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60 Cultura ADIÓS A UNA DE LAS GRANDES VOCES DE LA LÍRICA ANDALUZA SÁBADO 5 3 2005 ABC Muere Rafael Montesinos, último heredero de la gran escuela poética sevillana Deja el libro inédito La vanidad de las cenizas b Contaba 84 años, pero un repentino enfriamiento, agravado con un fracaso renal, segó su vida. Hoy será incinerado en Madrid. Sus cenizas reposarán en Sevilla Bibliografía esencial Poesía: Resurrección (1942) Balada del primer amor (1944) Canciones perversas para una niña tonta (1946) El libro de las cosas perdidas (1946) Las incredulidades (1948) País de la esperanza (1953) Cuaderno de las últimas nostalgias (1954) La soledad y los días (1956) El tiempo en nuestros brazos (1958) Breve antología poética (1962) La verdad y otras dudas (1968) Poesía (1944- 1979) Último cuerpo de campanas (1980) El libro de los gorriones (1984) De la niebla y sus nombres (1985) Alzado en almas; canciones, poemas y verso libre para Andalucía (1987) Antología poética (2003) Ensayo: Los años irreparables (1952) Antonio Zarco, estudio sobre su vida y obra (1976) Bécquer, biografía e imagen (1978) La semana pasada murió Bécquer (1992) Rafael Montesinos libro de inminente publicación: La vanidad de las cenizas El cortejo fúnebre partirá a las 11,45 de la mañana de hoy, desde el Ramón y Cajal, hacia la Almudena. Una vez incinerado, será trasladado a Sevilla, donde es deseo de la familia que sus cenizas reposen y no se demore mucho este eterno retorno, declaró ayer a ABC José María Carnero, sobrino del A. ASTORGA MADRID. Bécqueriano y machadiano convicto y confeso, Rafael Montesinos será incinerado hoy, a las 12,15, en el crematorio del cementerio de la Almudena. Su último poemario, que deja inédito, lleva un título inesperadamente premonitorio: La vanidad de las cenizas Las del gran poeta reposarán eternamente en la tierra suya que le vio nacer: Sevilla. Rodeado hasta el último aliento por su mujer, Marisa y por sus dos hijos, Rafael y Ramón, se fue a las siete de la mañana de ayer. Dotado de una gran vitalidad, no pudo ganar, a sus 84 años, el último asalto que le planteó la vida que tanto amaba: un enfriamiento complicado con un fracaso renal agudo. Ayer, la familia Montesinos recibía innumerables muestras de condolencia, desde la ministra de Cultura, Carmen Calvo, al presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves, que lo definió como figura señera de las letras andaluzas y el alcalde de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín, que visitó al poeta días pasados en el Hospital Ramón y Cajal. Montesinos deja un gran diente Sin embargo, según Marset, se rehusó este ofrecimiento por razones prácticas La Corporación sevillana organizará un cortejo que acompañará a la familia y a los restos del poeta, así como un acto institucional de homenaje en el que se glosará su obra. Rafael Montesinos nos lega una poesía de muy variados registros en la mejor tradición de la sensibilidad de Gustavo Adolfo Bécquer (a quien él estudió en profundidad) y de otros grandes maestros sevillanos: los hermanos Machado y Luis Cernuda. El escritor sevillano nació el 30 septiembre de 1920. Cursó el bachillerato en el colegio Villasís de los jesuitas. A principios de 1941 trasladó su residencia a Madrid, donde vivía desde entonces. Sus primeros poemas aparecieron en 1943 en la revista Garcilaso En esa época colaboró también en Espadaña y en publicaciones de todo el mundo. Maestro de fecundas promociones En 1952 fundó la Tertulia Literaria Hispanoamericana, el mejor espejo en el camino de la poesía hispánica. En 1953 obtuvo el Ateneo de Madrid por País de la esperanza donde se sitúa en una afirmación del presente que derivará hacia motivos sociales en La verdad y otras dudas De 1958 es El tiempo en nuestros brazos libro de poemas dedicado a su mujer y sus hijos, extraordinaria celebración del mundo doméstico y con el que fue galardonado con el Nacional de Literatura y el Ciudad de Sevilla. En 1963 fue elegido, por unanimidad, miembro de la Hispanic Society de Nueva York. Con Bécquer, biografía e imagen logró el Nacional de Ensayo y el Fastenrath de la Real Academia en 1979. Hijo predilecto de Andalucía, algunas de sus obras han sido