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70 DOMINGO 6 3 2005 ABC Cultura y espectáculos SANTIAGO CALATRAVA Arquitecto Estoy bien armado para evitar morir de éxito VALENCIA. Santiago Calatrava acaba de presentar su nuevo proyecto para la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia, que incluye tres torres (frente a las cuatro planteadas inicialmente) así como una gran plaza (ágora) y un edificio acostado compuesto por diversos cubos. Las torres, de forma helicoidal, llevarán los nombres de Valencia (308 metros, la más alta de España) Castellón (266) y Alicante (220) -Tres rascacielos, un edificio tumbado y un ágora han dado un vuelco a la Ciudad de las Artes. -Con el ágora quiero dotar de un corazón a la Ciudad de las Artes. Las torres convertirán el complejo en una ciudad, en un sitio donde la gente viva y trabaje. Dejarlo como centro dedicado al arte y la ciencia hubiese sido la idea de un parque que, por la mañana, se abre y, por la noche, se cierra. Con estos edificios la ciudad pulsa y sigue viviendo. ¿Qué ha querido transmitir? -Este proyecto refleja el carácter de los valencianos, que es más bien callado y laborioso, aunque a veces se diga lo contrario. Hay una laboriosidad de muchos años para hacer un proyecto de trascendencia, que va más allá de lo que puede significar para la Comunidad, para España y para Europa. Un proyecto de trascendencia mundial, porque ningún lugar reúne ciencia, ocio, cultura, educación y trabajo como aquí. Tras quince años de trabajo, este proyecto refleja la vocación de una ciudad que está al loro de lo que va a ser el siglo XXI y la necesidad de reinventarse de cara al futuro. -La financiación será privada. -Para mí como arquitecto y para la Generalitat es necesario concluirlo brillantemente. Pero hace falta también que el sector privado se implique. Es un reto enorme y, si no lo hacen los promotores valencianos, pues lo harán los promotores de fuera, pero seguro que se hará. ¿Le han mostrado ya interés empresas extranjeras por las torres? -Efectivamente. Un proyecto así no se puede mantener en silencio y ya hemos hecho un estudio de viabilidad. -Es conocido como arquitecto e ingeniero, pero tiene otra faceta más desconocida como escultor y pintor. -He llevado mi trabajo con la escultura, la pintura o la cerámica a un nivel muy personal. Tengo que reconocer que mi trabajo como arquitecto e ingeniero se nutre del trabajo silencioso e íntimo que he ido haciendo como pintor y escultor, aunque nunca haya trascendido. De lo que sí estoy orgulloso es que cuando lo he hecho ha sido en sitios como el IVAM, la Pinacoteca Nacional en Atenas, el Kunsthistorisches de Viena, el MoMA o este año en el Metropolitan. -Le llegan encargos de todo el mundo, todas las ciudades quieren un ca- Con sus estructuras en movimiento ha conquistado desde Israel a Nueva York. Ahora regresa a Valencia para coronar con tres rascacielos su obra maestra, la Ciudad de las Artes y las Ciencias TEXTO: LUZ DERQUI FOTO: MIKEL PONCE Calatrava, junto a la maqueta de las tres torres que construirá en Valencia latrava ¿No teme que el exceso de demanda perjudique su calidad y originalidad? -Estoy bien armado para evitar morir de éxito. En el caso de la Ciudad de las Artes para mí es fundamental que la concluyamos, por su importancia y porque, si se mira la historia, nos encontramos que hay muchísimos proyectos que se comenzaron y no se han concluido. Una de las preocupaciones más importantes que tengo es acabar aquello que empie- Se trata de un proyecto de trascendencia mundial, porque ningún lugar reúne ciencia, ocio, cultura, educación y trabajo como se hace aquí afirma el arquitecto valenciano zo, y me refiero este a proyecto, al rascacielos de Malmöe, al de Nueva York, a la estación de la Zona Cero o la de Lieja. Esta es la actitud que he tomado y quizá sea el antídoto para no morir de éxito, el sostener a aquellos que te han sostenido, no querer gustar a todo el mundo, sino ser recto y correcto con aquellos que te han respondido. -La arquitectura de autor está hoy reservada para edificios emblemáticos. ¿Están reñidos los proyectos de calidad con los más modestos? -Si uno se pasea por el Ensanche de Barcelona ve muchísimos edificios anónimos de cierta calidad, al igual que ocurre en Valencia o en Milán, una situación que se extiende hasta los años 30 ó 40. En los 60 nos encontramos con ciudades de crecimiento desaforado, donde primaba construir para dar alojamiento a los emigrantes. Actualmente, creo que este tipo de intervenciones singulares sirven para generar ciudad. Mi papel no es el ser un arquitecto de autor, sino haber recogido el mensaje que se me dio. -Se habla del sello Calatrava, se reconoce su obra por sus estructuras en movimiento o el uso del hormigón blanco, pero también le han criticado que se copie a sí mismo. -Hay un sentido evolutivo en la obra. A veces digo que un arquitecto, como un pintor o un escultor, puede proyectarse a través de su obra y yo entiendo la arquitectura como un arte. Y, si se entiende así, se está sujeto a una evolución. Piense, por ejemplo, en la obra del pintor más colosal del siglo XX, que es Picasso. En su obra hay una evolución perfectamente reconocible: la época rosa, la azul, el cubismo, la época tenebrosa... y esas épocas se extienden a veces durante doce años y además son recurrentes. En ese sentido, la persistencia de colores como el blanco lo atribuyo más bien al carácter mediterráneo de mi obra. Dígame usted: ¿cuál es el estilo de los pájaros? ¿En qué estilo cantan? Pienso que en la vida de un artista el estilo es una cuestión puramente marginal. Lo que cuenta es la verdad de lo construido, la naturaleza de la estructura, la expresión, la sinceridad, el destino final de estas obras. Ahí tiene las bodegas que he construido en La Rioja, que no son blancas: tienen el color de la tierra, de la madera, de las rocas, las líneas de la sierra que tiene atrás. Si alguien abre los ojos ve señales clarísimas de un deseo de cambiar, que también se ve en un puente que hago en Venecia. ¿No cree que la globalización de la arquitectura ha hecho que las ciudades pierdan sus señas de identidad? -Es verdad, pero hay un esfuerzo de reconciliación, como la utilización de la cerámica en el Palau de les Arts de Valencia. Un arquitecto que trabaja hoy no se