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ABC DOMINGO 6 3 2005 Los domingos 69 EL PERFIL DE LA SEMANA JOSEP PIQUÉ Presidente del Partido Popular de Catalunya EN LA ACERA ESCRIBÍ TU NOMBRE FERNANDO IWASAKI SZYSZLO EN MADRID a galería Kreisler de Madrid acaba de inaugurar una exposición del pintor Fernando de Szyszlo (Lima, 1925) primera individual dedicada en España a uno de los más notables artistas contemporáneos iberoamericanos, acaso el último de un linaje de creadores en cuya obra todavía podemos encontrar reunidas la plástica y la literatura, la tradición y la vanguardia, la austeridad precolombina y el cosmopolitismo europeo, la vida como arte y el arte como expresión vital. En realidad, toda la biografía de Fernando de Szyszlo está perfumada de literatura, porque su obra le debe tanto a Valdelomar, Westphalen, Salazar Bondy y José María Arguedas, como a Klee, Miró, Matisse y Bonnard, por no hablar de Cortázar, Vargas Llosa y Sologuren, o de Vermeer, Chirico y Picasso. Lo que uno daría por haber asistido a esos saraos del apartamento parisino de Szyszlo, donde Breton, Lacan, Michaux, Octavio Paz, Bioy Casares y Ernesto Cardenal bailaban boleros mientras el mexicano Tamayo tocaba la guitarra. Fernando de Szyszlo es el eslabón bienhallado con aquella bohemia legendaria e irrepetible. Desde Europa se ignora muchas veces la verdadera dimensión de las vanguardias latinoamericanas, pues Jackson Pollock fue discípulo del mexicano Siqueiros, Rothcko fue admirador del chileno Matta (Gorky también moría y murió por Matta) la pintura de Kooning tiene improntas del cubano Wilfredo Lam y la obra de Adolph Gottlieb no podría entenderse sin la del uruguayo Torres García. Sin embargo, aunque en España se han dedicado retrospectivas a los grandes maestros norteamericanos, nunca se ha reunido en una sola muestra la obra de los grandes pintores hispanoamericanos como Tamayo, Siqueiros, Lam, Torres García, Matta y el propio Fernando de Szyszlo. Me costaría agregar algo original a los juicios que sobre la pintura de Szyszlo han expresado ya Octavio Paz, Vargas Llosa, Carlos Fuentes o Jorge Edwards, por citar solamente a escritores conocidos por la opinión pública española; pero incluso asumiendo que el lector lo ignore todo acerca del universo simbólico y geográfico de las antiguas culturas precolombinas del Perú, la luz, el color, las texturas y las figuras que pueblan los lienzos de Fernando de Szyszlo, nos interpelan desde su unánime soledad, propiciando una intimidad turbadora que nos arrasa de desasosiego. Hace unos meses, trasteando en una librería de viejo de Londres, hallé un curioso libro de viajes que recogía en francés las memorias mexicanas de un naturalista polaco: Dix mille kilomètres a travers le Mexique, 1909- 1910 (París, 1913) de Vitold de Szyszlo, padre de Fernando. De aquella suma de exilios, lecturas y sueños; de esa encrucijada de sangres, culturas y lenguas; del aquel libro que era polaco, francés y mexicano al mismo tiempo, proviene también la pintura de Fernando de Szyszlo, que sin dejar de ser peruana es sobre todo universal. Sus cuadros estarán hasta el 29 de marzo en la galería Kreisler de Madrid. L El ex ministro se ha convertido en protagonista de la tormenta política existente estos días en Cataluña al presentar una moción de censura contra Maragall Elegante contundencia eguraban que la política catalana se le iba a quedar pequeña, pero no ha tardado en ponerla a su altura. Josep Piqué (Vilanova i la Geltrú, 1955) ha contribuido decisivamente en la caída del mito del oasis catalán, al presentar una moción de censura contra el presidente de la Generalitat, Pasqual Maragall, a raíz de las denuncias de corrupción lanzadas por el dirigente del PSC contra el anterior gobierno de CiU. Piqué quiere aire fresco en Cataluña y, aunque es consciente de que esa medida de castigo contra Maragall no prosperará, está dispuesto a evitar que socialistas y nacionalistas se tapen las vergüenzas mutuamente. Para ello, no ha tenido inconveniente en buscar el diálogo con otras fuerzas parlamentarias tan contrarias al PP como ERC, cosa que ha llevado a algún que otro dirigente popular a rasgarse las vestiduras. Pero el denominado efecto Piqué expresión acuñada tras su designación en octubre de 2002 como presidente del PP catalán, consiste precisamente en eso: en aplicar el pragmatismo cuando es necesario y demostrar que los populares saben adaptarse al hecho diferencial catalán. He ahí un primer rasgo de la personalidad de este licenciado en Derecho y Ciencias Económicas, casado y con tres hijos, admi- As POR MARÍA JESÚS CAÑIZARES rador de Winston Churchill desde hace años, y trabajador infatigable. Josep Piqué se inició en la política con el Partido Comunista catalán, lo que debió suponer el primer gran desafío para este hijo de la burguesía que, a los 31 años, ya era nombrado director general de Industria de la Generalitat. En 1992 asumió la presidencia de Ercros, cuyas oscuras relaciones con el grupo KIO le sumergieron en un escándalo judicial del que logró salir indemne. Tras su salto al PP, la entrada en el Gobierno fue casi inminente. Entre 1996 y 2003 fue titular sucesivamente de las carteras de Industria y Energía, Asuntos Exteriores, y Ciencia y Tecnología. Durante ese período, asistió al surgimiento de la sociedad de la información, al conflicto con Marruecos, a la negociación sobre Gibraltar y a la presidencia española de la UE. Tras haber vivido la política en mayúsculas, Josep Piqué asumió la presidencia de los populares catalanes, algo que no acaban de encajar algunos sectores del partido, que hasta hace poco le acusaban de no implicarse en el juego político catalán. Un argumento que ahora se ha desmontado con la presentación de una moción de censura que ha devuelto al ex ministro un protagonismo que, no obstante, nunca perdió. De hecho, en las sesiones de control celebradas en el Parlamen- to catalán, Maragall siempre ha rendido pleitesía a Piqué, cuyos discursos llevan la impronta de una elegancia que no está reñida con la contundencia. Quienes le rodean aseguran que una de sus principales cualidades es saber escuchar, que nunca ha pegado una bronca y que, cuando está enfadado, se limita a fruncir levemente el ceño. Quizá esa sea una de las claves que le han convertido en uno de los hombres de confianza de Mariano Rajoy, que ha bendecido su forma rigurosa de encarar el debate sobre el autogobierno catalán. Josep Piqué contribuye a mantener esa leyenda sobre el seny catalán. Pero, cómo no, también tiene sus manías. En ocasiones se muestra excesivamente meticuloso y no lleva demasiado bien las improvisaciones en su apretada agenda diaria, que comienza en el gimnasio a las 7 de la mañana. Es aficionado al deporte y a las salidas familiares a la montaña, y lee todo lo que cae en sus manos: desde un tratado sobre ingeniería hasta una novela de ciencia- ficción. Su base cultural es amplísima. Piqué absorbe, analiza y almacena la información que recibe en una memoria privilegiada. También le gusta la música, tanto la de su generación como la de sus hijos. Uno de sus grupos favoritos: La oreja de Van Gogh. www. fernandoiwasaki. com