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ABC VIERNES 11 3 2005 Espectáculos 65 Señas de identidad Nació el 3 de julio de 1965 en Elling, Frederikshavn (Dinamarca) A los dieciocho años abandonó Dinamarca para irse a vivir primero a Francia, luego a Roma y finalmente a Nueva York, donde ahora reside. Habla siete idiomas y tiene un hijo Tras más de veinte películas rodadas en Hollywood, su primera interpretación danesa es Hermanos dirigida por Susanne Bier Su grupo favorito es The Clash Está unida sentimentalmente al batería de Metallica Lars Ulrich surja la explosión. Funciona muy bien en el teatro. Es decir, la tensión que existe por las cosas que no se dicen, pero están ahí. Como el elefante blanco que está en la sala. No es nada mediterráneo. Responde al efecto protestante de no querer ceder a ciertas ideas recibidas y preconcebidas sobre la familia. Puede resultar más interesante explorar las complejidades de la familia que los miedos Protagonista de otros títulos como La presa o Retratos de una obsesión Connie Nielsen tiene también en cartel en España Demonlover una historia descabellada y ruidosa- -presentada en el Festival de Cannes hace tres años- -y que resiste en la cartelera por la sola presencia de ella. Connie Nielsen vivió de cerca el movimiento Dogma fundado por el cineasta danés Lars Von Trier, con quien no ha trabajado, a pesar de ser la actriz danesa más internacional. Me apasiona el Dogma como respuesta contra un tipo de cine muy orientado al mercado. Lars Von Trier es un genio. No me imagino a ningún actor que no quiera trabajar con un genio. Yo sigo esperando apunta. Connie Nielsen ha construido su edifico de actriz desde cero, ora en producciones europeas, ora en películas americanas rodades en Europa. La exigente crítica estadounidense la elogió y Hollywood la reclamó. Principió a tener agente en aquella Meca, pero la veían sólo como una chica rubia y alta, con lo que me di cuenta de que no podría ser el tipo de actriz que quería. Veían una cara y no iban más allá. Esto me dejaba perpleja y me frustraba, así que me fui a Nueva York Ulrich Thomsen y Connie Nielsen Hermanos El tejido de la violencia E. RODRÍGUEZ MARCHANTE Directora: Susanne Bier Intérpretes: Connie Nielsen, Ulrich Thomsen, Nikolaj Lie Kaas Nacionalidad: Dinamarca, 2004 Duración: 110 minutos Calificación: Están tan bien tramados todos los hilos de esta envenenada historia de relaciones familiares, están tan bien solapadas las fatalidades y los personajes se enfrentan a tales profundidades morales y emocionales que acaba uno con la misma sensación de ahogo que si hubiera visto la película con la cabeza metida en una bolsa de plástico cerrada herméticamente. Cuando el cine nórdico se pone intenso, hasta los muertos se remueven. Bueno, no es que Susanne Bier, la joven e intrincada directora de esta película, siga ni de lejos la estela de Dreyer, pero consigue meter en un espacio familiar una muy grande cantidad de adrenalina y poner sobre la mesa del salón tres o cuatro dilemas morales que llenan de nervios y durezas la carne del guión. Esta carne argumental se sustenta en dos convulsiones dentro de la historia que actúan en ella con la contundencia de una máquina tuneladora: los efectos de la guerra en un militar que vuelve a casa después de que su familia le creyera muerto y de que, durante meses de prisión en las montañas afganas, tuviera que solventar ese trance traumático e indeseable de elegir entre matar o morir; sus desequilibrios se acentúan al llegar a su casa, con su cálida familia y notar en ella ciertos movimientos sentimentales entre su mujer y su hermano menor. Doble carga de dinamita, la muerte y el amor; o la guerra y el hogar. Y esas dos pinzas que sujetan el drama de la historia están, a su vez, Mordiendo la Gran Manzana Allí mordió la Gran Manzana. Taylor Hackford le ofreció Pactar con el diablo (con Keanu Reeves y Al Pacino) y aceptó ser Christabella Andreoli. Este lazo diabólico le catapultó al éxito y Connie comenzó a hacer muescas en la caldera ardiente de la fama. Hoy, asegura que conseguir buenos papeles femeninos se ha convertido en una auténtica lucha de gladiadoras: Siempre lo ha sido, incluso cuando se trata de un personaje fuerte: se reduce, se corta, se cambia o el director intenta aplastarte o te convierte en un personaje masculino ¿Y el Oscar? ¿Para cuándo? Tienen que ver con las actrices que han tenido la suerte de conseguir el papel bueno de ese año Y remata: Es frustrante crecer en el siglo del progreso y luego comprobar cómo la sociedad va retrocediendo sujetadas por dos escenas de violencia tan extremas que te aplastan por completo contra la butaca. Una de ellas es violencia bélica, con soldados, prisioneros, armas, víctimas y verdugos... una bala descerrajada contra otra persona, alguien que ha de morir para que tú vivas. Mientras que la otra escena contiene una calidad completamente distinta, es violencia familiar, pegada al interior de la intimidad del hogar, sin armas ni soldados, sin prisioneros ni verdugos... Tal vez por eso, la furia y la violencia en ese entorno reconocible resulta aún mucho más tremenda y desoladora. De todos modos, Susanne Bier consigue que las situaciones equívocas, las intrigas sin resolver y los sobreentendidos y probables falseos de la realidad estén tan bien mezclados en el caldo de la película, que nunca se llega a distinguir lo que es real de lo que es producto de la mirada torva de ese personaje transtornado. En realidad, la directora le raciona al espectador la información precisa para saber si la historia de amor entre la esposa y el cuñado es puramente sentimental y frustrada o, por el contrario, ocurre ciertamente en la trastienda de la pantalla. En ese sentido, gran parte de la eficacia de la intriga y del clima enfermizo que se alcanza se debe a la interpretación de los actores, dos de los cuales, la pareja formada por Connie Nielsen y por Ulrich Thomsen, fueron premiados en el pasado Festival de San Sebastián. Ambos actores han de transportar a sus personajes desde la normalidad y la felicidad hasta un lugar inhóspito, irrespirable y sucio sin que el espectador los deteste (a él, en realidad) y sin que sepa realmente en qué lado ha de situarse...