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ABC DOMINGO 6 3 2005 Cultura 73 CLÁSICA Ciclo de Lied Obras de Wagner, Richard Strauss, Poulenc y Rachmaninov. Int. Violeta Urmana, soprano. Jan Philip Schulze, piano. Lugar: Teatro de la Zarzuela. Madrid. CANCIÓN Juliette Gréco Ellas Crean Int. Juliette Gréco (voz) Gérard Jouannest (piano) Barthelemy Raffo (guitarra) Patrick Brugaliere (acordeón) Hermes Alesi (bajo) y Gérard Gesina (batería) Lugar: Auditorio Nacional. Madrid. Fecha: 4- 3- 05 TEATRO La luna de lluvia Autora: Colette. Adaptación: F. de Calderón. Dir. M. Mira. Esc. M. Mira Trilby Norton. Vest. H. Sanchís. Ilum. M. Mira Rodrigo L. Casaleiz. Int. A. Balaguer, M. Broto y C. Rabal. Lugar: I. Francés. Madrid. LA FUERZA DEL SABER ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE LA BOHÈME PABLO MARTÍNEZ PITA LA TENTACIÓN DEL PASADO JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN ioleta Urmana puede con todo. Viene de Barcelona. De ponerse en la piel de Kundry, papel que es una monstruosidad por extensión, carácter y extremos expresivos. Interviene ahora en el Ciclo de Lied El esfuerzo es meritorio, porque son mundos distintos. Pero a Urmana debe haber pocas cosas que le amilanen desde el punto de vista vocal. La seguridad tiene que ver con la robustez de la técnica manifestada en el aplomo de la respiración, la grandeza en los agudos más comprometidos y la anchura de los matices. El barrido que dio por el repertorio no dejó lugar a dudas. De Wagner a Rachmaninov, con Poulenc y Richard Strauss de por medio. Puestos a elegir, quizá acabaran por tener una entidad especial las canciones del autor ruso, pues Urmana pone peso y cantidad a la interpretación, lo cual beneficia a unas partituras que, en términos generales, plantean una expresión abierta, caliente. Lo contrario de algunas canciones de Strauss, o de la misma Vocalise de Rachmaninov, en las que es fácil imaginar y querer un lirismo de corte más evanescente. Comenzó el recital con los Wesendonk- Lieder de Wagner y ni el frío inicial de la voz impidió a la soprano pisar con fuerza y luego recogerse en los estudios para Tristán Bien es cierto que ya ahí el pianista Jan Philip Schulze estaba facilitando el ambiente íntimo y ensoñador de estos retazos. Poulenc, por último, fue una suerte de sensatez, con el detalle de alguna media voz que vino a añadir nuevos resplandores a la importante actuación de Violeta Urmana. V N o es que el viernes nos visitara una intérprete especializada en la canción francesa, es que era la canción francesa en persona la que se acercó a Madrid para dejar una estela de otro tiempo. Juliette Gréco tiene 78 años y su biografía es de ésas que sólo puede darse en el siglo XX, II Guerra Mundial, vida bohemia y existencialismo incluidos. Es un personaje que parece creado por un escritor. Pero fue su propia vida la que inspiró a un buen puñado de éstos. Tiene 78 años y conserva los rasgos que la convirtieron en una mujer fascinante, de belleza arrebatadora. Y conserva también la voz, y los gestos, y la coquetería. Sus manos, su cara y su cuerpo van dibujando cada vez, poniendo el alma en cada historia, ya sea divertida, romántica o trágica. Vestida de negro, menuda y delgada, su actitud encima del escenario resultaba bastante imponente. El público era consciente de que traía a sus espaldas el peso de la leyenda y un presente sorprendente. En el Auditorio Nacional se dedicó a hacer un recorrido por esas canciones que forman parte de la historia de Francia, compuestas por Jacques Brel, Gainsbourg, Brassens, Prévert, Leo Ferré... Éste último, por cierto, la comparó en su momento con Marlene Dietrich, y eso puede dar una idea bastante aproximada de lo que había bajo los focos. Antes de cada tema, realizaba una simpática introducción en francés, y luego se transformaba en la excelente actriz que también es. Por ejemplo, con Desabillez- moi no sé de dónde viene, pero es una belle chançon se convirtió en una encantadora jovencita que se desespera ante la torpeza del novio en desnudarla. En ese momento, Gréco, durante su actuación EFE resultó totalmente deliciosa, a pesar del carácter que debe gastar la dama. Carácter que salía a relucir, aunque no quisiera. Porque Ne me quitte pas deja de ser un grito desesperado para parecer casi un desafío. Y con Poissons plus oisseau se podían contemplar, con sus manos, los pájaros alzando el vuelo y los peces deslizándose por el agua. Sous le ciel nos trasladó a París, aunque, claro, también ayudaba el acordeón de fondo, que parecía que salía de alguna taberna del barrio Latino. Trois petites notes también fue adorable, y Les vieux amants arrebatadora, y Bruxelles perfecta. Un alta voz daba de vez en cuando problemas, una tecla del piano se volvió tonta y hubo que arreglarla sobre la marcha, ella se olvidó de la letra de Paris canaille (y se vio que le dolió el detalle) pero nada era capaz de destruir la magia que allí reinaba. uando ver a una madre y una hija juntas sobre el escenario no resulta extraño- -ahí están Lola Herrera y Natalia Dicenta en Solas y Ángela y Olivia Molina en El graduado -sorprende y emociona contemplar unidas en un reparto a una abuela y a su nieta: Asunción Balaguer y Candela Rabal en La luna de lluvia una deliciosa miniatura de Colette sobre mujeres mordidas por los filos de un fracaso amoroso. Fina de Calderón ha adaptado para la escena ese cuento en el que la escritora francesa deslizó al parecer referencias autobiográficas. La versión teatral conserva algún elemento discursivo, como la voz en off y en directo que narra pasajes de transición entre escenas y que corresponde a la de la propia Colette, encarnada con sensibilidad y exquisito magisterio por Asunción Balaguer. La escritora, ya madura, se sorprende al comprobar que en el domicilio donde acude a que mecanografíen sus originales vivió ella antes; ahora lo habitan la dactilógrafa y su hermana, presa de un inquietante estado obsesivo desde que la abandonó su marido. Magüi Mira ha dirigido con mimo este montaje cargado de tensa intimidad, de inquietudes heladas y pasiones oscuras. La presencia de Asunción Balaguer sobre el escenario es, al tiempo, majestuosa y próxima, precisa de dicción y gesto; Magdalena Broto está magnífica en su papel de neurótica sumisa, y la debutante Candela Rabal demuestra su casta en un personaje de esquinado erotismo. C