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ABC MIÉRCOLES 9 3 2005 Opinión 5 Papel mojado Poco más de un mes ha durado el idílico escenario de diálogo y confianza entre el Gobierno de Néstor Kirchner y las empresas españolas que operan en Argentina, anunciado por Zapatero en su reciente visita a Buenos Aires. El presidente argentino ha roto lasnegociaciones con Endesa y Gas Natural para seguir operando en un país donde el buen talante se quedó en una foto que ya es papel mojado. Levadura para un suflé Pese al empeño de Maragall, el célebre suflé catalán parece más resistente que el barrio del Carmelo y aguanta en todo lo alto. La masa ha subido tanto que ya no está en manos de los políticos evitar el vértigo: es ahora la Justicia la que investiga la receta del bizcocho. La Fiscalía podría ofrecer a José Antonio Salguero- -constructor que reconoció en ABC que había pagado comisiones a la Generalitat de hasta el 20 por ciento- -un trato especial para animar a otros empresarios a denunciar las singulares fórmulas de contratación de la Generalitat. Más levadura en el horno catalán. Hay harina. Víctimas sin amparo En vísperas del primer aniversario del 11- M, Pilar Manjón denunció ayer las carencias que sufren las víctimas y exigió una investigación independiente para saber la verdad clara y rotunda y no un simple arreglo que calificó de parcheo Al margen de las luchas y componendas entre partidos, las víctimas buscan una verdad que no admite conclusiones apresuradas y parciales. AFP Cita contra el terrorismo. El Príncipe de Asturias reclamó ayer, en la apertura de la Cumbre Internacional sobre Democracia, Terrorismo y Seguridad, la unidad de los demócratas, el empleo de todos los instrumentos del Estado de Derecho y el refuerzo efectivo de la cooperación internacional hasta conseguir la total eliminación del terrorismo. Don Felipe, que protagonizó el acto inaugural de una cita que hasta mañana reúne en Madrid a destacados líderes internacionales, afirmó que nos debemos a todas y cada una de las víctimas del terrorismo, a sus familiares y amigos más cercanos. Su memoria, dolor, ejemplo y valentía nos recuerdan la dimensión de la deuda que tenemos contraída con todos ellos HOMENAJE AL DOLOR JOSÉ MARÍA LASSALLE H AY momentos en los que una sociedad libre es puesta a prueba. España lo fue hace un año. Entonces el terrorismo nos abofeteó a todos de una manera brutal e inmisericorde. 192 asesinados y dos millares de heridos. Familias truncadas abruptamente por la irrupción inesperada del dolor. Las heridas siguen abiertas y la sociedad española tiene una deuda eterna de solidaridad y respeto hacia quienes padecieron directamente la brutalidad cobarde del horror. Quienes sobrevivimos a aquellos atentados que se dirigieron contra todos, contra lo que España significa como sociedad abierta y democrática, no tenemos derecho a olvidar. Es más, debemos tener el valor de mantener con serenidad y firmeza la mirada sobre aquellas imágenes que todos retenemos como parte de una memoria colectiva que sufre la impotencia de contemplar la injusticia de lo irreparable. Los atentados del 11- M sobrecogieron a una sociedad, la llevaron hasta el límite de un abismo de violencia injustificada. Los españoles ya sabíamos lo que era el terrorismo. Lo venimos padeciendo desde hace años y hay más de un millar de víctimas que constituyen un testimonio de dolor que siempre merecerá nuestro apoyo y reconocimiento. Sin embargo, el 11- M fue una vuelta de tuerca más: una experiencia terrible que tuvimos que digerir de golpe y de una sola vez. Nos puso delante de un acto de barbarie atroz por sus consecuencias. Las palabras del Príncipe de Asturias han sido claras y valientes. Con ellas ha inaugurado la Cumbre Internacional sobre Democracia, Terrorismo y Seguridad que comenzó ayer en Madrid. Sus palabras han rendido el mejor homenaje posible al dolor de unas víctimas que hace un año fueron asesinadas en un acto despreciable que exige que se haga justicia con ellas. Para lograr este objetivo es imprescindible la voluntad firme de evitar que algo así pueda volver a producirse. Es necesaria la cooperación con quienes padecen el terrorismo. Y, sobre todo, es imprescindible que se afronte con el deseo de vencer a los terroristas sin matices, con la unidad de un pueblo que no inclina la cabeza frente a su chantaje porque es plenamente consciente de que porta consigo la honorable dignidad de una sociedad de hombres y mujeres libres.