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66 Los domingos DOMINGO 6 3 2005 ABC ENTREVISTA ÁNGELES DURÁN Catedrática del CSIC y superviviente de un cáncer La Iglesia también piensa que no siempre morir es peor que no morir Ángeles Durán, premio nacional de investigación por sus contribuciones a la sociología de la salud, llegó a preparar su propio fin mientras luchaba a brazo partido contra un cáncer que la había mutilado en el primer asalto. Un destino que hilvana su experiencia personal a sus investigaciones y alumbra su análisis La calidad de muerte como componente de la calidad de vida TEXTO: VIRGINIA RÓDENAS FOTO: DANIEL G. LÓPEZ Cuando todos creíamos que la timorata América iba a periclitar los sueños españoles de gloria cinematográfica, que llevaba de la mano la eutanasia de Ramón Sampedro, va y nos sorprende premiando no sólo la película de Amenábar, sino proclamando triunfadora a la épica creación del viejo Eastwood y su trago de católico irlandés ante una muerte inducida. Así las cosas, algo, indudablemente, se mueve. Si dimos el paso de los nacimientos gobernados por el azar a la calidad de otros dirigidos por el cariño y la razón bajo el control de la natalidad, ¿logrará la próxima generación conquistar el control sobre una buena muerte? La cuestión está servida y la investigadora Durán no teme, como sí le ocurre a la inmensa mayoría de los españoles, hincarle el diente. ¿Cuál es la principal conclusión de sus investigaciones? -La primera deducción de mi ponencia para el Congreso Internacional sobre la Calidad de Vida es que hay una distancia muy grande entre lo que piensa la gente, que es en general bastante partidaria de que la calidad de muerte sea tenida en cuenta y no sólo el momento de la muerte, y lo que se ha legislado hasta el momento, así como las prácticas que se permiten a la organización sanitaria, al menos en teoría, en relación con la muerte. ¿Cuáles son las condiciones del modelo ideal de muerte para los españoles? -Los españoles no tienen una idea muy clara. Entre los escasos estudios que se han hecho, el de Jesús de Miguel refleja que, en general, les gustaría morirse de modo rápido y acompañados, lo que puede ser paradójico; sin dolor, y sin producir a los demás un daño importante, que no sea el de la simple pérdida, como contagiarles o convertirse en una gran carga. ¿Ven de modo diferente la muerte hombres y mujeres? -Ligeramente. Las mujeres piensan más que los hombres en la muerte (un 62,4 por ciento frente a un 48,7 por ciento de los varones) porque no sólo tienen que encarar la suya propia sino que culturalmente pesa sobre ellas la tradición de lidiar directamente con la muerte de todos los familiares. También, por la diferencia de edad entre hombres y mujeres en el momento del emparejamiento, casi todas las mujeres conocen de cerca la muerte de sus compañeros y son pocos los que conocen de cerca la de sus mujeres. ¿Qué posición tienen los médicos en España frente a la eutanasia? -Es muy matizada. Desde luego, no es una postura frontal negativa. En general, les parece bien, aunque preferirían que no les tocase a ellos tener que aplicarla. Si mira las cifras, casi todos dicen que han conocido gente que lo ha pedido (el 58 por ciento manifiesta haber recibido peticiones para retirar tratamientos, el 19 para aplicar una sobredodis letal y un 8 para dar alguna medicina mortal con el fin de poner fin a su vida por sí mismo) y que han conocido casos en que se ha aplicado (en una escala de 10 puntos obtuvo 8,43 la adhesión a es una práctica comúnmente aceptada aumentar la dosis de analgésicos a pacientes terminales con el fin de aliviar su sufrimiento, MORIR EN ESPAÑA Un tercio de la población fallece en hospitales, a menudo conectada a máquinas y aislada (estudio de Jesús de Miguel) El 50 por ciento de los ciudadanos está favor de la calidad de muerte y de analgésicos aunque acorten la vida PREOCUPACIÓN SOBRE LA MUERTE La muerte no es la gran preocupación de los mayores de 65 