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ABC MARTES 8 3 2005 25 Washington reconoce que sus tropas estaban advertidas de la llegada del coche que trasladaba a Giuliana Sgrena Carlos Mesa renuncia como presidente de Bolivia, pese al apoyo popular y de las Fuerzas Armadas Sus buenas relaciones, que no políticas conjuntas, siempre han surgido cuando Damasco y Teherán reaccionan ante causas o enemigos comunes: el régimen de Sadam, la guerra a Israel en suelo libanés o la amenaza de Estados Unidos, empeñado en rediseñar Oriente Próximo El eje Siria- Irán, o la fuerza del sino TEXTO SEBASTIÁN BASCO Febrero de 2005, la ruptura. Hariri es asesinado el 14 de febrero en un atentado que el pueblo libanés atribuye a la Inteligencia siria. La acción produce una ola de protestas populares. Damasco anuncia su intención de redesplegar sus tropas. Los primeros vehículos del Ejército sirio salían ayer desde las afueras de Beirut rumbo al valle de la Bekaa La guerrilla proiraní de Hizbolá movilizará hoy a la población chií en favor de la presencia siria en el Líbano Hizbolá. Aunque ayer, cuando en mitad de la manifestación sonó el himno nacional, los cristianos repitieron con naturalidad su tradicional saludo: brazo derecho en alto, a la romana, con los dedos índice y corazón en uve apuntada al cielo. Un saludo que en Europa parece algo chocante. Los pequeños grupos de suníes callaban, y preferían congregarse junto a la docena de palomas aparentemente amaestradas que picoteaban sobre la tumba de Hariri. Una estampa candorosa para un Líbano amenazado por mil turbulencias. MADRID. De entre los socios fundadores del eje del mal -Irán, Irak, Siria, Libia y Corea del Norte- sólo dos permanecen hoy como miembros de pleno derecho en tan exclusivo club, conforme a los criterios de la geopolítica estadounidense, inventora del término y dispensadora de los salvoconductos de entrada o salida. Eliminado el régimen de Sadam por la fuerza de las armas, domesticado el de Gadafi por el ejemplo en cabeza ajena y apartado el de Kim Jong- il por considerarle un fenómeno aislado, constreñido a la esquina nororiental de Asia aunque peligroso, los regímenes sostenidos en Teherán y Damasco por los ayatolás y la dinastía de los Al- Assad figuran como representantes únicos del actual eje del mal Pero, más allá de las políticas esotéricas de la Casa Blanca, hubo alguna vez un eje Siria- Irán? Puntualmente, sí. Pero ha sido un eje fantasmal y guadianesco, que despertaba o se adormecía siguiendo el principio físico de la acción- reacción trasladado a la política. Un eje por la fuerza del sino. Emile Lahoud y Bashar al- Assad, en la cita que mantuvieron ayer en Damasco El Baas llega al poder Cuando el Baas (Resurrección) nacido en 1947 de la mano de los libaneses Michel Aflaq, cristiano ortodoxo, y Salaheddin Bitar, musulmán suní, llega al poder de forma casi simultánea en Irak, en febrero de 1963, y en Siria, un mes más tarde, el Partido Baas Árabe Socialista suscita en ambas capitales un sentimiento de unidad transnacional, como tantas veces ha ocurrido en el mundo árabe, que pronto se disolverá entre tensiones internas y diferencias de criterio. Sadam Husein, aupado sobre el clan de Tikrit, y Hafez al- Assad, al frente de la antigua secta alauí, originaria de las montañas de Lataquía, escindida hace siglos de la Chía y vuelta al redil de la Sunna, se hacen con el poder en Irak y Siria y pronto descubren que los polos iguales se repelen. Durante tres lustros se limitaron a vivir, sencillamente, de espaldas. Como los opuestos se atraen y la estrategia política, por los siglos de los siglos, ha pedido alianzas con quien te ayude a emparedar al país vecino, cuando en 1979 triunfa en Irán la revolución jomeinista, Damasco y Teherán empiezan a entenderse. A pesar de las notorias diferencias entre un régimen teocrático y otro laico, socialista y panárabe, el molesto vecino de enmedio, Irak, y el enemigo común de todo buen musulmán, Israel, obran el milagro de acercar a Jomeini y Al- Assad, quien durante la sangrienta guerra irano- iraquí no ocultó sus simpatías por Teherán. Pero es en su cruzada contra el Estado judío y, por consiguiente, en el teatro de operaciones libanés, donde Teherán y Damasco hallan más puntos de encuentro. Siria ha combatido y perdido en todas las guerras árabe- israelíes, Irán, que no es árabe sino persa, se ha dedicado a apoyar la causa palestina financiando, adiestrando y amparando a grupos terroristas de muy variado pelaje. Lo mismo ha hecho Siria. AFP pre vieron complacidos cómo Washington mantenía a raya a Irak. Otra cosa fue cuando Estados Unidos decidió derribar a Sadam. Somos los próximos, pensaron tanto en Damasco como en Teherán. El protectorado sirio del Líbano y el programa nuclear iraní son excusas perfectas. Tanto que han provocado un resurgimiento del eje Siria- Irán para afrontar la amenaza estadounidense. Un eje que, si no desafía abiertamente, tampoco otorga. ¿Hasta cuándo? La población, armada Todos los congregados en la plaza de los Mártires insisten en que no habrá violencia: El nuestro es un movimiento de liberación pacífico; sólo pedimos que se marchen los servicios de seguridad sirios nos cuenta Mario, un joven cristiano. Pero por más horror que produzca el recuerdo de la pasada guerra civil, aquí es un secreto a voces que en muchas casas se sigue guardando un arma. Poco después de que Al- Assad y Lahoud se abrazaran en Damasco, se divisaban los primeros vehículos del Ejército sirio que se desplazaban desde las afueras de Beirut hacia la Bekaa. Su repliegue no implica el fin de la influencia siria. Pero sí el comienzo de un cierto declinar. Ante la inmensa presión a la que se le somete, poco o mucho, pero algo va a tener que ceder Siria. Hizbolá y Amal Ambos países entendieron pronto que la batalla contra Israel debía darse en suelo libanés. Mientras Teherán montaba la milicia chií proiraní de Hizbolá, Damasco orquestaba la milicia chií prosiria de Amal, menos poderosa y activa con el paso de los años, y ambos al unísono favorecían a unas u otras banderías libanesas mientras castigaban a la OLP, a medida que optaba por la vía política, frente a los grupos de la disidencia palestina, fanáticos del terrorismo en su afán por arrojar a los judíos al mar. La guerra de influencias en el Líbano y sobre la causa palestina propició aproximaciones y alejamientos sucesivos entre Teherán y Damasco, que nunca llegaron a una ruptura y siem-