Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
74 Cultura DOMINGO 6 3 2005 ABC Familiares y amigos despiden con poemas inéditos a Rafael Montesinos Tras ser incinerado ayer en Madrid, sus cenizas reposarán en Sevilla A. ASTORGA MADRID. Fue una ceremonia emotiva, íntima y sencilla. Los versos de La verdad y otras dudas antología de los años 60, salieron de los poemas para llorar su muerte. El último heredero de la gran escuela poética sevillana era incinerado en La Almudena. Le acompañaban su inseparable Marisa, la mujer que le ha cuidado y mimado con pasión, sus hijos Ramón y Rafael, que leyeron los poemas de su padre, su sobrino José María Carnero, familiares, amigos y representantes de la Junta de Andalucía y Ayuntamiento de Sevilla. El poeta de cara aniñada que consagró su vida a identificar el orden que Bécquer asignó a sus Rimas y que regresó esos versos a su estado original, labor sencillamente impagable, descansará en Sevilla. Allí reposarán las cenizas del autor de La vanidad de las cenizas su libro póstumo e inédito. Se leyó un soneto inédito que el poeta escribió para Pilar, hija de José María Carnero, hace veintiún años. No lleva título y José María, que lo recitó, lo cuida como un tesoro. No está en libro alguno y dice así: SENCILLO Y GRANDE ALFREDO SÁNCHEZ MONTESEIRÍN F La familia del poeta le dio ayer su último adiós en La Almudena JULIÁN DE DOMINGO POETA JONDO POR EXCELENCIA MANUEL RÍOS RUIZ Siempre me quedas tú, siempre te olvido en brazos del amor, siempre regreso a tu piedad, Señor, siempre tu beso anda en el sitio donde estoy herido. Nunca te he dado nada. Sólo te pido. Y a cambio de mi vida y de su exceso, te doy las sobras del amor. Ni eso te doy, Señor. Tristeza de haber sido hombre mortal, allá en tu cielo tienes. La carne que yo sufro, tú sufrías; los mismos brazos, de otra forma abiertos. Ay, Señor, que en mi olvido te sostienes, vendrán tus siglos y seguirán mis días, vendrán los muertos y se irán los muertos. odavía recuerdo la ilusión que le hizo que Romerito de Jerez y Fernando Gálvez, con la guitarra de Manolo Sanlúcar, cantaran para un disco su Romancillo de la Esperanza de Triana porque su aspiración se cifraba en que sus versos se popularizaran, sobre todo sus soleares tan jondas y entrañablemente andaluzas. Una de ellas, la más emblemática de su acervo, la que dice: Que nadie se llame a engaño. Todo el que vive por dentro, por dentro se va matando la grabó Fosforito, pero atribuida a Ricardo Molina. Y ahora son varios los cantaores que la incluyen en su repertorio como popular. Y es T que Rafael Montesinos era primordialmente un poeta andaluz por excelencia. También es puro cante jondo su copla sobre sí mismo: Soledad se seguir viviendo mi soledad con los otros es la soledad que tengo Ahora, al morir, se hace inmortal su decir: Y una querencia mía hacia la tierra avanza, que morirse algún día también es esperanza La poesía española acaba de perder una de sus voces coetáneas más significativas, la del poeta más arcángel de la generación de los 50, al que tal vez no se le hizo en vida la justicia que merecía. Becqueriano hasta la médula, renovó la poesía de su tierra, la representó con su fatalismo ancestral, con su exaltación del amor, con sus poemas a Marisa, con su Soleá para obreros andaluces Y con la realidad, en su obra encontramos la sutileza, lo etéreo, lo invisible... junto a lo más recóndito del ser humano. ue Antonio Burgos quien nos dio el aviso: Montesinos se nos moría en Madrid. Debíamos hacer algo, en nombre de la ciudad que le vio nacer. Mi primera reacción fue acercarme al Ramón y Cajal a visitarle. Y, hoy, a pesar de la tristeza por su pérdida, puedo decir de corazón: ¡Cuánto me alegro de haberlo hecho! Una sencilla habitación, una mujer al pie de la de Rafael. Creí que era una broma de mis sobrinos balbuceaba el poeta emocionado, emocionándome. Quise verlo mucho mejor de salud. Y así lo ví con el corazón. Y, con esa ilusión, hablamos. Él, de su próximo libro, La vanidad de las cenizas hecho en Sevilla me dijo. Prometió enviarnos el primer ejemplar. Yo le hablé de nuestra ambicionada Casa de los Poetas Y de Bécquer. Él, de su calle Santa Clara natal, planta baja. Yo, de la plaza de San Lorenzo, del monumento recién erguido a Juan de Mesa, de mi gente de ese barrio tan grande y sencillo. Y él, de nuevo emotivo, de su poema: Tan chiquito como la calle Eslava Me invitó a visitar su casa de Madrid cuando se recuperara. Su mujer asentía y corroboraba- -triste, muy triste, Dios mío- -sus palabras, reiterativas, presumiendo de las cosas de Sevilla, tantas y tan hermosas, que adornaban su hogar junto al Retiro. También a las referencias a esa humedad de nuestra ciudad, tan tópica y tan real como la calor, sobre todo para la mala salud de hierro de nuestros mayores, él mismo incluido. Hoy, al llorar su pérdida, queremos compartir apresuradamente con todos los sevillanos la ternura de aquel momento. Murió sin saber que se moría, quizás más feliz que nunca. Me lo dijo así, tras insistirme mil veces, sin conseguirlo, para que le tuteara: Alfredo, es la primera vez que Sevilla viene a mí