabra Don t say a word es su título original) Está basada en una novela de Andrew Klavan, No digas nada Para recrear la estación de metro de Canal Street, en Nueva York, se construyó un decorado en Toronto. Sólo el acondicionamiento de este set costó 150.000 dólares, pero el resultado fue tan espectacular, que la Toronto Transit Comission, que se ocupa de fomentar los rodajes en aquella ciudad canadiense, pidió que permaneciera allí para atraer a productores y cineastas. La película se aupó al primer puesto del ránking de las más vistas en su fin de semana de estreno en Estados Unidos. En estos primeros días de exhibición recaudó más de 17 millones de dólares, y en total se alcanzó en aquel país una recaudación de más de 54 millones de dólares. El alquiler de la película en video superó también los 40 millones de dólares. Brittany Edwards, que interpreta a una enferma mental a quien trata el psiquiatra Nathan Conrad (encarnado por Michael Douglas) para conseguir librar a su hija de un secuestro, logró el Golden Satellite Award como mejor actriz de reparto. Madeja ideal Una madeja ideal para que la desbrozase un artesano de la talla de Gary Fleder, director especializado en dobles nudos de corbata de seda tras su muy llamativo debut en Cosas que hacer en Denver cuando estás muerto un título cuyo impacto aún colea (no hay más que comprobar alguna crítica vecina) Después de esta opera prima a ratos primorosa, el cineasta, que curiosamente hizo sus pinitos iniciales en algún episodio de Tales from the crypt mantuvo el listón en El coleccionista de amantes (con la que puso de moda las buddy- movies mixtas) y no tanto en Infiltrado (con la que se anticipó a Spielberg en la resurrección de Philip K. Dick, ese escritor- androide con que sueñan los novelistas ovejeros su último filme estrenado en España, aunque anterior a El jurado Sin embargo, su llave de entrada por la puerta grande de Hollywood la acuñó en Ni una palabra un filme de presupuesto holgado (cincuenta millones de dólares) y que cuenta con un reparto cuajado de nombres crecientes como los de Brittany Murphy (que tras su papel aquí empezó a escalar peldaños merced a éxitos como 8 millas Recién casados o la inminente Sin City de Robert Rodríguez) Sean Bean (quien pasó rápidamente de la acera maligna a la heroica gracias a su memorable Boromir de la trilogía de El señor de los anillos o hasta Framke Janssen, que sigue pasándolas canutas desde lo más alto de la taquilla española con El escondite Eso, aparte de los pespuntes musicales de Mark Isham para sazonar la intriga que, por cierto, lleva la firma original del novelista neoyorquino Andrew Klavan, polifacético tejedor de atmósferas inquietantes (incluso desde su cabina de pinchadiscos en sus ratos libres) En fin, una película inteligente, con estilo y satisfactoria (como la calificó Los Ángeles Times aunque tampoco se puede decir que el filme fuera la alegría del huerto crítico en aquella temporada) que, como tantas en su género- -sin ir más lejos Rescate con Mel Gibson- -gana en las distancias cortas. Concretamente, de la tele al cuenco de panchitos