Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC DOMINGO 6 3 2005 Los domingos 67 Para Ángeles Durán, los dos Oscar sobre la eutanasia reconocen un problema sobre el que no hay libertad para hablar en España Desajuste entre valores y ciencia -Un anciano acaba con la vida de su mujer ciega y enferma de alzheimer y se suicida tomando salfumán. ¿Tiene que ver más con la eutanasia o con el abandono social y el no querer ser una carga para otros? -Este caso es una tragedia absoluta por el abandono y por lo del salfumán, porque debe ser una de las peores calidades de muerte que se le puede dar a nadie, pero, sobre todo, con lo que tiene que ver es con un cambio tecnológico que ha ido mucho más aprisa que el cambio de valores. La medicina ha estado durante siglos luchando contra la muerte porque las enfermedades que aquejaban a los humanos eran súbitas y de las que si curabas, quedabas bien; sin embargo, los valores que sirvieron en la aplicación de esa medicina ya no valen porque el desafío que se presenta ahora para la medicina y la tecnología son las enfermedades de desgaste en las que el sujeto se interna en un desierto en el que se le evita la primera caída sólo para que continúe adentrándose en ese desierto en peores condiciones aún que en la caída anterior y sólo le espera el final en ese desierto. La medicina ya no cura y sólo prolonga una situación que algunos sujetos no quieren ver prolongada. Ahí se plantea un problema: hoy, a un sujeto, después de haberle dado todos los derechos de la autonomía, pudiendo quitar y poner gobiernos y hacer casi todo lo que quería, en el momento de mayor soledad y de mayor vulnerabilidad, se le quitan todos esos derechos de la decisión sobre sí mismo, y los demás le niegan el derecho a decidir sobre lo que quiere hacer con su muerte. Me he ido un poco lejos del hombre del salfumán, pero en su situación confluye todo. Nos va a llevar tiempo, y será una de las grandes conquistas éticas y políticas, avanzar los márgenes de la autonomía del sujeto a las fronteras de la muerte que hasta ahora nos están vedadas. de la vida es el que la tiene, la disfruta o la va a perder, tampoco tengo ninguna duda. Los demás pueden tener derechos y los tienen, pero no tantos como el propio enfermo. ¿Dónde está la frontera? El que va conduciendo el avión tiene una responsabilidad para con los demás, pero si ya ha dejado el avión en tierra con cuidado de que los pasajeros estén bien situados en la terminal, entonces también tiene derecho a irse. -Según su investigación, la mayoría de los médicos opinan que un buen sistema de cuidados paliativos podría reducir las demandas de eutanasia (3,6 al año por cada facul- tativo) ¿Por qué en España no se les presta la suficiente atención? -Es una especialidad reciente. Sobre ella han pesado sobre todo dos compo- Hay estudios tremendos de cómo se genera la idea de que los recursos para los enfermos más allá de la esperanza de vida son más necesarios para otros nentes, uno puramente técnico, que la analgesia no fuera muy dañina para otras cosas, y el de los valores y las tradiciones, porque hasta hace muy poco no se pensaba que la evitación del dolor fuera un derecho tan importante como se estima ahora. Tampoco olvidemos que las unidades de dolor son caras y necesitan recursos. ¿Corremos el riesgo de que la eutanasia se administre por el Estado como un recurso más contra los que acarrean mucho gasto sanitario y han superado el umbral de esperanza de vida? Le hablo de los ancianos devueltos de los hospitales a los geriátricos o a sus casas con la apostilla no se puede hacer más por él -Esto nos enfrenta a para qué debe servir una sistema sanitario y cómo se organiza, sobre todo, la prioridad de los recursos, que son limitados. Decía Max Weber que los dioses son múltiples y nada te liberará de la necesidad de elegir Y hay estudios tremendos que dicen cómo sobre los enfermos que están más allá de la esperanza de vida se genera la idea de que los recursos para ellos, otros los necesitan más. ¿Habla de una enmascarada eutanasia pasiva? -La eutanasia debe ser algo que se solicite. Es algo delicadísimo y da mucho miedo pensar quién tiene el derecho de administrar eutanasia cuando no sea a petición del enfermo; pero en un clima en el que no ha sido posible ni pensar ni hablar en libertad sobre este tema tampoco puede esperarse que de modo espontáneo la gente lo pida y hable de ello, porque les da miedo. ¿En España no se habla libremente de la eutanasia? -No y no se siente ni se piensa. Ahora los dos últimos Oscar de Hollywood son como un homenaje a un problema real que sufre la población con la incomprensión de buena parte del sector, digamos, judicial y sanitario. ¿Por eso no se ha vuelto a hablar de la comisión sobre eutanasia que prometió el PSOE en su programa electoral? -El resultado de las elecciones fue muy ajustado y creo que dentro de la Iglesia católica habrá profundos cambios en los próximos años. El PSOE no desea enemistarse con una fuerza social tan poderosa y que en estos momentos mantiene formalmente una posición tan radical. -En su informe se refiere a que los formularios redactados como testamento vital tanto por la Iglesia como por la Asociación por el Derecho a Morir Dignamente comparten la misma esencia. ¿Cuál? -No comparten para nada ni los preámbulos ni los finales, porque unos lo fundamentan en derechos humanos y otros en elementos religiosos, pero sí comparten una frase fundamental: no siempre morir es peor que no morir, no siempre hay que obligar al sujeto a vivir. Para unos es un derecho de la autonomía de la voluntad, para otros es un no encarnizamiento terapéutico; pero sustantivamente es la misma idea. El que firme tanto uno como otro, logrará simplemente que no se le aplique un encarnizamiento terapéutico, pero a ninguno la eutanasia. ¿Tener una buena muerte es una cuestión de suerte? -Sí, y podría citar casos de la peor suerte posible ocurridos el año pasado en España. Algunos extremos, como el del padre de una amiga, invadido por un cáncer, y que tuvo la negra suerte de empeorar, con dolores espantosos, un fin de semana en que el médico de la residencia libraba y el sustituto no quiso darle calmantes porque pensó que una bajada de tensión podía causarle la muerte. La hija suplicaba por todos los santos, el enfermo gritaba, y no le dieron nada. Cuestión de mala suerte: si hubiera sido viernes su muerte habría sido más dulce y la hija no viviría atormentada para siempre.