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60 LUNES 7 3 2005 ABC Toros FERIA DE LA MAGDALENA Épica pelea de El Fundi con los victorinos Plaza de toros de Castellón. Domingo, 6 de marzo de 2005. Última corrida. Casi lleno. Toros de Victorino Martín, excesivamente desiguales de presentación; dieron juego muy desigual, gazapones casi todos, duros y complicados; destacaron el mansito 2 y el noble 3 El Fundi, de tabaco y oro. Estocada pasada y rinconera (fuerte petición de oreja y dos vueltas al ruedo) En el cuarto, pinchazo y estocada trasera (oreja) Luis Miguel Encabo, de grana y oro. Media estocada muy tendida y dos descabellos (saludos) En el quinto, tres pinchazos y dos descabellos (silencio) Antonio Barrera, de rosa palo y oro. Tres pinchazos y media estocada (silencio) En el sexto, estocada al paso (bronca) no hay cornada no hay oreja? Puerta grande a El Fundi, en mi crónica y en mi memoria. Encabo se encontró con un toro mansito, muy dulce y sosito, muy en el aire mexicano de la casta saltillo que por allá hoy se ve. Desgranó naturales a cámara lenta, con aquellos viajes que se le venían al paso. Lindas series, despaciosas tandas que le cantó después de otras tres diestras de menos poso, a excepción de los pases de pecho. Conclusión: tuvo que agarrar antes la izquierda y calentarse algo más. Aun así, de haber matado, hubiera caído la oreja, seguro. En torero anduvo toda la tarde Encabo, acompañando siempre al caballo de picar, bien colocado en la plaza. Nulas opciones le dio el quinto, gazapón que rebañaba hasta no pasar. En banderillas, como El Fundi, fácil y con oficio sobrado. A Barrera le vino grande su examen bautismal con los victorinos. Tal vez por el momento. Hay una sicología torera que, me parece, nunca han comprendido los Chopera. Reaparecía en España, tras larga convalecencia, con un filete de duro corte. Al humillado y noble tercero, incluso pegajoso, no lo entendió, queriéndose quedar, con voluntad, pero sin acierto: siempre le hizo hilo; al sexto, una mole mansa que quiso saltar al callejón, no le planteó la faena en sus debidos términos, cortándole los viajes de principio. El complicado victorino no hubiese servido igualmente, pero no fue planteamiento acertado. Parte facultativo: El Fundi sufrió una cornada de once centímetros con dos trayectorias en el tercio medio posterior del muslo izquierdo. Pronóstico menos grave ZABALA DE LA SERNA CASTELLÓN. Si juzgar una corrida de Victorino provoca intranquilidad, ¿cómo la producirá anunciarse con su hierro? Subíamos hacia la plaza tras la furgoneta de un torero, frenada por las mismas gentes que luego tranquilamente lo juzgarían, en un paso lento, de procesión, la procesión del miedo; los crucifijos bailando en el retrovisor como si fuesen sobre costaleros; la mano inquieta del matador que tamborileaba en la cornisa de la ventanilla, la mirada clavada en el vacío de un mañana tal vez inexistente a las siete de la tarde, cuando los cadáveres se arrastran hacia uno u otro lado. Afortunadamente, sólo los cuerpos inertes de los victorinos muertos acabaron en la morgue; pero el de El Fundi terminó cosido en la enfermería, reventado con los estigmas del valor en forma de cornadas, que son las medallas de los hombres de oro. Pelea épica la de Pedro Prados, de viejo lidiador El Fundi, con una cornada ya en el muslo, intenta zafarse de las astas curtido en mil batallas que se reflejan en los ángulos de su rostro. El presidente, ese chulo de toriles con placa que se parapeta en su ignorancia y en un palco con escoltas, ni se enteró del esfuerzo de Fundi con el primero, que arrollaba y se revolvía, que no humillaba para llevar la contraria al sello de la casa de Victorino Martín. Robó su valentía y su sudor y su lucha de tío macho como el otro día atracó las ilusiones de un novillero llamado El Cordobés. ¡Qué injusto! Insultó a la afición, que comulgó con la emoción vivida en la ALBERTO DE JESÚS arena. Y todo por una oreja. Dos vueltas al ruedo paseó El Fundi en loor de guerrero épico. De las astifinas astas del cuarto, que recortó en banderillas todo y más, no escapó. En cuanto le ofreció la derecha se le arrancó al cuerpo, directo como un obús contra el abdomen; lo volteó, le arrancó la faja, lo buscó con saña, lo hirió. Toro cabrón, andarín como casi toda la victorinada, el de peor estilo y sentido. Con la sangre en la taleguilla, monsieur le président hizo acto de contrición. ¿Qué pasa, amigo, que si FERIA DE OLIVENZA Duelo de titanes Ponce- Juli con el valor de Perera como testigo FERNANDO CARRASCO OLIVENZA (BADAJOZ) Una gran corrida de Zalduendo, con algunos toros de una calidad extraordinaria, propició el duelo entre los dos titanes del escalafón: Enrique Ponce y El Juli. No importó que estuviésemos a principios de temporada. Cada uno salió arreando y mostrando sus armas con vistas al largo periplo que se avecina. Olivenza fue la plaza en la que el valenciano y el madrileño dijeron que, a pesar de los que vienen empujando, tienen cuerda para dar y regalar. Sobre todo un Ponce que sigue inasequible al desaliento, tanto con el bonancible primero como con el mansón y rebrincado cuarto, al que acabó haciéndolo embestir. Julián López dio la dimensión de torero no sólo capaz, sino también profundo y poderoso, a la par que temerario hasta decir basta ante el quinto. Y junto a ellos, el testigo de excepción: el extremeño Miguel Ángel Perera, que además de torear se fajó con un valor espartano ante el sexto, el más peligroso del gran encierro que trajo Fernando Domecq a Olivenza. Una tarde importante para dilucidar cómo están los depósitos de las figuras del toreo. Ponce toreó con mimo y pulcritud al primero, dándole la distancia adecuada, pulseando los viajes y desparramando inteligencia a la hora de plantear las series, aunque se pasó de faena. Con el manso cuarto, se dobló muy bien en el inicio para luego, con toques perfectos y precisos, llevar la embestida del astado. Faena para espolear al más pintado. Oreja tras aviso y oreja. Así las cosas, El Juli salió a revientacalderas en el quinto. Antes, en el segundo, dejó su tarjeta de visita en verónicas a pies juntos, un quite por chicuelinas y una faena a más por ambos pitones. En el quinto tragó los violentos cabezazos Perera, El Juli y Ponce abandonan a hombros la plaza de Olivenza y no se inmutó, sacando muletazos de donde no los había. Dos orejas y oreja. El joven Miguel Ángel Perera reivindicó su sitio en las grandes ferias y en los carteles importantes. Alcanzó las mayores cotas con el sexto, el garbanzo negro del encierro, que buscó y se revolvió pronto. No se arredró Perera, CASIMIRO MORENO que buscó con ahínco el triunfo e incluso se llevó una fea voltereta con un valor sobrecogedor. Dos orejas y oreja. En la enfermería fue operado de una cornada en la cara exterior del muslo izquierdo de ocho centímetros de profundidad. Pronóstico grave La plaza se llenó.