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76 DOMINGO 6 3 2005 ABC Toros FERIA DE LA MAGDALENA Puerta grande a la sabiduría de César Rincón Plaza de toros de Castellón. Sábado, 5 de marzo de 2005. Séptima corrida. Tres cuartos de entrada. Toros de Jandilla, de desigual presencia y pobre cara, justos de poder y fuerza, pero nobles; destacaron el extraordinario 5 y la calidad del 3 César Rincón, de purísima y oro. Estocada perfecta (oreja) En el cuarto, estocada un punto contraria. Aviso (oreja) Salió a hombros. El Fandi, de salmón y oro. Pinchazo y estocada (saludos) En el quinto, pinchazo hondo y descabello (oreja y fuerte petición de la segunda) Matías Tejela, de azul cielo y oro. Estocada desprendida (saludos) En el sexto, estocada tendida y cinco descabellos (silencio) ZABALA DE LA SERNA CASTELLÓN. La sabiduría de César Rincón sobrevoló la plaza y la corrida con holgura. Su ciencia abrió la puerta grande de par en par. Rincón vive una plenitud gozosa para él y para los demás. No ha parado en América de cosechar glorias, y ahora todo apunta a que sigue en ese estado de gracia que la temporada pasada demostró por toda España. Hablar de racha sería una boutade. Conocer al toro, los terrenos, sus distancias y necesidades no es cuestión de un momento, de una racha. El placer de contemplar cómo a su primero le dio confianza y espacio, sin forzarlo en su muleta tersa y siempre adelantada, para que se creciera en sus aptitudes por encima de sus defectos, no tiene precio. Y al final una serie honda de derechazos, con la mano ya baja y los flecos de la roja tela a rastras, para reventar los tendidos y exprimir todo lo que el jandilla conservaba aún dentro, porque el César se había cuidado de no quitárselo antes de tiempo, no fuese a retirarse de su misión de embestir con alguna tentación impía de tablas o deseos de dehesa andaluza y verde hierba. Esa condición Rincón toreó sobre la diestra con temple y largura de acudir, no pronta, ojo, al engaño, para tomarlo con gusto y largo viaje por el pitón derecho, no se produjo por el lado izquierdo, más violento. Una estocada en la suerte contraria- -hasta en esto acertó- -se convirtió en una indiscutible oreja y en el volapié de la feria. Nadie dábamos un duro por el cuarto, muy justo de fuerza, muy justo de todo. Pero Rincón no le atosigó en su acobardada actitud y le hizo las cosas poco a poco, de uno en uno los muletazos, las series ventiladas, sin prisas ni ataques. Faena paciente, fruto del sabio colombiano más torero de la historia. Otra oreja y triunfador, de momento, a sus cuarenta años, de La Magdalena. La corrida de Jandilla explotó definitivamente con un quinto toro de bandera. Fue una corrida de menos punch o pegada que la de Fuente Ymbro- -más encastada y más de público si se quiere- pero muchísimo más descolgada o, como diría Pepe Teruel, más torera. A este quinto, de una morfología hecha para embestir, le montó El Fandi un lío en banderillas. Una vez acudió con un par en cada mano, fórmula novedosa de darle suspense al tercio: ¿qué haría? Crujió un violinazo y en moviola revolucionó luego al gentío, ya abierto un palo en cada mano. Hubo una reunión más. El toro no paró, como le ocurrió a su desfondado enemigo anterior, y no cesó de perseguir la muleta por abajo, rebosando calidad. Fandila le corrió la mano con temple, sin un solo tirón, en los límites de su estética o por encima de ellos, por- ALBERTO DE JESÚS que con la izquierda se sintió. Un pinchazo hondo en toda la yema y un descabello desbocaron la pañolada que se manifestó insatisfecha con un único trofeo. Matías Tejela causó una impresión mecánica y poco fluida, en especial con el que sumó tercero, de muy justito poder pero de una calidad indudable que no requería violencia alguna. De hecho, cuando en una tanda zurda le cogió el aire, se volvió a ver al Tejela de dorados naturales. Fue un fulgor. La petición ni siquiera cuajó. El sexto, sin un último tranco para rematar los muletazos, más brutote, no le ayudó todo lo preciso, aunque su falta de ideas y su encorsetamiento mental le impidieron abandonar una obra rutinaria y, como alguien soltó, multimegapases. Olivenza: Morante empieza a ver la luz y Manzanares dice cómo se torea al natural FERNANDO CARRASCO OLIVENZA (BADAJOZ) A gloria debió saberle a Morante de la Puebla la fuerte ovación que el público le tributó cuando se rompió el paseíllo ayer en Olivenza. Era la tarde de su vuelta a los ruedos, después de casi un año de estar por los infiernos que ha atravesado hasta comenzar a ver la luz. Y eso se notaba en su semblante. Porque José Antonio Morante estuvo ayer con ganas, con ilusión, que no es poco para lo que ha pasado durante todo este tiempo. Se va recuperando el hombre y se atisba que el torero sigue poseyendo ese don de los que están llamados a escribir tardes importantes en las principales plazas de toros. Sobre todo ante su primero, al que le cortó una oreja después de una labor en la que el toreo sobresalió, por ligado y acompasado, al torear sobre la diestra. Porque la zurda fue ayer de José María Manzanares. Se entiende que es el padre. El empaque, la solemnidad y la majestuosidad a la hora de citar, de adelantar el engaño y de embarcar las embestidas por ese pitón fueron la mejor lección, en dos tandas, de cómo hay que torear al natural. Buena nota debió tomar su hijo, tercero del cartel, que precisamente se encontró con el mejor toro, el sobrero de Zalduendo, que embistió de dulce, pero con el que se mostró demasiado acelerado. Una tarde con mucha expectación en los tendidos, que se llenaron, y en el callejón de la plaza. Sobre todo de profesionales. Curro Romero y su esposa, Carmen Tello; Antonio Miura, José Luis Marca, Fernando Domecq... Muchos rostros conocidos y multitud de aficionados de Sevilla y provincia que Morante de la Puebla cortó una oreja en su regreso a los ruedos se desplazaron para ver la reaparición de Morante de la Puebla. La corrida de Juan Pedro Domecq, bien presentada en conjunto, noble y manejable, aunque le faltó algo más de CASIMIRO MORENO fuerza, colaboró en la realización de bellos pasajes. Éste fue el resultado final: Manzanares, ovación en ambos; Morante, oreja y ovación, y Manzanares hijo, oreja y palmas.