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ABC MARTES 8 3 2005 Opinión 7 JAIME CAMPMANY La caja de los partidos se nutre con donaciones anónimas y ahí caben todos los 3 por ciento comisiones, mordidas y convolutos LA BOLSA Y LA URNA NA de las quiebras o de los problemas sin resolver que tienen las democracias, al menos la nuestra, es el importante asunto de su financiación. Ésa es una de sus asignaturas pendientes, para decirlo con lo que ya es un tópico. Y en estos días ese asunto se ha situado en el borde de la escena, ante las candilejas. Vamos, que Maragall, con el ya famoso 3 por ciento lo ha puesto en el candelabro que al fin y al cabo es lo mismo que ponerlo en el candelero. Sofía Mazagatos acertó sin querer. El busilis de la telángana de los partidos políticos y de los políticos mismos, que tanta gloria ha dado a los años felipistas, se ha reducido ahora en la peripecia convergente de la pasta mineral catalana. Aquí, la risa va por barrios, incluido el Carmel. Es cosa tan lógica como sabida que la bolsa de cada partido guarda una relación directa, aunque no necesariamente proporcional, con los votos que le deparan las urnas. Sin dinero para disponer de una organización y para montar una propaganda, el partido comprobará con desilusión que son escasas las papeletas con sus siglas que salen en el escrutinio electoral. Con evidencia más o menos visible, a bolsa vacía corresponde la urna escasamente llena. Las dictaduras no tienen esa servidumbre. En la dictadura, si es que se tiene la humorada de hacer elecciones, sale de las urnas lo que tiene que salir que siempre es lo que el dictador quiere, y todos los gastos los paga Pantalone que dirían los italianos. Está claro de toda claridad que los afiliados no le pagan la vida íntegra a su partido. En todo caso cubren una pequeña parte de los gastos, el chocolate del loro, llamándole loro al orador de turno. Pero un partido que aspire a gobernar debe contar con sedes en todas las ciudades de la nación y en los núcleos de población, pueblos, villas y aldeas más importantes. Debe mantener un aparato burocrático de empleados, secretarias o secretarios. Tiene que disponer de dirigentes liberados de otros trabajos, y necesita atender a gastos de desplazamiento, organización de actos públicos, reuniones, congresos, asambleas, etcétera, y cuidar la propaganda del partido, especialmente en tiempo electoral, que es casi todos los días, porque hay que votar en elecciones internas, municipales, comunitarias y generales. Y a veces hay que empujar al partido en algunas elecciones profesionales, sindicales, empresariales, recreativas y hasta de comunidad de vecinos. Para todo eso hace falta money, money, money. Creo que algo paga el Estado, en relación con los votos obtenidos, pero, además de que no debe de ser mucho, estamos ante la pescadilla que se muerde la cola. Para recibir algún dinero son necesarios los votos, y para obtener los votos es necesario el dinero. Dicen que la caja de los partidos se nutre sustanciosamente con donaciones anónimas y ahí caben todos los 3 por ciento comisiones, mordidas, trinques y convolutos que podamos imaginar. Al aeropuerto de Fiumicino le llamaban en Italia el aeroporto tutto d oro por el mangui de la Democracia Cristiana. Y el Ave a Sevilla es casi de platino. Pues, así todos. U IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA Es muy probable que nuestra Nación se encuentre hoy menos amenazada por el terrorismo islamista que entonces. Menguado éxito: cuando los terroristas van logrando sus objetivos disminuye el terror. Al pesar por la tragedia en su primer aniversario, hay que añadir la tristeza ante el éxito obtenido EL TRIPLE ÉXITO DE UN CRIMEN U N año después de los atentados terroristas de Madrid, la primera mirada tiene que ser hacia las víctimas y sus familiares, que merecen la oración, el doblar de las campanas y la ayuda de todos los españoles y de su Gobierno. La segunda consideración debe ir dirigida a la condena del terrorismo fundamentalista islámico, autor, al parecer, de la matanza y aliado objetivo de la ETA en su odio a España. Ni se debe manipular a las víctimas, ni desviar la atención hacia falsos culpables. Pero una vez sentado lo anterior, lo principal, no queda más remedio, triste remedio, que reconocer que los terroristas han tenido, al menos hasta ahora, todo el éxito que buscaban. Tres, al menos, son los motivos que pudieron guiar su crimen. Y es muy probable que fueran todos ellos a la vez. Los tres han triunfado. El primero es el castigo a los españoles por ser infieles, desde la perspectiva del Islam radical, por su apoyo a los aliados en Irak, aunque España no combatió ni participó en la guerra, o por ambas cosas. No cabe dudar de que el castigo se ha producido. El segundo objetivo era influir en las elecciones del 14 de marzo. La elección de la fecha de la matanza no pudo ser casual. Las investigaciones y las evidencias disponibles no han certificado que Aznar mintiera en aquellas terribles jornadas. Sin embargo, la jornada de reflexión electoral fue vulnerada y dirigentes de la oposición acusaron, en falso, al Gobierno de mentir. La participación electoral de algunos abstencionistas natos y el cambio de voto de unos millares de ciudadanos operó el cambio. Los terroristas lograban así su segundo objetivo. Por cierto, seguimos sin saber quién planeó, organizó y dio la orden de los atentados. Aún así, la Comisión de investigación ya ha elaborado sus conclusiones. El tercer objetivo muy probable consistió en cambiar la política exterior española y advertir cruentamente a los aliados en Irak. El nuevo Gobierno retiró las tropas antes de tomar posesión, recomendó a los demás países que salieran de Irak, a pesar de que para entonces contaban con el beneplácito de la ONU, y casi se postró ante Marruecos. España pasaba del primer plano de la escena internacional a la condición de oscuro figurante. Tercer éxito terrorista. Por si todo esto fuera poco, se produjo una división entre la Asociación de Víctimas del Terrorismo, la más importante asociación de esta naturaleza, hasta ese momento la única, y una nueva organización de víctimas del 11 de marzo, que, en algún momento, pareció más preocupada por la ideología que por la justicia. Se produjo además una grave escisión nacional, que ya venía anunciada por la actitud socialista en la oposición durante la última etapa de la legislatura, y la apertura de un proceso de secesión nacional y de ruptura de la Constitución y del consenso que llevó a ella, bajo la forma hipócrita de la reforma de la Carta Magna y de los Estatutos. Todo ello condujo a un Gobierno tan débil como radical. Hay que remontarse a febrero de 1936 para contemplar un radicalismo izquierdista mayor. No cabe, pues, disputar el criminal éxito de los terroristas. La responsabilidad compete a muchos, pero la mayor corresponde, sin duda, al Gobierno. Él es el principal responsable de la situación actual de España. Es muy probable que nuestra Nación se encuentre hoy menos amenazada por el terrorismo islamista que entonces. Menguado éxito: cuando los terroristas van logrando sus objetivos disminuye el terror. Al pesar por la tragedia en su primer aniversario, hay que añadir la tristeza ante el éxito obtenido. Al menos, que el día 11 doblen las campanas y que el próximo aniversario permita albergar más esperanzas sobre la frustración de los asesinos y el futuro de España.