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88 Economía LUNES 7 3 2005 ABC JUAN VELARDE FUERTES JUGAR CON FUEGO reocupa que la espléndida marcha de nuestra economía, emprendida desde 1995 llegue, diez años después, a su final. Esta cuestión es crucial y universal en estos momentos. Basta leer el delicioso artículo del profesor de Economía, en la Universidad de Harvard, Richard B. Freeman, ¿Quién ganará el Premio? publicado en Newsweek el 21 de febrero de 2005. En él se refiere a una especie de Oscar de la Academia de la Ciencia Lúgubre otorgado cada década a la economía nacional con triunfos más espectaculares. Así, en los años setenta del siglo XX, éste habría sido para Alemania, sobre todo por su triunfo contra los efectos inflacionistas y de desequilibrio en la balanza de pagos generados por el choque petrolífero; en los ochenta, ¿qué otro triunfador que Japón? en los noventa, ese Oscar sería para Norteamérica, a causa de su capacidad para ajustar un alto desempleo y las nuevas tecnologías, en cuanto eso beneficia a los países con alta movilidad en el mercado del trabajo y con facilidades para constituir empresas. Ahora la gran interrogación es cómo ajustarse a la prodigiosa cabalgada alcista de China y de la India, con sus considerables poblaciones y bajos salarios. Todo esto aparece en ese semanario al lado de otro artículo, de Karen Lowry Miller, cuyo título Out of Steam? podría traducirse libremente por ¿Sin presión en las calderas? Se puede sintetizar así: Una caída en P la productividad de los Estados Unidos provoca preguntas ansiosas. La más importante: ¿señala el fin de la fuerte prosperidad global? Precisamente España había sido uno de los países que, gracias a una estupenda política económica iniciada en junio de 1996, con un denuedo extraordinario- -el famoso modelo Aznar- Rato- obtuvo mejoras impresionantes. Acaba de publicar The Economist el 19 de febrero de 2005, el otro complemento de la política económica cuando se logra aumentar la productividad: conseguir incrementar el número de horas trabajadas, porque eso también aumenta el bienestar. En la relación de los veintitrés países de la OCDE estudiados, son los campeones, superando con soltura, en el periodo 1995- 2004, el 3 de aumento de las horas trabajadas, dos países: Luxemburgo, que incluso se acerca al 4 de mejora, y España. Detrás viene Irlanda, con más del 2 de aumento de esa magnitud. El resto está muy alejado. Los Estados Unidos han de conformarse con un modesto incremento del 0,9 Francia y Suiza no crecen nada. En Austria, Alemania y Japón, cayó el número de horas trabajadas. Esto es congruente con lo que se señala por el famoso Instituto de Economía Alemana, el IWD, de Colonia, en su boletín número 35 de 2004: Durante el periodo 1995- 2003 hay tres países en la UE- 15 que han destacado por sus especiales logros en la mejora del mercado laboral Se trata de Irlan- da, Luxemburgo y España, por este orden en tasa anual de crecimiento del empleo, y de Irlanda, España y Finlandia en variación, medida en puntos porcentuales, de la tasa de paro entre 1995 y 2003. Añádase, según Eurostat, en su Statistics in focus reproducido por el Instituto de Estudios Económicos el 6 de octubre de 2004, que la media de paro de larga duración, que significa que se está sin empleo un año o más, fue de un 44,9 del paro total de media en la Unión Europea de los veinticinco. España, con un porcentaje del 34,1 sólo tiene peores cifras que nueve países de ese conjunto. Francia, Alemania e Italia están claramente peor que España. Sin embargo, nada de creer que vayamos a ser capaces de superar con soltura este año y los que se avecinan. Tres monstruos aterradores nos acechan. El primero, el de la inflación diferencial. En el IPC, la tasa anual española era en diciembre de 2004 del 3,2 y la de la Zona del euro, del 2,1 En los precios industriales, también en diciembre de 2004, el incremento anual español fue del 5,0 mientras que la media de la zona del euro era del 3,6 Esto, en parte notable es lo que explica la fortaleza del segundo mons- Si fallan los pilares de la lucha contra la inflación, del equilibrio presupuestario y de las balanzas exteriores, la crisis llamará con fuerza a nuestras puertas truo: los desequilibrios de las balanzas comercial- -España tiene en ella un déficit de 72.500 millones de dólares en los doce meses que concluyen en noviembre de 2004- -y por cuenta corriente, 44.500 millones en dólares en idéntico tiempo. Ningún país puede soportar tal sangría, y más en vísperas de que se vayan a evaporar las transferencias de la Unión Europea y, cuando, por otro lado, cae fuertemente la inversión extranjera en España. El tercer monstruo es el posible déficit del Sector público. La OCDE estima que ya en el año 2004, respecto del PIB será el 1,1 Es otro pésimo camino, se enmascare como se enmascare. José Barea le quita la careta a ese monstruo en su excelente intervención en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, del 25 de enero de 2005, titulada El marco conceptual de la estabilidad presupuestaria y su traslación en la Constitución Europea al decir que, por eso, el aumento de la prima de riesgo, y por tanto de los intereses de la deuda pública, dará lugar a la elevación del déficit público y de la deuda pública necesaria para financiarla, produciendo un desplazamiento de la inversión privada en el país que incumpla el principio de estabilidad. Cuando los déficit son altos y no sostenibles, la sociedad percibirá un riesgo creciente de inestabilidad financiera, perdiendo los precios eficacia como factor relativo de las decisiones de inversión Si fallan los pilares de la lucha contra la inflación, del equilibrio presupuestario y de las balanzas exteriores, la crisis llamará con fuerza a nuestras puertas. Da la impresión de que más de un dirigente actual de la economía española se dedica a jugar con fuego, pero esta vez sin música de Barbieri. Corren el riesgo de quemarse millones de compatriotas.