años, sino la soledad (76 por ciento) enfermedad y pérdida de memoria LOS MÉDICOS ESPAÑOLES FRENTE A LA EUTANASIA El 58 por ciento declara haber recibido peticiones para retirar tratamientos, el 19 para dar una sobredosis letal y un 8 para dar una medicina mortal que el paciente usaría él mismo. Para el 59 por ciento debería cambiarse la ley actual para facilitar la muerte, frente al 31 que se opone (CIS) aun sabiendo que podría acelerar el fin de sus vidas e igual valoración logra algunas veces es adecuado retirar o no iniciar un tratamiento a pacientes con muy mala calidad de vida Piensan que no se debe castigar al que ayude a morir al que lo ha pedido. -Asocia enfermedad con ruina económica. Y la ruina económica, ¿qué tiene que ver con la eutanasia? -Hay una gran serie de argumentos en contra de la eutanasia que a mí me parece que no son acertados, que alegan que podría acelerarse la muerte de personas que no desean morir para evitar el alto coste económico del tratamiento. Hay que hacer lo posible para que nadie vea acelerado su final por dinero; pero, por otra parte, si se asume desde una perspectiva más general, los recursos de un sistema sanitario siempre son limitados y los de una familia también, y recuerdo que, en la época en que pensé que iba a morir de cáncer, fui consciente de que para algunas personas su cáncer sin solución había llegado a acabar con todos los recursos familiares para dar estudios a los hijos o para pagar la vejez del otro cónyuge y yo tampoco quería correr ese peligro por alargarme algún tiempo la vida. Los recursos son los que son y podemos dedicarlos a alargar las agonías o a campañas preventivas. Si alguna vez vuelvo a ver la muerte tan de cerca, y lo digo hoy con plena lucidez mental, que no me alarguen siete días la vida intubada y que ese dinero lo dediquen a mejorar la vida de alguien. Y si tuviera que tomar decisiones a nivel público diría lo mismo: no al dinero para alargar agonías sino para dar vida. -Usted no necesitó llegar al límite para preparar su propia muerte. -Fue algo natural. Cuando me dijeron que tenía un tumor maligno desde hacía seis años pensé que el final era inmediato. Fue de lo más sensato pensar que si el resto de mi vida he podido ejercer la libertad y la razón, ¿por qué prescindir de ellas en mi propio final? ¿Sintió la exigencia de convertirse en heroína? -No. Sólo alguien corriente. La gente es bastante razonable y si pelea por su libertad en el plano cotidiano, ¿por qué dejar la muerte al margen? -Le pregunto por la heroicidad en la agonía. -A nadie se le pide ser héroe, sino víctima. ¿Cómo saber a ciencia cierta cuál es la razonable falta de expectativas en la enfermedad? -No lo sabemos. En los asuntos humanos casi nunca tenemos la certeza al cien por cien pero tomamos las medidas sobre expectativas razonables. -Padeció un error médico que casi le cuesta la vida. ¿Y si el diagnóstico fatal también es equivocado? -Sí, hay veces que es así. Pero si hay buena voluntad y usamos el saber hasta dónde podemos ¿qué más podemos hacer? Porque las certezas no pertenezcan apenas al campo de lo humano no podemos dejar de tomar decisiones. ¿De dónde se alimenta la esperanza para superar la enfermedad si pensamos que lo mejor es morir? -Morir es un hecho natural. Me acuerdo muchas veces de santa Teresa y san Juan de la Cruz que tienen tanta esperanza en que después de la muerte viene algo nuevo que dicen aquello de muero porque no muero y tan alta dicha espero pero sin necesidad de un pensamiento tan intenso o religioso, también vale el puro sentimiento humano de pensar que has cumplido con dignidad una vida y de que las cosas, sencillamente, tienen un fin. ¿Dónde acaban los derechos del enfermo y empiezan los de su cónyuge, sus hijos, sus padres... -Es un asunto muy difícil. Estoy segura de que un piloto de un avión no tiene derecho a suicidarse cuando le da la gana si está conduciendo su avión. Todos tenemos unas obligaciones para con los demás. Que el principal dueño