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100 Los sábados de ABC SÁBADO 5 3 2005 ABC PROPUESTAS Y LUGARES En el corazón de los Alpes suizos, Zermatt es uno de los lugares de peregrinación obligados para los esquiadores de todo el mundo La montaña mágica Ha TEXTO: ALEJANDRO CARRA y cosas que es mejor no conocer porque entonces el resto no resiste la comparación. Cuatrocientos kilómetros de pistas y una cota esquiable máxima de 3.883 metros de altitud no es algo de lo que se pueda disfrutar habitualmente. Pero uno tiene derecho a refugiarse en el paraíso una vez en la vida. Y Zermatt, en el cantón del Valais, en los Alpes suizos, es uno de esos lugares de peregrinación obligados para los amantes del esquí. Mucha nieve y un entorno que literalmente te absorbe son los dos grandes reclamos de esta estación suiza, fronteriza con Italia, donde la omnipresente presencia de uno de los iconos montañosos más famosos del mundo, el Matterhorn, preside todo el valle desde su atalaya de 4.478 metros. El pueblo que da nombre a la estación, Zermatt, está situado a 1.620 metros de altitud y es uno de esos lugares especiales que tallan en la memoria una estampa difícil de olvidar. Casas alpinas con fachadas de madera y tejados cubiertos de nieve de los que escapan largas columnas de humo sobre el cielo helado; un suelo que no existe, porque la nieve no le deja; calesas tiradas por caballos y coches eléctricos que transportan esquiadores a unos hoteles cuidados hasta el último detalle; eternos hórreos de madera en los que los habitantes del pueblo protegen desde hace siglos a su ganado de unas temperaturas gélidas y un tren cremallera que comunica el centro urbano con el filo de un glaciar a 3.000 metros; una postal que perdurará en la retina. La estación está dividida en dos grandes sectores bien diferenciados a los que se accede desde sus cinco cotas principales: Rothorn (3.103 m) y Gornergrat (3.089 m) conforman el primero de estos, y el pequeño Matterhorn (3.883 m) Plateau Rosà (3.480 m. y Schwarzsee (2.583 m. el segundo. Y si con los casi doscientos de pistas suizas no ha sido suficiente, se puede descender esquiando por la ladera italiana hasta completar un total de 400 kilómetros entre ambas estaciones, Zermatt y Breuil- Cervinia. Toda una locura de la que costará un esfuerzo sobrehumano desengancharse, sobre todo para regresar al cotidiano atasco. Rothorn y Gornergrat ofrecen características similares, pistas muy largas (casi 20 kilómetros de bajada) en las que se suceden áreas anchas con travesías más estrechas y de pendiente pronunciada, antes de terminar en las zonas boscosas de las cotas inferiores. A la primera cota, Rothorn, se accede desde el mismo pueblo en telecabina, mientras que a Gornergrat se llega en el tren cremallera, también desde el casco urbano, tras un trayecto de subida de unos cuarenta minutos. El tránsito entre ambos se realiza sin problema a través de las pistas y los telecabinas (algunos con capacidad para 140 personas) En esta zona están las pistas de nieve virgen más espectaculares, así que, si hay ánimo aventurero, no hay excusa para no lanzarse a un freeride inolvidable. En el sector del glaciar de Theodulgletscher (entre Klein Matterhorny Plateau Rosà) predominan pistas interminables, pero igualmente anchas. Un paisaje totalmente despejado a más de 3.000 m. y rodeado de cumbres de 4.000 m. Sencillamente impresionante. Bajo la constante silueta del Matterhorn, las pistas de la estación se encuentran flanqueadas por más de 30 picos Direcciones de interés www. zermatt. com 0041279668100 www. swiss. com 901116712 www. hotel- mirabeau. ch 0041279662660 Lo más cómodo para iniciar un circuito completo por la estación es comenzar en Rothorn y avanzar siguiendo la dirección del sol hacia Gornergrat y Klein Matterhorn, (3.883 m. y una vez aquí descender primero hacia Plateau Rosà y después hacia Schwarzsee antes de afrontar la bajada final a Zermatt. Si se prefiere comenzar a esquiar sobre el glaciar, hay que coger el telecabina que sale del suroeste del pueblo hacia Furi y después otros dos hacia Trockener Steg y Klein Matterhorn. Procure no olvidar que, aunque la estación es bastante soleada, las temperaturas que se alcanzan rondan en las cotas más altas los 20 grados bajo cero en esta época del año y no es extraño que el Klein (pequeño) Matterhorn esté cerrado por esta causa; habrá que ir entonces desde Trockener Steg hacia Plateau Rosà y allí, puesto que el forfait permite esquiar en ambas, afrontar el dilema del día: ¿Suiza o Italia? ¿Raclette o tagliatelli? ¿Zermatt o Breuil- Cervinia? ¿Matterhorn, por el lado suizo, o Cervino por el italiano? Tremenda elección a dirimir donde las haya. Sin quitar ni poner estación, lo cierto es que la sensación de deslizarse sobre la inmensa lengua del Theodulgletscher no se olvidará fácilmente. Con el sol ya escondiéndose tras el gigante rocoso, conviene tener la precaución de haber reservado energías para iniciar el descenso hacia el pueblo. La bajada es larga y algo estrecha en algunos puntos, y además puede hacerse muy pesada si las piernas acusan la jornada y la nieve se ha ido endureciendo. Claro que saber que poco antes de terminar el descenso espera uno de los bares más pintorescos de la estación, Hänni stall (el gallinero) donde se puede tomar un reconfortante vino caliente con canela al calor de la hoguera y también disfrutar de conciertos en directo, anima lo suficiente para sacar fuerzas de flaqueza. Ya en el hotel y tras la reconfortante ducha caliente, sólo queda disfrutar del penúltimo placer del día, la gastronomía suiza: raclette o fondue de quesos- -con su obligada copita del licor tradicional para desengrasar (schnap) embutidos valesanos de rebeco o ciervo, sopa de pasta de hígado (leberknödelsuppe) Grösti de patatas con huevo y tocino ahumado... La lista es amplia y suculenta. Hasta de buen vino se puede disfrutar. Pruebe la variedad autóctona, Petit Arvine (blanco) y esas pistas negras inabordables a primera hora de la mañana ya no se asemejarán tan fieras.