publicadas en sistema Braille y traducidas a diversos idiomas. Sus perfectas poesía y métrica han sido revalorizadas por la más fecunda promoción de poetas actuales. JAVIER PRIETO poeta. Sin embargo, el traslado tardará unos meses según señaló a Ep el delegado de Cultura del Ayuntamiento hispalense, Juan Carlos Marset. El responsable municipal informó de que el alcalde de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín, ofreció hace unos días a la familia la posibilidad de que el cuerpo del literato viniera a Sevilla y se instalara en el Ayuntamiento la capilla ar- EL POETA DE LA NOSTALGIA DE SEVILLA ANTONIO BURGOS a vida, Rafael Montesinos, es el largo, breve gozo de un Domingo de Ramos. En tus versos o en Los años irreparables me enseñaste la verdad y otras dudas: todos somos niños de Domingo de Ramos que estrenamos cada día las manos de un amor, de un sueño del país de la esperanza. Y tú, más niño que nadie. Siempre me inquietó que conservabas la cara del niño que fuiste. Lo seguías siendo. Como si cada poema fuera una travesura de colegial de Villasís, temeroso del castigo jesuítico. Estabas en Madrid, pero no vivías en Madrid. Vivías en Sevilla, la Barí, la mejor, la que cada uno lleva en su nostalgia: Sevilla tiene una torre y en esa torre yo he escrito junto a mi nombre otro nombre. Ya sé qué nombre escribiste en la Giralda cuando subiste sus rampas L cogiéndole el talle en cada balcón: el de Sevilla, tu primero y único amor. Llevabas a Sevilla en los ojos. Estabas en Madrid, en la Tertulia Hispanoamericana, se te miraba a los ojos tristes, becquerianos, y en ellos se leía el libro de tus cosas perdidas. En esos ojos, Rafael, se veía el paisaje del corazón de tu infancia, se oían las campanas de Santa Clara o las cornetas del Tubero, requeté del Tercio Virgen de los Reyes en el frente de Sierra Tejonera. Te veo ahora un Día de Cervantes, cuando nos encontramos, como todos los años, en el Palacio Real. En la solapa de tu traje oscuro, traje de sevillano en quinario, llevas un escudito con el NO 8 DO de las armas chicas de Sevilla: no me ha dejado. Tu novia, Rafael, pela la pava contigo en el esmalte de ese escudito. Nunca tiró al pozo el clavel que le diste. Nunca plantaste a esa novia que te echaste de niño. Sevilla te dice que no la has dejado, ni un solo minuto de tu vida. Aunque el peso de los años carga ahora tu espalda como el oloroso tabaco tu pipa, sigues conservando esa cara de niño de Villasís que mira a los naranjos del patio en la clase de Literatura de Sánchez Castañer. Siempre vives entre naranjos de Sevilla, olivos de Tarazonilla, peñas de Alájar, en el último cuerpo de campanas o en la Madrugada de Dios. Tratas de disimularlo: He vivido cuatro días tres no fueron sevillanos. Llevadme a la tierra mía... ¿A que me chivo a la Hermana Corazón de los años irreparables, Rafael? Hermana Corazón: este niño, Montesinos, monino, dice mentiras. Dice que ha vivido tres días que no fueron sevillanos, y eso es un embuste muy gordo. Este eterno niño ha vivido en Sevilla sus cuatro días, sus cuatro esquinas de San José, sus cuatro puntalitos finos de las soleares que lo sostienen, las cuatro esquinitas de su cama de la calle Santa Clara, las cuatro maniguetas de su Virgen del Valle. Y del mejor modo: en el corazón de la nostal- gia. En esos cuatro días allí, pero estando aquí, se ha ido muriendo poco a poco: Que nadie se llame a engaño: todo el que vive por dentro por dentro se va matando. Era un eterno niño que le estaba pidiendo cera a Sevilla, en una silla de la calle Sierpes por la que con el romancillo de la Esperanza de Triana vienen los clarines de la Caballería. En el Palacio Real del Día de Cervantes, cada año lo sentía apoyarse con menos fuerzas en mi brazo cuando, terminada la recepción real, bajábamos aquella escalera. No era la escalera del Palacio Real. Eran las rampas de la Giralda o la escalera de mármol de Villasís: Sentaíto en la escalera esperando el porvenir, pero el porvenir no llega. Sigues, Rafael Montesinos, en la escalera del colegio de Villasís, rampa por donde ya has subido al último cuerpo de campanas de la Giralda, niño del más verdadero Domingo de Ramos, en el que este año estrenas las manos del tiempo que ha muerto entre tus brazos.